"Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen" Bertrand Russell.
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domingo, 24 de julio de 2022

¿Qué es el cientificismo? Lo que nos dicen tres diccionarios especializados


Las polémicas sobre el cientificismo no terminan nunca. Ya sea que se defienda alguna versión o definición en específico o se use como un peyorativo como si se tratara de una ideología, los malos entendidos, tergiversaciones y ataques pobremente sustentados abundan en cantidades exageradas, desvirtuando cualquier intento serio por caracterizar lo que sí sería una postura cientificista en toda regla. Es muy usual, también, que los diccionarios tradicionales no aporten mucha claridad para el asunto (aunque hay quienes pueden pensar lo contrario).

 Por ejemplo, el Diccionario de la Real Academia Española ofrece este par de definiciones:

"Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas."

Y:

"Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas."

La versión de la Wikipedia en español comienza su entrada sobre el mismo tema del siguiente modo:

"El cientificismo o cientifismo es la postura reduccionista que afirma la aplicabilidad universal del método y el enfoque científico, y la idea de que la ciencia empírica constituye la cosmovisión más acreditada o la parte más valiosa del conocimiento humano, con la exclusión de otros puntos de vista."

Por último, el Merriam-Webster tiene una definición parecida a la segunda del diccionario de la RAE:

"Una confianza exagerada en la eficacia de los métodos de las ciencias naturales aplicados a todas las áreas de investigación (como en la filosofía, las ciencias sociales y las humanidades)."

Si comenzáramos un debate a partir de definiciones de diccionario, podríamos estar casi seguros que estamos condenados al fracaso de la defensa de cualquier postura, sea a favor en contra del cientificismo. Para empezar, puede notarse que no hay un acuerdo o una definición básica. ¿El cientificismo es una teoría y una tendencia, o es una postura reduccionista o la confianza exagerada en la ciencia? Si es lo primero, ¿es una teoría científica en sí misma? Si es lo segundo, ¿se estaría dando excesivo valor a la ciencia por encima de qué? Si es una postura reduccionista, ¿qué nos dice eso sobre si es una postura acertada? Si es suponer la universalidad de la ciencia por otros "puntos de vista", ¿no estaríamos relativizando la cuestión (ya que el conocimiento científico, como bien sabemos, no es solo otro "punto de vista")? Si es una confianza exagerada en los métodos de las ciencias natuales, ¿cuánto es realmente "ser exagerado"? 

Los diccionarios pocas veces ayudarán a resolver estas cuestiones, y es usual que sus definiciones solo nos metan en más conflictos, al usar otros términos igual de ambiguos (por ejemplo, hasta hace no tanto, la Wikipedia en español definía el cientificismo como "la ideología de la ciencia", lo que sea que eso signifique). Pero hay otras fuentes de las que uno puede partir para iniciar un debate racional sobre este tipo de cuestiones: quizás un diccionario más especializado en este tipo de temas pueda ayudarnos. Yo elegí a tres, los cuales, si bien difieren entre sí, también pueden encontrarse puntos en común, además que comparten otra característica: todos están escritos por autores que, una y otra vez, y por diversas razones, han llegado a ser tachados de cientificistas. Y en ocasiones, tomaron la etiqueta con orgullo.

The Skeptic's Dictionary

El primero es una fuente básica para todos aquellos que denuncian activamente el peligro de las pseudociencias y promueven el pensamiento crítico. El portal The Skeptic's Dictionary, del difunto profesor de filosofía Robert Todd Carroll, ofrece esta definición:

"El cientificismo, en el sentido fuerte, es la visión autodestructiva de que solo las afirmaciones científicas tienen sentido, lo cual no es una afirmación científica y, por lo tanto, si es verdadera, no tiene sentido. Por lo tanto, el cientificismo es falso o sin sentido. Este punto de vista parece haber sido sostenido por Ludwig Wittgenstein en su Tractatus Logico-philosophicus (1922) cuando dijo cosas como "La totalidad de las proposiciones verdaderas es la totalidad de la ciencia natural..." Más tarde repudió este punto de vista.

En el sentido débil, el cientificismo es la opinión de que los métodos de las ciencias naturales deben aplicarse a cualquier tema." (Cursiva del original. Negritas agregadas por mí)."

Luego procede a citar el artículo de Michael Shermer para la revista Scientific American, "The Shamans of Scientism", como ejemplo de este sentido débil:

"El cientificismo es una cosmovisión científica que abarca explicaciones naturales para todos los fenómenos, evita las especulaciones sobrenaturales y paranormales, y adopta el empirismo y la razón como los pilares gemelos de una filosofía de vida apropiada para la Era de la Ciencia."
Para terminar, dice:
"Por otro lado, la definición de diccionario de 'cientificismo' es la actitud y el método del típico científico natural, quienquiera que sea."

