"Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen" Bertrand Russell.
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domingo, 24 de julio de 2022

¿Qué es el cientificismo? Lo que nos dicen tres diccionarios especializados


Las polémicas sobre el cientificismo no terminan nunca. Ya sea que se defienda alguna versión o definición en específico o se use como un peyorativo como si se tratara de una ideología, los malos entendidos, tergiversaciones y ataques pobremente sustentados abundan en cantidades exageradas, desvirtuando cualquier intento serio por caracterizar lo que sí sería una postura cientificista en toda regla. Es muy usual, también, que los diccionarios tradicionales no aporten mucha claridad para el asunto (aunque hay quienes pueden pensar lo contrario).

 Por ejemplo, el Diccionario de la Real Academia Española ofrece este par de definiciones:

"Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas."

Y:

"Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas."

La versión de la Wikipedia en español comienza su entrada sobre el mismo tema del siguiente modo:

"El cientificismo o cientifismo es la postura reduccionista que afirma la aplicabilidad universal del método y el enfoque científico, y la idea de que la ciencia empírica constituye la cosmovisión más acreditada o la parte más valiosa del conocimiento humano, con la exclusión de otros puntos de vista."

Por último, el Merriam-Webster tiene una definición parecida a la segunda del diccionario de la RAE:

"Una confianza exagerada en la eficacia de los métodos de las ciencias naturales aplicados a todas las áreas de investigación (como en la filosofía, las ciencias sociales y las humanidades)."

Si comenzáramos un debate a partir de definiciones de diccionario, podríamos estar casi seguros que estamos condenados al fracaso de la defensa de cualquier postura, sea a favor en contra del cientificismo. Para empezar, puede notarse que no hay un acuerdo o una definición básica. ¿El cientificismo es una teoría y una tendencia, o es una postura reduccionista o la confianza exagerada en la ciencia? Si es lo primero, ¿es una teoría científica en sí misma? Si es lo segundo, ¿se estaría dando excesivo valor a la ciencia por encima de qué? Si es una postura reduccionista, ¿qué nos dice eso sobre si es una postura acertada? Si es suponer la universalidad de la ciencia por otros "puntos de vista", ¿no estaríamos relativizando la cuestión (ya que el conocimiento científico, como bien sabemos, no es solo otro "punto de vista")? Si es una confianza exagerada en los métodos de las ciencias natuales, ¿cuánto es realmente "ser exagerado"? 

Los diccionarios pocas veces ayudarán a resolver estas cuestiones, y es usual que sus definiciones solo nos metan en más conflictos, al usar otros términos igual de ambiguos (por ejemplo, hasta hace no tanto, la Wikipedia en español definía el cientificismo como "la ideología de la ciencia", lo que sea que eso signifique). Pero hay otras fuentes de las que uno puede partir para iniciar un debate racional sobre este tipo de cuestiones: quizás un diccionario más especializado en este tipo de temas pueda ayudarnos. Yo elegí a tres, los cuales, si bien difieren entre sí, también pueden encontrarse puntos en común, además que comparten otra característica: todos están escritos por autores que, una y otra vez, y por diversas razones, han llegado a ser tachados de cientificistas. Y en ocasiones, tomaron la etiqueta con orgullo.

The Skeptic's Dictionary

El primero es una fuente básica para todos aquellos que denuncian activamente el peligro de las pseudociencias y promueven el pensamiento crítico. El portal The Skeptic's Dictionary, del difunto profesor de filosofía Robert Todd Carroll, ofrece esta definición:

"El cientificismo, en el sentido fuerte, es la visión autodestructiva de que solo las afirmaciones científicas tienen sentido, lo cual no es una afirmación científica y, por lo tanto, si es verdadera, no tiene sentido. Por lo tanto, el cientificismo es falso o sin sentido. Este punto de vista parece haber sido sostenido por Ludwig Wittgenstein en su Tractatus Logico-philosophicus (1922) cuando dijo cosas como "La totalidad de las proposiciones verdaderas es la totalidad de la ciencia natural..." Más tarde repudió este punto de vista.

