"Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen" Bertrand Russell.
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sábado, 26 de julio de 2014

¿Debería desaparecer la filosofía de las religiones?

Se ha desatado una nueva polémica originada en un sitio dedicado a denunciar las tonterías del cristianismo: Debunking Christianity, del filósofo y ex-evangélico John W. Loftus. El que también es autor de libros best seller del ateísmo militante (comparables con los éxitos de otros autores como Dawkins, Harris, Hitchens y Stenger) como The Christian Delusion, The End of Christianity y Why I Became an Atheist, posee títulos en filosofía de la religión y teología, además de tener en su pasado décadas de apología cristiana. Pues bien, Loftus ahora hace un llamado para poner fin a la filosofía de las religiones como disciplina universitaria secular.

¿Estamos hablando de un caso de "fuego amigo"? ¿Un filósofo de la religión que ha dedicado su vida a hacer, precisamente, filosofía de la religión (de calidad indiscutible, por cierto) que decide "apostatar" de su profesión? No tanto así, aunque parece dar esa impresión a primera vista. Loftus escribe sobre ponerle fin a la filosofía de la religión como una reflexión que se deriva de la publicación del libro Reiventing Philosophy of Religion, de Graham Oppy, siguiendo más o menos las mismas premisas que el historiador Héctor Avalos utilizar para pedir el final de los estudios bíblicos. Mientras Oppy narra sobre re-evaluar y revitalizar la disciplina de forma crítica y secular, Loftus nos dice que la filosofía de la religión debería dejar de enseñarse en universidades seculares ya que se ha vuelto una disciplina que de secular tiene poco.

Los filósofos discuten problemas antes de que existan evidencias (nos explica Loftus), pero una vez que se encuentran evidencias nace una nueva disciplina, una ciencia. Ejemplo de este proceso, según Loftus, son la física, la cosmología y la psicología. De modo que, para Loftus, una forma de progreso en filosofía es la especialización en un área de estudio hasta que ésta logra su autonomía volviéndose una ciencia. (Cabe aclarar que, contrario a lo que parece dar a entender Loftus, este no es el único camino de progreso en filosofía. Existe progreso en áreas filosóficas como la ética, la gnoseología, la estética, la epistemología... e incluso podríamos hablar de algunos avances en la misma filosofía de la religión).

Pero ¿qué pasaría si se diera el caso que la filosofía, en vez de producir avances dentro de un área, retrocediera a dogmatismo e irracionalidad? Para Loftus, ese caso es el de la filosofía de la religión, dominada principalmente por apologistas que la usan como su nido intelectual para tener cabida en las universidades y hacerse ver como intelectuales respetables. Hacen que la filosofía de la religión sea un sinónimo de teología, algo que en verdad es un escenario tristemente retrógrado. Si la ciencia, y gran parte de la filosofía, nos demuestran que un área así no merece ser una disciplina respetada, ¿por qué entonces debería de existir en las casas del conocimiento? Loftus concluye que una disciplina como la que actualmente es la filosofía de la religión no tiene razón de ser.

Básicamente, Loftus nos dice que la filosofía de la religión es un nido de ratas cristianas que la utilizan para dar seriedad intelectual a tonterías anti-intelectuales. Aunque el ateísmo es la postura dominante entre la comunidad filosófica en general, tal como lo demuestra esta encuesta, algunos (apologistas) apuntan que el 72% de los que se han dedicado a la filosofía de la religión son teístas. Si este es el caso, Loftus tiene razón en su apreciación de esta disciplina. Entonces, ¿declaramos el final de la filosofía de la religión como disciplina académica? No tan rápido.