Como podemos notar, Carroll diferencia al menos tres tipos de cientificismo con todo y ejemplos: el cientificismo fuerte sería aquella visión extrema a la que muchos críticos del cientificismo suelen referirse cuando utilizan esta etiqueta, y lo harían acertadamente en este caso, ya que tal visión no tiene sentido. Tal visión quedaría plasmada en la obra del primer Wittgenstein, que es un ejemplo típico de las opiniones del positivismo lógico. Si alguien en la actualidad defiende este tipo de cientificismo, lo más seguro es que lo haría de forma inconsciente o pobremente reflexionada. 

El sentido "débil", que también podríamos traducir como "moderada" o incluso "racional", se referiría a una concepción del mundo que no negaría ni restaría valor a campos no científicos, como la lógica o la filosofía, pero que seguro molestaría a quienes creen en entidades inmateriales, como espíritus y dioses.

La última, aunque parece referirse a la primer definición del Merriam-Webster, no es menos relevante: hay que tomar en cuenta que los científicos consideran que, por lo menos en el campo en el que ellos investigan, no hay mejor forma de hacerlo que adoptando las herramientas de la investigación científica (por eso es que decidieron ser científicos para empezar). Los astrónomos no usarán prestados los métodos o principios de la astrología, sino los de la astronomía; los médicos no harán diagnósticos ni tratamientos basados en la religión o la brujería, sino en su experiencia médica y en estudios de laboratorio; los biólogos no considerarán a los seres vivos como relojes o máquinas acabadas y perfectas que muestran un diseño deliberadamente inteligente, sino que establecerán relaciones filogenéticas de parentezco, además que estudiarán las adaptaciones que los organismos han tenido en su entorno. Obviamente existen científicos que sí adoptan métodos y principios no-científicos (o incluso pseudocientíficos), pero aquí estamos hablando en términos normativos, por principio o "en teoría", de lo que usualmente hacen los científicos al hacer investigación. 

Breve diccionario filosófico

Nuestra segunda fuente es un clásico en español, el Breve diccionario filosófico (1991), del filósofo español Miguel Ángel Quintanilla, especialmente reconocido como uno de los más importantes filósofos de la tecnología. 

Para Quintanilla, el cientificismo se define como:

"Adjetivo que se aplica a concepciones del conocimiento, la racionalidad o incluso la sociedad y la política en las que la ciencia adquiere un valor predominante. Se suele utilizar con carácter peyorativo, bien sea porque se asocia con una concepción positivista de la ciencia, o bien porque se emplea desde una perspectiva filosófica irracionalista que valora negativamente el conocimiento científico."

Notamos aquí que el cienticismo, entonces, no sería una teoría ni una tendencia ni tampoco una postura reduccionista, sino un nombre que se le da a distintas concepciones que se relacionan con el valor que la ciencia puede tener.

Quintanilla, a diferencia de Carroll, no establece cuántos tipos o definiciones de cientificismo podemos encontrar, sino que se limita a hablar de las más usuales, esto es, las definiciones peyorativas. Un primer peyorativo sería acertado, al identificar la concepción positivista de la ciencia, mientras que la otra englobaría un enorme conjunto de lo que popularmente llamamos "enemigos de la ciencia". 

Diccionario de filosofía

Por último, el Diccionario de Filosofía (2002) del epistemólogo Mario Bunge, ofrece una definición favorable pero exacta de cientificismo, siendo Bunge un defensor de ésta en toda su obra filosófica:

"La concepción según la cual la investigación científica es el mejor modo de asegurarse un conocimiento factual preciso. El cientificismo es un componente tanto del positivismo lógico como del realismo científico. El cientificismo ha estado detrás de todos los intentos por transformar una parte de las humanidades en una rama de la ciencia: recuérdense, por ejemplo, lor orígenes de la antropología contemporánea, la psicología, la lingüística y las ciencias sociales. F. Hayek y otros emplearon el término de modo peyorativo para designar la imitación de las ciencias naturales en los estudios sociales. Este autor y otros miembros del campo "humanístico" (de tertulias de café) de los estudios sociales consideraron el cientificismo como su principal enemigo, más que a la anticiencia o la seudociencia." (Negritas del original).

Bunge pareciera describir primero lo que Carroll llama "cientificismo débil", para después proceder a hablar de aquella usada como peyorativo por parte de los enemigos de la ciencia, especialmente aquellos que, como Friederich Hayek, se opusieron a una concepción científica de las ciencias sociales. Este autor parece obviar un cientificismo estilo primer Wittgenstein, al igual que Quintanilla, probablemente porque hoy día no tenemos referentes de relevancia que sostengan ese tipo de cientificismo. Esto a su vez puede decirnos que aquellas presuntas refutaciones al cientificismo extremo tienen poco valor para abordar el tema de fondo: si la investigación científica resulta ser un mejor modo de producir o asegurar conocimiento factual, entonces, sería deseable que otros campos lo adopten o se sirvan de éste para ser más precisos y rigurosos.