En el sentido débil, el cientificismo es la opinión de que los métodos de las ciencias naturales deben aplicarse a cualquier tema." (Cursiva del original. Negritas agregadas por mí)."

Luego procede a citar el artículo de Michael Shermer para la revista Scientific American, "The Shamans of Scientism", como ejemplo de este sentido débil:

"El cientificismo es una cosmovisión científica que abarca explicaciones naturales para todos los fenómenos, evita las especulaciones sobrenaturales y paranormales, y adopta el empirismo y la razón como los pilares gemelos de una filosofía de vida apropiada para la Era de la Ciencia."
Para terminar, dice:
"Por otro lado, la definición de diccionario de 'cientificismo' es la actitud y el método del típico científico natural, quienquiera que sea."

Como podemos notar, Carroll diferencia al menos tres tipos de cientificismo con todo y ejemplos: el cientificismo fuerte sería aquella visión extrema a la que muchos críticos del cientificismo suelen referirse cuando utilizan esta etiqueta, y lo harían acertadamente en este caso, ya que tal visión no tiene sentido. Tal visión quedaría plasmada en la obra del primer Wittgenstein, que es un ejemplo típico de las opiniones del positivismo lógico. Si alguien en la actualidad defiende este tipo de cientificismo, lo más seguro es que lo haría de forma inconsciente o pobremente reflexionada. 

El sentido "débil", que también podríamos traducir como "moderada" o incluso "racional", se referiría a una concepción del mundo que no negaría ni restaría valor a campos no científicos, como la lógica o la filosofía, pero que seguro molestaría a quienes creen en entidades inmateriales, como espíritus y dioses.

La última, aunque parece referirse a la primer definición del Merriam-Webster, no es menos relevante: hay que tomar en cuenta que los científicos consideran que, por lo menos en el campo en el que ellos investigan, no hay mejor forma de hacerlo que adoptando las herramientas de la investigación científica (por eso es que decidieron ser científicos para empezar). Los astrónomos no usarán prestados los métodos o principios de la astrología, sino los de la astronomía; los médicos no harán diagnósticos ni tratamientos basados en la religión o la brujería, sino en su experiencia médica y en estudios de laboratorio; los biólogos no considerarán a los seres vivos como relojes o máquinas acabadas y perfectas que muestran un diseño deliberadamente inteligente, sino que establecerán relaciones filogenéticas de parentezco, además que estudiarán las adaptaciones que los organismos han tenido en su entorno. Obviamente existen científicos que sí adoptan métodos y principios no-científicos (o incluso pseudocientíficos), pero aquí estamos hablando en términos normativos, por principio o "en teoría", de lo que usualmente hacen los científicos al hacer investigación. 

Breve diccionario filosófico

Nuestra segunda fuente es un clásico en español, el Breve diccionario filosófico (1991), del filósofo español Miguel Ángel Quintanilla, especialmente reconocido como uno de los más importantes filósofos de la tecnología. 

Para Quintanilla, el cientificismo se define como:

"Adjetivo que se aplica a concepciones del conocimiento, la racionalidad o incluso la sociedad y la política en las que la ciencia adquiere un valor predominante. Se suele utilizar con carácter peyorativo, bien sea porque se asocia con una concepción positivista de la ciencia, o bien porque se emplea desde una perspectiva filosófica irracionalista que valora negativamente el conocimiento científico."

Notamos aquí que el cienticismo, entonces, no sería una teoría ni una tendencia ni tampoco una postura reduccionista, sino un nombre que se le da a distintas concepciones que se relacionan con el valor que la ciencia puede tener.

Quintanilla, a diferencia de Carroll, no establece cuántos tipos o definiciones de cientificismo podemos encontrar, sino que se limita a hablar de las más usuales, esto es, las definiciones peyorativas. Un primer peyorativo sería acertado, al identificar la concepción positivista de la ciencia, mientras que la otra englobaría un enorme conjunto de lo que popularmente llamamos "enemigos de la ciencia". 