Aunque así lo afirma Loftus, lo cierto es que podríamos ver esta polémica como un llamado de atención a los departamentos de filosofía que permiten que en sus aulas se haga apología y teología, en vez de filosofía propiamente dicho. Y eso parece ser lo que Loftus buscaba dar a entender, dada su respuesta a la réplica que el Dr. Jaco Gericke presentó ante su escrito:

Tenga en cuenta que no estoy pidiendo el fin de la filosofía de la religión misma. Todo el que piensa en la religión está haciendo filosofía de la religión en algún sentido.
[...]
 Los filósofos cristianos toman su parroquial concepto de Dios por sentado, desarrollado especialmente por Anselmo en el mundo occidental, y luego, con nada más que una defensa especial y un juego de manos, tratan de armonizar este parroquial concepto de Dios con la enorme cantidad de ubicuo sufrimiento en el mundo. "Espera un momento", dirá un niño, recordando al niño del cuento de Hans Christian Andersen, El Traje Nuevo del Emperador: "¡Pero si no lleva nada puesto en absoluto!" No habrá ningún punto de discusión de la belleza de los trajes del emperador si no lleva ningún traje. Del mismo modo no habrá razones para tratar con confusiones cristianas y súplicas especiales cuando no han podido mostrar evidencias de que tal Dios existe, en primer lugar. Así termina la filosofía de la religión como disciplina. Ya ha comenzado.
Como disciplina indispensable para comprender esa manifestación humana llamada religión, la filosofía de las religiones seguirá existiendo por bastante tiempo; pero la supervivencia de ésta como materia o como carrera universitaria podría pender de un hilo al encontrarse infectada con tonterías de la teología. Es preocupante el ver cómo nombres como William Lane Craig o Alvin Plantinga llegan a mostrar prestigio solo porque se muestran como filósofos de la religión. Las tonterías que exponen, teniendo aún doctorados y un curricular de 100 hojas, seguirán siendo tonterías que no merecen respeto ni espacio universitario.



domingo, 6 de abril de 2014

La vulgar estafa de la teología

"Si los logros de los científicos fueran eliminados mañana, no habría más médicos, solo médicos brujos, ni transportes más rápidos que los caballos, ni computadoras, ni libros impresos, ni agricultura más avanzada que la de subsistencia.
Si todos los logros de los teólogos fueran eliminados mañana, ¿notaría alguien la diferencia?
Incluso los malos logros de los científicos, las bombas y los barcos balleneros guiados por sonar, funcionan. Los logros de los teólogos no hacen nada, no afectan a nada, ni significan nada"

Richard Dawkins.



Adelantándome a la lectura del nuevo número de la colección ¡Vaya Timo! de Laetoli, dejemos la vaguedad del concepto de mamerto para meternos con una "disciplina académica" entera: la teología ha sido una disciplina respetada y resguardada por universidades y conventos durante siglos; se han creado institutos, gastado toneladas de tinta y cientos de intelectualoides que se ponen a "reflexionar" (ejem, ejem especular, ejem, ejem) sobre qué desea que sepamos o no un dios específico, recibiendo financiamiento ya sea por el sector público o privado. Soy de los que piensan que esto tiene que acabar.

Ya bien lo decía Jorge Luis Borges: "Creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género..." pero más allá, la teología no tiene nada a su favor. Tal vez usted piense que estoy siendo muy extremista, o que las mismas críticas hechas de hombres de paja hacia la filosofía ahora las utilizo para la teología, pero la verdad no es lo mismo; permítame explicar por qué. No creo estar llegando a un extremismo irracional, por el hecho que cualquiera puede pensar y cuestionarse: ¿para qué sirve crear un edificio de especulaciones (y luego hacerlos pasar por conocimientos) sobre un punto del que, para empezar, no se ha demostrado siquiera que existe? Y más allá de eso ¿tiene sentido "estudiar" algo que  no puede ser conocido (no es ningún secreto que los dioses y las entidades espirituales no pueden ser estudiadas de forma directa)? No veo extremismo alguno cuando respondo con un rotundo no a estas cuestiones.


Hasta aquí hemos hablado de la utilidad de la teología en términos epistemológicos y culturales (o sea, qué tiene que aportar esta disciplina al conocimiento o a la sociedad en general). ¿Podría ser que tiene algún otro tipo de aporte? Desde un punto de vista histórico, podemos responder que sí. La teología, como disciplina, nace en la Europa medieval, reconociéndola como "la ciencia que estudia la revelación divina" (aclarando: el concepto de ciencia se refiere a la definición clásica o aristotélica, no a la definición actual de ciencia). Entendiendo esto, parece obvia su importancia a la hora de formar un cuerpo formalizado de supuestos conocimientos y reflexiones que justificaban una serie de creencias para legitimar a la iglesia, y de paso, lo que ésta afirmaba.