Históricamente hablando, esto es precisamente lo que se ha hecho con campos como la salud,  la historia, la mente, la vida, el cosmos... y la naturaleza humana. Temas que antes se abordaban, por ejemplo, a partir de la tradición, la superstición o la religión, fueron esclarecidos luego de adoptarse un enfoque científico, inaugurando campos enteros como la medicina basada en la ciencia, la psicología, la biología o la astrofísica. A pesar del éxito al adoptar una visión científica del mundo, debemos tener en cuenta que, incluso los autores que simpatizan con el cientificismo (algunos, como Bunge, que sentían orgullo de denominarse cientificistas), establecen un límite al alcance de esta concepción: hablan de conocimiento factual. Esto significa que, para aquellas disciplinas que no buscan generar conocimientos factuales o no es su prioridad, seguirían teniendo un importante valor o, por lo menos, el cientificismo no les restaría el que poseen. No se puede decir lo mismo para aquellos campos que sí aseguran producir o servirse de conocimiento factual, como las pseudociencias y las ideologías (buena parte de las religiones incluidas aquí).

Sin embargo, eso ya es profundizar en el debate, algo que excedería la presentación de la definición de cientificismo, según estas fuentes que, dicho sea de paso, tal vez no sean las primeras en las que algún académico de sillón piense; y aunque sean breves, puede verse que tienen más contenido que muchas enciclopedias gordas que solo guardan polvo en las bibliotecas de estos hipotéticos personajes.

viernes, 20 de junio de 2014

Epistemología: filosofía de/en/desde/con/para la ciencia

"Algunos filósofos carentes de formación científica son culpables de las filosofías de la ciencia que son anticientíficas o por lo menos acientíficas, del mismo modo que los científicos sin formación filosófica suelen ser los creyentes más fervorosos en la existencia de "la" filosofía de la ciencia, que a menudo es aquella que han aprendido en el libro de epistemología con que se han cruzado. No existe "la" filosofía de la ciencia en cuanto teoría única: apenas hay intentos, si bien cada vez más serios, por 'cientifizar' la epistemología y, en general, la filosofía." Mario Bunge.


En su célebre conferencia de 1957 (convertida después en el último capítulo del libro La ciencia, su método y su filosofía) titulada "Filosofar científicamente y encarar la ciencia filosóficamente", el epistemólogo Mario Bunge les cuenta a sus alumnos (tanto de aquel tiempo como los que ahora lo leemos) la necesidad urgente de generar epistemólogos de primer nivel en Latinoamérica, con el fin de incrementar la difusión y el estudio de los fundamentos de la ciencia, ofreciendo a la sociedad una serie de expertos que estén capacitados para analizar, debatir y proponer soluciones a los problemas filosóficos que se derivan de la actividad científica.

Bunge nos habla de revitalizar la carrera de filosofía, la cual parece que prepara más especialistas en filosofía antigua y medieval, que filósofos propiamente dicho. También se denuncia la falta de cultura científica de los especialistas en filosofía y la ignorancia filosófica de los científicos profesionales. Si esta situación sigue así (recuérdese que Bunge hablaba en el 57, pero el problema aún continúa hasta la actualidad), estamos condenados a seguir viendo esa separación abismal entre ciencia y filosofía, con especialistas de ambas áreas despreciándose unos a otros.

Una de las áreas que une la rigurosidad y el respeto por los hechos que muestra toda ciencia, y el análisis lógico de conceptos y la formalización de la filosofía exacta, es la epistemología. Pero, ¿qué es la epistemología? El concepto puede causar cierta confusión ya que más de un libro lo utiliza como sinónimo de gnoseología o teoría del conocimiento. Pero esta confusión es innecesaria y puede evitarse si se define de forma clara el área de la epistemología.

Así, es posible decir que la gnoseología es la rama de la filosofía que se ocupa del estudio de los principios del conocimiento. El conjunto de cuestiones, debates y respuestas sobre ¿qué es el conocimiento?, ¿qué podemos llegar a conocer?, ¿cómo conocemos?, ¿existen salidas para dilemas racionalismo-empirismo e individualismo-colectivismo?, etc., forman parte de la gnoseología. Esta área se ha visto enriquecida sobre todo gracias a las ciencias cognitivas, las cuales nos ofrecen respuestas a muchas de estas preguntas, generando nuevas cuestiones. Desde luego, el que la ciencia cognitiva nos ayude a resolver problemas gnoseológicos no significa que la gnoseología se quede sin campo de estudio; las ciencias cognitivas también presentan un fondo gnoseológico en el cual apoyan sus nuevas hipótesis. No podemos saber si algún día la gnoseología acabará siendo una ciencia cognitiva más, adquiriendo independencia de la filosofía; lo que sí sabemos, es que la gnoseología representa la cuna de una serie de problemas fascinantes sobre nuestra relación (como sujetos) con el universo (como objeto de estudio).

Pero la epistemología no se ocupa de problematizar sobre los problemas del conocimiento, así, de forma general. Tal vez podríamos ver a la epistemología como "gnoseología especializada", pues se enfoca en problematizar sobre un tipo de conocimiento muy especial: el conocimiento científico. La epistemología es el mejor ejemplo de un enlace de filosofía y ciencia.