Diccionario de filosofía

Por último, el Diccionario de Filosofía (2002) del epistemólogo Mario Bunge, ofrece una definición favorable pero exacta de cientificismo, siendo Bunge un defensor de ésta en toda su obra filosófica:

"La concepción según la cual la investigación científica es el mejor modo de asegurarse un conocimiento factual preciso. El cientificismo es un componente tanto del positivismo lógico como del realismo científico. El cientificismo ha estado detrás de todos los intentos por transformar una parte de las humanidades en una rama de la ciencia: recuérdense, por ejemplo, lor orígenes de la antropología contemporánea, la psicología, la lingüística y las ciencias sociales. F. Hayek y otros emplearon el término de modo peyorativo para designar la imitación de las ciencias naturales en los estudios sociales. Este autor y otros miembros del campo "humanístico" (de tertulias de café) de los estudios sociales consideraron el cientificismo como su principal enemigo, más que a la anticiencia o la seudociencia." (Negritas del original).

Bunge pareciera describir primero lo que Carroll llama "cientificismo débil", para después proceder a hablar de aquella usada como peyorativo por parte de los enemigos de la ciencia, especialmente aquellos que, como Friederich Hayek, se opusieron a una concepción científica de las ciencias sociales. Este autor parece obviar un cientificismo estilo primer Wittgenstein, al igual que Quintanilla, probablemente porque hoy día no tenemos referentes de relevancia que sostengan ese tipo de cientificismo. Esto a su vez puede decirnos que aquellas presuntas refutaciones al cientificismo extremo tienen poco valor para abordar el tema de fondo: si la investigación científica resulta ser un mejor modo de producir o asegurar conocimiento factual, entonces, sería deseable que otros campos lo adopten o se sirvan de éste para ser más precisos y rigurosos.

Históricamente hablando, esto es precisamente lo que se ha hecho con campos como la salud,  la historia, la mente, la vida, el cosmos... y la naturaleza humana. Temas que antes se abordaban, por ejemplo, a partir de la tradición, la superstición o la religión, fueron esclarecidos luego de adoptarse un enfoque científico, inaugurando campos enteros como la medicina basada en la ciencia, la psicología, la biología o la astrofísica. A pesar del éxito al adoptar una visión científica del mundo, debemos tener en cuenta que, incluso los autores que simpatizan con el cientificismo (algunos, como Bunge, que sentían orgullo de denominarse cientificistas), establecen un límite al alcance de esta concepción: hablan de conocimiento factual. Esto significa que, para aquellas disciplinas que no buscan generar conocimientos factuales o no es su prioridad, seguirían teniendo un importante valor o, por lo menos, el cientificismo no les restaría el que poseen. No se puede decir lo mismo para aquellos campos que sí aseguran producir o servirse de conocimiento factual, como las pseudociencias y las ideologías (buena parte de las religiones incluidas aquí).

Sin embargo, eso ya es profundizar en el debate, algo que excedería la presentación de la definición de cientificismo, según estas fuentes que, dicho sea de paso, tal vez no sean las primeras en las que algún académico de sillón piense; y aunque sean breves, puede verse que tienen más contenido que muchas enciclopedias gordas que solo guardan polvo en las bibliotecas de estos hipotéticos personajes.

lunes, 3 de febrero de 2014

La hipótesis Dios o el error de Dawkins


"Nada es tan impropio como un filósofo ignorante de la ciencia que afirma que un concepto fundamental de la ciencia está equivocado, excepto tal vez un científico ignorante de un área de la filosofía afirmando que un concepto fundamental de la filosofía es erróneo. Jerry Fodor y Richard Dawkins son niños del cartel para estas dos locuras. Fodor, un filósofo, afirma que la selección natural es un error fundamental. Dawkins, científico, afirma que las cuestiones relativas a afirmaciones sobrenaturales son preguntas científicas." Robert Todd Carroll. 