Fue a partir del debate teológico que se determinó que las creencias en la absolución, la transubstanciación, el purgatorio, el pecado original, el culto a la virgen María y la santa Trinidad, iban a ser parte de la doctrina católica como dogmas de fe, o sea, verdades incuestionables. Además de estas supersticiones, también se dio pie "argumental" a ideas nocivas como el machismo, la idea de una autoridad incuestionable (pues toda autoridad es puesta por Dios, así que ¿quiénes somos nosotros al cuestionar sus planes? A Hitler le gusta esta idea), el combate al paganismo y la herejía, el patriarcado, el derecho natural... En fin, vemos que la teología sí tuvo aporte político e ideológico, ahora resta preguntarnos si este realmente fue bueno. Creo que comprenderán por qué pienso que no, ¿verdad?

"La teología es algo así como un conjunto de cuentos fantásticos, que pueden ser muy bellos e interesantes pero no son reales. Proceden de la imaginación de quienes los narran, no de una investigación rigurosa de la realidad. Las enseñanzas de la teología son inventos (muy ingeniosos, por lo demás) que no se refieren a algo real. La teología está mucho más cerca de la literatura fantástica o la ciencia ficción que de la filosofía o la ciencia", escribe Gabriel Andrade, doctor en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia, Venezuela, y autor (entre otras obras) de La teología ¡Vaya Timo!, el siguiente número de la colección de Laetoli. 

La teología no se basa en la observación ni el conocimiento científico, tampoco analiza de forma crítica sus postulados. Parte de dogmas ya establecidos que no cuestiona, y sobre los cuales construye un edificio elegante pero carente de contenido real. Si ha servido para algo es para justificar creencias irracionales y para ponerles a éstas el saco de respeto por ser un trabajo "académico." Tal vez en la Edad Media esto era permisible debido a la censura de pensamiento, el desarrollo pobre del conocimiento científico y el estudio acrítico de la filosofía clásica permitido solo aquellos que estudiaban en conventos, pero hoy por hoy, la teología no tiene (o no debería tener) lugar ni respeto académico, sencillamente porque no lo merece. La teología, igual que otro montón de tonterías milenarias, es una disciplina hada de los dientes, no una disciplina real. Y es justamente por esas razones el que sea vergonzoso saber de la existencia de tantos institutos de prestigio brindando licenciaturas, maestrías y doctorados en teología.

Por si aun no queda claro el asunto, Andrade nos recuerda que "más allá de esa creencia genérica en la existencia de Dios, la teología es meramente especulativa y, como tal, no merece respeto académico. La teología estudia los ángeles, los demonios, la gracia, el Espíritu Santo, la resurrección, el alma, el apocalipsis. Nada de esto merece un lugar en la universidad, como tampoco merece un espacio académico el estudio del yeti, el chupacabras, las energías espirituales o las auras. Es hora de decir que la teología consta de supercherías que están al mismo nivel que otros timos. La universidad es un espacio para la discusión racional, y en ella no encaja la discusión de doctrinas aceptadas sobre la base de la autoridad y la fe".

Véase más: Theology, entrada de la RationalWiki; The Emptiness of Theology, artículo de Richard Dawkins; La teología ¡Vaya Timo! de Gabriel Andrade, Laetoli, 2014.

lunes, 3 de febrero de 2014

La hipótesis Dios o el error de Dawkins


"Nada es tan impropio como un filósofo ignorante de la ciencia que afirma que un concepto fundamental de la ciencia está equivocado, excepto tal vez un científico ignorante de un área de la filosofía afirmando que un concepto fundamental de la filosofía es erróneo. Jerry Fodor y Richard Dawkins son niños del cartel para estas dos locuras. Fodor, un filósofo, afirma que la selección natural es un error fundamental. Dawkins, científico, afirma que las cuestiones relativas a afirmaciones sobrenaturales son preguntas científicas." Robert Todd Carroll. 