La epistemología busca debatir y proponer respuestas a preguntas como ¿qué es el conocimiento científico?, ¿cuáles son los principios filosóficos presupuestos en la investigación científica?, ¿qué es el método científico?, ¿existe "el" método científico como un proceso lineal e inmutable?, ¿cuáles son las diferencias entre ciencia, semiciencia, protociencia y pseudociencia?, ¿son lo mismo ciencia y tecnología?, ¿la ciencia presupone la realidad autónoma y la legalidad del mundo?, ¿cómo se relacionan las teorías científicas con la realidad y la experiencia?, ¿la ciencia puede ir más allá de los fenómenos y la relación entre éstos?, ¿es posible describir las cosas reales con minuciosidad y una precisión perfecta?, ¿qué son las leyes y las explicaciones científicas?, ¿qué función desempeñan las matemáticas en las ciencias factuales?, ¿la filosofía puede desempeñar una función constructiva en la investigación científica?, ¿la ciencia está moralmente comprometida?, ¿existen límites al avance de la ciencia? Cuestionarse sobre los principios, fines y la naturaleza de la ciencia es el primer paso para hacer epistemología.

Mario Bunge enfatiza en esto al decirnos que la epistemología es pues, la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia. Filosofía de la ciencia hace referencia al examen filosófico de la ciencia (sus problemas, sus métodos, su estructura, etc.). Filosofía en la ciencia (o más exactamente filosofía de la ciencia en la ciencia) comprende el estudio de las implicaciones filosóficas de la ciencia, el examen de las categorías e hipótesis que intervienen en la investigación científica, o que emergen en la síntesis de sus resultados. Es pues, el estudio de las hipótesis filosóficas que en ciencia se presuponen y se utilizan como punto de partida. La filosofía desde la ciencia sugiere que se trata de una filosofía que hace hincapié en la ciencia, que ha sustituido la especulación sin freno por la investigación guiada en el método científico, teniendo un respeto profundo por los hechos empíricos y por la consistencia lógica. Filosofía con la ciencia trata de una filosofía que acompaña a la ciencia, es decir, una filosofía que está al margen de los logros de la ciencia, que no se pone a especular sinsentidos sobre el ser y el tiempo. Por último, la filosofía para la ciencia sugiere una filosofía que no solo se nutre de la ciencia, sino que aspira a serle útil, que busca servir para establecer, por ejemplo, las diferencias que existen entre la definición y el dato, o entre la verdad factual y la proposición que es verdadera o falsa independientemente de los hechos. Esta es una filosofía que no solo escarba en los fundamentos filosóficos que las ciencias admiten, sino que además busca aclarar la estructura y función de los sistemas científicos, señalando relaciones y posibilidades inexploradas.

Pero hablar de filosofía de, en desde, con y para la ciencia tal vez sea demasiado largo y poco estético. ¿Por qué no mejor utilizar un solo concepto: epistemología?, o ¿por qué no llamarlo solo filosofía de la ciencia, una disciplina que resulta ser, por su objeto de estudio, una metaciencia? Pues bien, un epistemólogo como tal, no puede ser un filósofo que pregona una filosofía contra, sobre y/o bajo la ciencia. Una filosofía contra la ciencia (tal como han existido y siguen existiendo) resultará ser una filosofía irracionalista, que desprecia el respeto por los hechos y la consistencia. Una filosofía contra la ciencia resulta ser anticientífica. Este tipo de posturas son las que alimentan doctrinas como las del fundamentalismo religioso, la tecnofobia y el activismo contra la investigación y aplicación científica. Quien filosofa contra la ciencia o aun al margen de ella, ignorándola por completo, (tal como nos dice Bunge),  imita a los escolásticos que rehusaban mirar por el anteojo astronómico de Galileo.

Si hablamos de una filosofía sobre la ciencia estamos haciendo referencia a una disciplina superior rectora de las disciplinas científicas. Aunque este ha sido el anhelo de muchos que en el pasado se han llamado a sí mismos "epistemólogos", lo cierto es que estos intentos no han sido otra cosa más que la burla de los científicos, pues siempre han mostrado grados intolerables de arrogancia combinados con ignorancia científica. Si quieres hacer que la comunidad científica se burle de la filosofía y la desprecie, tan solo di que la filosofía es superior a la ciencia y que la primera le dice cómo actuar a la segunda.

Por otro lado, la expresión filosofía bajo la ciencia sugiera una posición inversa, como si la filosofía dependiera de forma absoluta de la ciencia. Este error, aunque poco común entre los filósofos que miran sus propuestas casi siempre como superiores a los anteriores, suele ser expresado como una virtud epistemológica. Sin embargo, la filosofía de la ciencia no solo comporta el examen de los supuestos filosóficos de la investigación científica, sino que tiene derecho a una elaboración creadora de un nivel diferente del científico aunque reposa sobre éste último: el nivel metacientífico.