Luego de tener en claro que el atentado terrorista del 11/09 tuvo motivaciones religiosas, y que además fue ejecutado por fanáticos religiosos, un número considerable de intelectuales decidió romper el silencio de lo "políticamente correcto." Periodistas, filósofos, ensayistas y científicos por igual, comenzaron a hablar sobre cómo occidente no estaba tan alejada del horror del fundamentalismo que se vive en medio oriente. Estas voces comenzaron a tener impacto en la sociedad al abrir viejos debates que no habían sido tan sonados desde los tiempos en que Bertrand Russell cuestionaba los mismos puntos.

Se comenzó argumentar que es justamente la creencia irracional la madre del fundamentalismo, y que éste no solo surge en el Islam. El fundamentalismo religioso es peligroso, pero más peligroso es su origen mesurado: la fe religiosa que carece de evidencias para sostenerse, que plantea una cosmovisión anti-científica y que promueve valores y normas en esencia inmorales o lógicamente incoherentes. Las voces que comenzaron hacer notar estos hechos, fueron fundiéndose en un mismo discurso. Aunque ya asociaciones como American Atheist y el Center for Inquiry buscaban difundir el pensamiento crítico ante las supersticiones dominantes, el debate se avivó con las publicaciones de estos disidentes que ahora ondeaban una bandera de "¡sal del closet!", mensaje dirigido a todos aquellos que tenían las mismas intuiciones pero que por miedo o por "respeto" no se habían atrevido hablar.

Así fue como surgió lo que más tarde sería reconocido como el nuevo ateísmo, un movimiento de activismo social (más que intelectual), que busca despertar la duda en la mente del ciudadano promedio y que denuncia las creencias religiosas como supersticiones que alientan una serie de comportamientos inmorales, además de dejar en claro que estas carecen de toda validación científica. Aunque por nuevo ateísmo no se puede entender ni un tipo de club en el que se establecen principios canónicos, sí es posible aceptar que todo aquel que se pueda identificar como un "nuevo ateo" piensa que la defensa del estado laico, la racionalidad y la denuncia de la charlatanería supersticiosa  son valores importantes para una sociedad libre y secular. 

Entre los nombres con los que más se identifica este movimiento, se cuentan algunos de los intelectuales más populares de la actualidad como Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Sam Harris, Daniel Dennett, Victor Stenger, Jerry Coyne, PZ Myers, Michael Nowdow, Byll Maher, Pat Condell y Steven Weinberg. Tiempo después, nombres como los de Michael Shermer, James Randi, Adam Savage, Steven Pinker y Lawrence Krauss, también serían asociados a este movimiento. Desde luego que, además de tener apologistas y teólogos renegando sobre esto, intelectuales que podríamos identificar cómicamente como "viejos ateos" critican varias de las afirmaciones que se lanzan desde el nuevo ateísmo. 

Richard Dawkins es posiblemente el más famoso de todos los autores ya mencionados. Además de ser una leyenda de la divulgación científica (comparable a otros grandes como Carl Sagan, Isaac Asimov y Stephen Jay Gould), y uno de los biólogos más controvertidos luego de la publicación de El Gen Egoísta, en el que propone la teoría del meme como explicación de la evolución cultural, Dawkins es un pensador crítico y un ateo militante de respeto. En 2006 publicó su más célebre obra El Espejismo de Dios, en el que con un lenguaje sencillo y cautivador, argumenta sobre la invalidez de las creencias religiosas, la importancia de reconocerse ateo en una sociedad tolerante y abierta, y cómo el ser ateo no significa en lo más mínimo ser una mala persona. Todos estos puntos le han sido reconocidos al genio de Dawkins, al inspirar nuevas generaciones de librepensadores y defensores del Estado laico. Personalmente, admiro a Dawkins por estos puntos.

Pero en El Espejismo de Dios Dawkins afirma que explicar fenómenos o cuestiones filosóficas como la clásica "¿por qué hay algo en vez de nada?" con los dioses, es hacer una hipótesis científica que puede ser refutada con la evidencia empírica, o que por lo menos, es posible descartar dicha hipótesis por ser demasiado compleja y no tener evidencias que las sostenga. En pocas palabras pues, Dios es una hipótesis. Suponiendo que Dawkins (apoyado por otros como Shermer, Harris, Coyne, Stenger, Myers, etc) tuviera razón, Dios es una cuestión de tipo científica. Si usted es un partidario de estas ideas, seguramente pensará "¿qué hay de malo en eso?"