La comprensión precisa de la epistemología como la principal disciplina filosófica que estando al margen de la ciencia, la cuestiona, la crítica y la analiza como la manifestación humana que es, probablemente sea el primer paso para comprender la relación tan estrecha entre filosofía y ciencia. Algo importante a comprender es que no todo el que tiene título en filosofía es un epistemólogo, del mismo modo que el no tener título en filosofía no significa que no sea (o no pueda ser) epistemólogo. Existen filósofos con perspectiva científica y científicos con inquietudes filosóficas que enriquecen por igual esta disciplina fascinante. Un segundo paso para este mismo propósito sería el hablar de los logros e importancia de la epistemología que tiene (o debería tener) para con la investigación, la aplicación y la divulgación de la ciencia, pero eso ya será tema para otra entrada.

En resumen:
La epistemología puede entenderse como la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia. Una empresa de conocimiento que aún se encuentra en pañales en varias partes del mundo, pero que se hace necesaria para una comprensión completa de la actividad científica como actividad humana, y para una cultura científica que no solo se concentra en los logros de la ciencia, sino que también presta atención sobre los principios que sirvieron de base para las investigaciones que dieron como resultado dichos logros.

martes, 15 de abril de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia III: Leyes, no magia

Continuando con la explicación que Mario Bunge ofrece sobre los supuestos filosóficos contenidos en la ciencia, según los muestra en su obra La Investigación Científica, ahora, nos metemos con el segundo principio ontológico de la ciencia: el determinismo ontológico, o la idea de que nada ocurre "porque sí" en la naturaleza, sino que todo fenómeno tiene una causa y la cual se encuentra determinada por patrones o leyes naturales.

En este punto, Bunge nos dice que el determinismo ontológico de la ciencia nos impide pensar en fenómenos que surjan de la nada, o mejor dicho, que la nada no produce nada. Bunge también hace un breve paréntesis en el tema para hacer un interesante ejercicio de reflexión sobre filosofía de la física cuántica. Ahora, pues, veamos de qué trata el determinismo ontológico:

La doctrina filosófica del determinismo tiene dos aspectos, uno ontológico y otro epistemológico, que se confunden frecuentemente. El determinismo ontológico sostiene la determinación de las cosas y de los acontecimientos; el determinismo epistemológico afirma la posibilidad de determinar conceptualmente (conocer) los hechos y sus esquemas enteramente. En sentido estrecho, el determinismo ontológico equivale al determinismo mecanicista o laplaceano, como componente de la visión newtoniana del mundo y según el cual el cosmos es un conjunto de partículas en interacción que se mueven de acuerdo con un puñado de leyes mecánicas. La versión amplia del determinismo supone sólo (i) la hipótesis de que todos los acontecimientos son según leyes (principio de legalidad) y (ii) la hipótesis de que nada nace de la nada ni se sume en ella (principio de negación de la magia). Este determinismo laxo no restringe los tipos de leyes admisibles: admite leyes estocásticas y reconoce la objetividad del azar. Lo único que niega es la existencia de acontecimientos que carezcan de ley o no sean producidos por otros acontecimientos anteriores.
Hasta la tercera década de nuestro siglo persistieron varios matices de determinismo estrecho, ninguno de los cuales reconocía la objetividad del azar. Sus sostenedores no se daban cuenta de que incluso admitiendo que cada una de las entidades de un conjunto se comporte de un modo perfectamente determinado (no casual), resultará alguna cantidad de juego o azar por la relativa independencia mutua de esas entidades (pues no existe la rigidez completa). Finalmente, el determinismo ontológico estrecho quedó derrotado por la teoría de los quanta, la cual reconoce la objetividad del azar no sólo como rasgo de sistemas complejos, sino incluso al nivel de las partículas "elementales", las cuales obedecen a leyes estocásticas. El que esa casualidad sea un conocimiento definitivo o pueda ser algún día analizada como resultado de complejos procesos internos o interacciones con campos de niveles inferiores es cosa que aún no puede decidirse. Es, además, importante darse cuenta de que tanto la teoría de los quanta como su filosofía están aún en gestación, por lo que no deben inferir de ellas consecuencias detalladas presentámdolas como si fueran conocimientos definitivos acerca del comportamiento de los microsistemas. Pero el tipo de azar y los niveles exactos en los cuales se presenta es de importancia secundaria si se compara con el reconocimiento de que el azar es un modo de devenir y precisamente un modo que obedece a leyes. También es importante para nosotros en este momento darnos cuenta de que la teoría de los quanta se acoge a los principios de legalidad y recusación de la magia: esa teoría formula leyes que recubren la mayoría de los esquemas conocidos al nivel atómico, y entre esas leyes hay algunas de conservación, esto es, que niegan la creación ex-nihilo y la aniquilación sin resto de sistemas materiales (partículas o campos), por muchas que sean las partículas que se "aniquilan" (esto es, que se transforman en fotones) y viceversa. En resolución, la teoría de los quanta respeta el determinismo general igual que cualquier otra teoría científica. ¿Y cómo podría ser de otro modo si esa teoría pretende esforzarse por alcanzar el objetivo de la ciencia, que es la reconstrucción conceptual de los esquemas (leyes) del ser y el cambio? Imaginar acontecimientos que obedecieran a leyes, pero fueran indeterminados (como, por ejemplo, la creación de átomos a partir de la nada) sería reconocer que ninguna ley es realmente necesaria, puesto que todo es posible, incluso la magia: de hecho, si un átomo puede surgir sin condición antecedente determinada, entonces ¿por qué no va a poder hacer lo mismo una molécula? Y si lo puede una molécula, ¿por qué no un cromosoma? Y si lo puede un cromosoma, ¿por qué no una célula? Y si lo puede una célula, ¿por qué no un dinosaurio? Dicho brevemente: el determinismo general está implantado en la ciencia qua ciencia, en la medida en que la investigación científica es la búsqueda y la aplicación de leyes, las cuales, a su vez, ponen límites a las posibilidades lógicas, como puede ser el nacimiento de algo a partir de nada o la desaparición de algo en nada.

miércoles, 2 de abril de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia II: la realidad tiene una estructura de varios niveles

Continuando con la explicación de las hipótesis filosóficas dentro de la investigación científica, Mario Bunge nos habla del pluralismo (término que con el tiempo sustituiría por el de sistemismo y que va íntimamente ligada a la de emergentismo, concepto definido por la segunda hipótesis ontológica de la que Bunge habla en el segundo párrafo) en la ciencia. La existencia de niveles o sistemas y que de uno puede surgir otro (como del sistema físico emerge el sistema químico y de este emerge el biológico) pone en jaque tanto a doctrinas pseudofilosóficas como el holismo epistemológico, como pseudocientíficas, tales como el reduccionismo genético tan de moda en nuestros tiempos, dado que los sistemas emergentes no son reductibles a los sistemas de los cuales emergen. Sin más que aclarar, leamos lo que Bunge nos decía sobre estas hipótesis ontológicas:

Es una hipótesis ontológica contenida en (y apoyada por) la ciencia moderna la de que la realidad, tal como la conocemos hoy, no es un sólido bloque homogéneo, sino que se divide en varios niveles o sectores, caracterizado cada uno de ellos por un conjunto de propiedades y leyes propias. Los principales niveles reconocidos hasta el momento* parecen ser el físico, el biológico, el psicológico y el sociocultural. Cada uno de ellos puede a su vez dividirse en subniveles. Por ejemplo, los subniveles principales del nivel físico son el físico propiamente dicho y el químico; y los principales subniveles del nivel sociocultural son el económico, el sociocultural propiamente dicho y el cultural. Pueden introducirse subdivisiones más finas, y ninguna de ellas es tajante y rígida.
Otro presupuesto, relacionado con el anterior, es que los niveles superiores arraigan en los inferiores, histórica y contemporáneamente; o sea, que los niveles superiores no son autónomos, sino que dependen en cuanto a su existencia de la subsistencia de niveles inferiores, y han surgido en el tiempo a partir de los inferiores en cierto número de procesos evolutivos. Este arraigo de lo superior en lo inferior es la base objetiva de la explicación parcial de lo superior por lo inferior o a la inversa.
Las dos hipótesis ontológicas básicas que acabamos de señalar están insertas en la visión contemporánea de las cosas, hasta el punto de que subyacen a la clasificación corriente de las ciencias y dominan más o menos nuestro sistema de educación superior. Así, por ejemplo, el psicólogo científico se ve obligado a aprender cada vez más biología y hasta química y física, porque cada vez se ve más claro que los hechos psíquicos arraigan en esos niveles inferiores; pero el psicólogo se ve también cada vez más obligado a comunicar con la sociología, porque estamos dándonos cuenta de que existe una reacción del nivel sociocultural sobre los niveles inmediatamente inferiores a él: así reconocemos la influencia de la religión en las costumbres de alimentación y la reacción de estas últimas costumbres sobre la producción de alimentos. Sólo los físicos tienen derecho a ignorar los niveles superiores -y a veces los ignoran hasta el punto de hablar de una influencia mental directa de los fenómenos físicos, saltándose así los niveles intermedios.
Además subyace la citada hipótesis de los niveles a varios importantes principios de la metodología científica, los de parsimonia de niveles, trascendencia de niveles, nivel-origen y contigüidad de niveles. (Según algunos filósofos los niveles son un asunto puramente metodológico, sin alcance ontológico. Pero ésta es otra hipótesis ontológica, la cual, además, separa la metodología del resto y es por tanto incapaz de explicar por qué un método es eficaz o fracasa). El principio de la parsimonia de niveles es como sigue: "Empezar por estudiar los hechos en su propio nivel; no introducir más niveles más que si resulta imprescindible". Por ejemplo, no hay que introducir la psicología y la psiquiatría en el estudio de la política internacional, puesto que se puede andar un gran trecho sin su compañía. El principio de la trascendencia de niveles: "Si un nivel es insuficiente para dar cumplida cuenta de un conjunto de hechos, hay que ahondar bajo su superficie y por encima de ella en busca de los niveles cognitivos". Por ejemplo, para explicar los enlaces químicos no hay que detenerse ante las leyes particulares de las reacciones químicas o su correspondiente termodinámica, sino que hay que mirar también por debajo del nivel molecular, al nivel atómico, en busca de los mecanismos relevantes. Principio del nivel-origen: "Intentar explicar lo superior por lo inferior, y no invertir el proceso sino en última instancia". Por ejemplo, hay que intentar resolver el problema de la resolución de problemas por los animales utilizando los conceptos de ensayo y error y de aprendizaje; no se introducirán la comprensión y la inteligencia más que si ese primer planteamiento es insuficiente y si la complejidad del sistema nervioso del animal estudiado hace posibles la comprensión y la inteligencia. Este principio puede llamarse también principio de reductivismo metodológico, que no debe confundirse con el reductivismo ontológico ni con la negación de los niveles. Principio de contigüidad de los niveles: "No saltarse niveles, esto es, no ignorar los niveles intermedios cuando se establecen relaciones entre niveles". Por ejemplo, no hay que considerar adecuada una explicación de un esquema de comportamiento social sobre la base de términos físicos, porque los estímulos físicos no pueden alcanzar el nivel social más que a través de organismos dotados de ciertas capacidades psíquicas. El salto de niveles puede ser, sin embargo, inevitable cuando se dispone de poco conocimiento; y puede ser incluso interesante cuando los procesos intermedios no tienen interés en la investigación en curso. Pero éstas son consideraciones pragmáticas que no tienen valor cuando el objetivo perseguido es una fiel reproducción de la realidad.
*Bunge, en el mismo párrafo, habla de la química como un subnivel de la física. Sin embargo, este sería un error que el epistemólogo corregiría en sus obras siguientes al reconocer la existencia del nivel o sistema químico o quimiosistema como un sistema independiente del sistema físico. El sistema químico se encontraría emergiendo del sistema físico y dando origen emergente a la vez al sistema biológico, etc. Para profundizar más en el asunto del sistemismo y el emergentismo véase Emergencia y Convergencia, de Mario Bunge, Gedisa, 2004.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia I: la realidad del mundo externo