Existen tres buenas razones para pensar que los dioses (y lo sobrenatural en general) no son una cuestión científica, y que por tanto Dawkins se equivoca: 

1. Implicación lógica. Si las explicaciones sobrenaturales como la de los dioses, almas, espíritus o la reencarnación, son en efecto hipótesis científicas que por tanto pueden ser estudiadas de forma científica y que entonces, es posible refutar o validar alguna de estas ideas por la evidencia, ¿por qué oponerse entonces a que cosas como el diseño inteligente se muestren en las escuelas públicas? No debería existir objeción alguna en presentar al diseño inteligente como una teoría alternativa a la evolución, pues ambas mostrarían un cuerpo de hipótesis científicas que deberían ser analizables, y en ambos casos podrían ser verificables de forma pública, ¿no?

Siguiendo este hilo lógico, sería igualmente válido enseñar la reencarnación, la vida después de la muerte, el alma, los poderes psíquicos y los fantasmas (también el pastafarismo) como explicaciones científicas. Ojo, el que sean falsas o no, dependería de la evidencia a favor y en contra que se pudiera encontrar para cada caso, pero lo cierto es que esto no sucede así en el mundo real, ¿verdad? En el mundo real, aquellos que afirman que se puede demostrar científicamente un diseño inteligente, la existencia del alma o cosas similares, es tachado de pseudocientífico porque realmente no hace ciencia. ¿Pero por qué decimos eso? Sencillo, porque las especulaciones sobre el diseño inteligente, el alma o la vida después de la muerte no son especulaciones científicas.

Entonces, ¿cómo deberíamos juzgar la afirmación de Dawkins (y compañía) cuando nos dice que los dioses son cuestiones científicas? Por la misma razón en que decimos que el diseño inteligente no es ciencia y que cualquier intento de hacerlo ver como tal es pseudociencia, deberíamos concluir que afirmar que Dios es una hipótesis científica no es una afirmación científica, y que hacerla pasar como tal es pseudocientífico.

2. Lo sobrenatural no es una cuestión científica. Siguiendo la conclusión del anterior razonamiento, deberíamos explicar por qué (además de lo que tendría que implicar en la práctica educativa y de investigación) las afirmaciones sobrenaturales no son cuestiones científicas. Ok, ¿Por qué no lo son? Porque ninguna de esas especulaciones puede ser sujeto de prueba o análisis. No es posible refutar ni validar la existencia de un diseñador que creó el universo, del mismo modo que no es posible refutar ni validar la existencia del ratón de los dientes; si acaso, es posible refutar algunas formas de interpretar al diseñador (como por ejemplo, en base al hecho de la evolución y que hay evidentes señales de imperfección en los organismos vivos. Así sería posible decir que el diseñador o es imperfecto o no le importó hacer bien su trabajo o posiblemente no existe), pero es imposible refutar la existencia del diseñador propiamente dicho. 

Uno podría decir: "¡pero la carga de la prueba dice que es el que afirma y no el que niega o duda el encargado de demostrarlo!" En efecto, pero una afirmación sobrenatural no puede ser demostrada, porque estas no son afirmaciones empíricas. Si estamos pidiendo a los vendedores de humo que comprendan esto, ¿por qué racionalistas como Dawkins no lo habrán entendido? Ya desde los tiempos en que David Hume reflexionaba sobre el empirismo como fundamento del conocimiento, se sabía este punto. No importa cuántas evidencias puedas aportar para desmentir algún punto sobre alguna creencia, la creencia sobrenatural, por ser justamente una creencia de tipo sobrenatural (metafísica), siempre puede modificarse de tal forma que el contenido se mantiene intacto, infalsable.

Es posible señalar que las explicaciones sobrenaturales no se ajustan con la realidad o la complican de más, haciendo que las explicaciones científicas, al ser explicaciones racionales basadas en la evidencia empírica, sean más certeras respecto a la descripción de fenómenos del mundo real. Este es más o menos el razonamiento de Dawkins: existen fuertes argumentos empíricos contra la existencia de dioses, pero de aquí, llega entonces a la conclusión de que los dioses son una cuestión empírica.