Hace unos días, y luego de un buen tiempo, me regresaron mi libro de La Investigación Científica, obra magna del epistemólogo argentino Mario Bunge. Aunque con gusto y sin problemas puedo prestar mis libros aquellos que considero de confianza, lo cierto es que ya lo extrañaba leer los problemas y cuestionamientos que Bunge plantea en este libro, cuyo prólogo asegura que este viene a ser "el primer tratado sistemático de epistemología" (o filosofía de la ciencia, pues).

Dándole un repaso al índice para recordar su contenido, me topé un con un tema bastante interesante en el capítulo 5 de la parte II: Hipótesis filosóficas en la ciencia. El tema habla de los problemas y supuestos de tipo filosófico que la actividad científica contiene. En este, Bunge explica, de forma rigurosa, que la ciencia maneja varios supuestos de contenido filosófico (o hipótesis filosóficas), las cuales son la base para hacer una correcta investigación científica. Estas hipótesis son el realismo, el sistemismo (o el hecho de que la realidad tiene una estructura de varios niveles), el determinismo ontológico, el determinismo epistemológico y el formalismo (o autonomía de la lógica y las matemáticas).

Así pues, para evitar malas interpretaciones de mi parte, les comparto la hipótesis filosófica 1: el realismo o la aceptación de la realidad del mundo externo, no sin antes también reproducir la breve introducción de Bunge sobre las hipótesis filosóficas* (el remarcado en negritas de algunas oraciones es mío):

El conocimiento científico no contiene supuestos filosóficos. De esto se infiere frecuentemente que la investigación científica no tiene ni presupuestos filosóficos ni alcance filosófico, y que, por tanto, la ciencia y la filosofía serían compartimentos impermeables. Pero esa es una conclusión precipitada. Tal vez no se encuentre la filosofía en los edificios científicos terminados (aunque incluso esto es discutible), pero en todo caso es sin duda parte del andamiaje utilizado en su construcción. Y, a la inversa, la filosofía puede y debe construirse con el método de la ciencia y sobre la base de los logros y fracasos de la investigación científica. No podemos argüir aquí ese último punto: lo que nos va a ocupar aquí es sustanciar la tesis de que la investigación científica presupone y controla ciertas importantes hipótesis filosóficas. Entre ellas destacan las siguientes: la realidad del mundo externo, la estructura de muchos niveles que tiene la realidad, el determinismo en un sentido amplio, la cognoscibilidad del mundo y la autonomía de la lógica y de la matemática.
   1. Realismo: La Realidad del Mundo Externo. Algunos filósofos sostienen que la ciencia factual no presupone, emplea ni confirma la hipótesis filosóficas de que existen objetos reales, o sea, de que hay algo que existe independientemente del sujeto conocedor. Pero eso es un error. En primer lugar, la mera noción de verdad factual, o adecuación de una proposición a un hecho, contiene la noción de hecho objetivo; sólo la verdad formal, por ser una propiedad sintáctica, es independiente de los hechos, y por eso puede ser completa y, consiguientemente, definitiva. En segundo lugar, cuando se construye una hipótesis factual para cubrir un conjunto de hechos, se presupone que los hechos son reales (actuales o posibles); no se pierde tiempo en la ciencia en dar razón de hechos inexistentes. En tercer lugar, ya las contrastaciones en búsqueda de la verdad factual de una hipótesis presuponen que hay algo fuera del mundo interno del sujeto y que concordará en alguna medida con la proposición en cuestión o discrepará de ella. Si ese algo dependiera enteramente del sujeto, no hablaríamos de contrastaciones objetivas ni de verdad objetiva. en cuarto lugar, todo procedimiento empírico de la ciencia empieza por establecer una línea de separación entre el sujeto investigador y su objeto: si no se trata esa línea y cualquier otro operador puede tener acceso al mismo objeto, el procedimiento no debe ser aceptable para los científicos. En quinto lugar, la ciencia natural, a diferencia de concepciones pre-científicas como el animismo y el antropomorfismo, no da cuenta de la naturaleza usando los términos apropiados para atributos típicamente humanos, como haría si la naturaleza dependiera de algún modo del sujeto. Así, por ejemplo, no damos razón del comportamiento de un objeto basándonos en nuestras expectativas ni en otras variables subjetivas, sino que, por el contrario, basamos nuestras expectativas racionales en las propiedades objetivamente averiguables del objeto tal como nos es conocido. En sexto lugar, no habría necesidad de experimentar ni de teorizar acerca del mundo si éste no existiera por sí mismo; una teoría factual refiere a algo que no es el sujeto (aunque puede ser una persona considerada como objeto) y la contrastación empírica de la teoría supone manipulación y hasta a veces la modificación (mediante el experimento) del correlato de la teoría. En séptimo lugar, la ciencia factual contiene reglas de interpretación que presuponen la existencia real de los correlatos. Así, por ejemplo, la regla semántica "'Z' designa el número atómico de un elemento" no se inventa por gusto ni para correlatar determinadas percepciones, sino que se supone que establece una relación entre el signo 'Z' y una propiedad física objetiva (aunque no-observable), a saber, el número de electrones que hay en un átomo. En octavo lugar, no sería necesaria ninguna corrección sucesiva de las teorías factuales si fueran meras construcciones convencionales que no intentaran reflejar la realidad de un modo simbólico. Si creyéramos menos en la existencia de los átomos que en nuestras teorías atómicas, no estaríamos dispuestos a corregir estas últimas en cuanto que presentan sus defectos, sino que abandonaríamos la hipótesis de la existencia de los átomos. En noveno lugar, los axiomas de una teoría factual son enunciados afirmativos más que negativos, no sólo porque las proposiciones negativas son más bien indeterminadas y, por lo tanto, poco fecundas, sino también porque una proposición afirmativa sugiere la búsqueda de alguna entidad o propiedad existentes, puesto que sólo la existencia de ese correlato puede hacer verdadera aquella proposición; en cambio, las proposiciones negativas son verdaderas si no existe nada que las false. En décimo lugar, los enunciados legaliformes presuponen la existencia objetiva de los objetos a cuyas propiedades se refieren; pues en otro caso su verdad sería vacía.  En resolución: la ciencia factual no prueba la existencia del mundo externo, sino que presupone sin duda ninguna esa hipótesis filosófica. Los que quieran refutar esa hipótesis tendrán pues que prescindir de la ciencia.
  Así pues, podemos mirar la tesis que, con el tiempo, sería la base (y continúa siéndolo) del trabajo epistemológico de Bunge.

Bunge siempre resalta la idea principal y la razón por la que la filosofía sencillamente no morirá jamás mientras aún exista la humanidad: toda actividad racional del ser humano (y por racional no entienda que tenga sentido con el mundo real. Basta con que sea un conjunto de ideas y afirmaciones coherentes entre sí, no necesariamente haciendo alusión algo real. O sea, bajo el concepto de actividad racional humana entran también la ideología política, la religión, el activismo, las doctrinas esotéricas y la pseudociencia) tiene presupuestos y problemáticas de contenido filosófico.

*Para evitar entrar en problemas que más adelante iremos tratando, omití los párrafos que se encuentran con asterisco dentro del libro. En su nota introductoria Como Debe Usarse Este Libro, Bunge nos explica que los párrafos que están entre asterisco pueden ser omitidos en una primera lectura.