3. Diferencia entre un problema conceptual y un problema empírico. La última razón, en realidad, resulta ser la más importante y esclarecedora.  Si las especulaciones sobrenaturales no son problemas o especulaciones empíricas, ¿qué son entonces? ¿Cómo podrían ser analizadas? El profesor retirado de filosofía de Sacramento City College, Robert Todd Carroll en la segunda parte de su ensayo "Can Science Decide the God Question?" se cuestiona sobre el asunto:
¿Qué conocimiento científico o prueba empírica podría falsificar el concepto de una consciencia no-física eterna con el poder de crear cosas de la nada? Tenga en cuenta que este ser puede manifestarse de la misma forma en que el universo se manifiesta. Se puede argumentar que tal ser sería superfluo, o que su existencia no es cuestión que la ciencia pueda determinar. Uno podría hacer muchas afirmaciones acerca de este ser y algunas de esas afirmaciones podrían presentarse improbables o falsas por ser incompatibles con el conocimiento científico actual, o por ser internamente inconsistentes (es decir, lógicamente contradictorias o lógicamente inconsistentes).
Carroll da un ejemplo  sobre este punto, pero trataré de dar uno distinto. Pensemos en ese concepto de una "consciencia no-física eterna con el poder de crear cosas de la nada", y agreguemos a la definición el hecho que esa consciencia es infinitamente buena. Uno pensaría entonces que esta consciencia, llamada Dios, es omnipotente e infinita bondad. Pero si es omnipotente e infinitamente bueno, ¿por qué creó un universo en el que existe el mal? Uno podría invocar otro tipo de "consciencia no-física" de menor nivel que la primera (creada también por la primera consciencia no-física) y llamarla satanás; y entonces decir "el mal es la prueba de la actividad de satanás" o el "mal es la ausencia de Dios (la mera consciencia no-física)." La cuestión no quedaría resuelta aquí ya que se presenta un nuevo problema lógico: si Dios creó a satanás aun sabiendo que éste sería el causante del mal en el universo que también creó, ¿no haría responsable a Dios por el origen del mal ya que él sabía que satanás sería malo y causaría el mal en el universo? ¿No sabía acaso que su "ausencia" causaría el mal?

Hasta aquí podríamos concluir que la definición de una consciencia no-física creadora de cosas y que es infinitamente buena, no es consistente pues resulta en contradicción. ¿Acaso tuvimos que invocar a la evidencia empírica o al conocimiento científico para llegar a esta conclusión? No, y eso es justamente lo que define a un problema conceptual no empírico. Un problema que puede ser abordado desde la lógica y la filosofía, pero que no necesita un análisis científico por ser 1) innecesario y 2) porque el problema no es de tipo científico como para poder ser analizable de forma científica.

Hasta aquí, podemos concluir que, si bien, el conocimiento científico nos ayuda para desechar las explicaciones sobrenaturales, además que es posible estudiar de forma científica el fenómeno religioso como un fenómeno cultural (e incluso ya se comienzan a estudiar los fenómenos culturales como fenómenos naturales derivados de la evolución cultural), las afirmaciones e ideas sobrenaturales no son hipótesis científicas y no lo parecen tampoco. El tema podría dar para más, hasta el punto de analizar el problema de definir correctamente qué es una hipótesis científica, pero confío en que el punto central, el error de Dawkins (y otros), quedó aclarado. Vamos, tengo fe en que saben razonar.


En resumen:
Contrario a lo que científicos como Richard Dawkins piensan, las explicaciones sobrenaturales, como la idea de dioses, no son explicaciones científicas que puedan ser refutadas o verificadas mediante alguna forma de metodología científica.  La ciencia puede ayudarnos a descartar estas afirmaciones por carecer de evidencias pero no es posible demostrar con evidencias verificables que estas ideas son falsas o inexistentes, del mismo modo que no podemos demostrar que el ratón de los dientes no existe.