Luego de tener en claro que el atentado terrorista del 11/09 tuvo motivaciones religiosas, y que además fue ejecutado por fanáticos religiosos, un número considerable de intelectuales decidió romper el silencio de lo "políticamente correcto." Periodistas, filósofos, ensayistas y científicos por igual, comenzaron a hablar sobre cómo occidente no estaba tan alejada del horror del fundamentalismo que se vive en medio oriente. Estas voces comenzaron a tener impacto en la sociedad al abrir viejos debates que no habían sido tan sonados desde los tiempos en que Bertrand Russell cuestionaba los mismos puntos.

Se comenzó argumentar que es justamente la creencia irracional la madre del fundamentalismo, y que éste no solo surge en el Islam. El fundamentalismo religioso es peligroso, pero más peligroso es su origen mesurado: la fe religiosa que carece de evidencias para sostenerse, que plantea una cosmovisión anti-científica y que promueve valores y normas en esencia inmorales o lógicamente incoherentes. Las voces que comenzaron hacer notar estos hechos, fueron fundiéndose en un mismo discurso. Aunque ya asociaciones como American Atheist y el Center for Inquiry buscaban difundir el pensamiento crítico ante las supersticiones dominantes, el debate se avivó con las publicaciones de estos disidentes que ahora ondeaban una bandera de "¡sal del closet!", mensaje dirigido a todos aquellos que tenían las mismas intuiciones pero que por miedo o por "respeto" no se habían atrevido hablar.

Así fue como surgió lo que más tarde sería reconocido como el nuevo ateísmo, un movimiento de activismo social (más que intelectual), que busca despertar la duda en la mente del ciudadano promedio y que denuncia las creencias religiosas como supersticiones que alientan una serie de comportamientos inmorales, además de dejar en claro que estas carecen de toda validación científica. Aunque por nuevo ateísmo no se puede entender ni un tipo de club en el que se establecen principios canónicos, sí es posible aceptar que todo aquel que se pueda identificar como un "nuevo ateo" piensa que la defensa del estado laico, la racionalidad y la denuncia de la charlatanería supersticiosa  son valores importantes para una sociedad libre y secular. 

Entre los nombres con los que más se identifica este movimiento, se cuentan algunos de los intelectuales más populares de la actualidad como Richard Dawkins, Christopher Hitchens, Sam Harris, Daniel Dennett, Victor Stenger, Jerry Coyne, PZ Myers, Michael Nowdow, Byll Maher, Pat Condell y Steven Weinberg. Tiempo después, nombres como los de Michael Shermer, James Randi, Adam Savage, Steven Pinker y Lawrence Krauss, también serían asociados a este movimiento. Desde luego que, además de tener apologistas y teólogos renegando sobre esto, intelectuales que podríamos identificar cómicamente como "viejos ateos" critican varias de las afirmaciones que se lanzan desde el nuevo ateísmo. 

Richard Dawkins es posiblemente el más famoso de todos los autores ya mencionados. Además de ser una leyenda de la divulgación científica (comparable a otros grandes como Carl Sagan, Isaac Asimov y Stephen Jay Gould), y uno de los biólogos más controvertidos luego de la publicación de El Gen Egoísta, en el que propone la teoría del meme como explicación de la evolución cultural, Dawkins es un pensador crítico y un ateo militante de respeto. En 2006 publicó su más célebre obra El Espejismo de Dios, en el que con un lenguaje sencillo y cautivador, argumenta sobre la invalidez de las creencias religiosas, la importancia de reconocerse ateo en una sociedad tolerante y abierta, y cómo el ser ateo no significa en lo más mínimo ser una mala persona. Todos estos puntos le han sido reconocidos al genio de Dawkins, al inspirar nuevas generaciones de librepensadores y defensores del Estado laico. Personalmente, admiro a Dawkins por estos puntos.

Pero en El Espejismo de Dios Dawkins afirma que explicar fenómenos o cuestiones filosóficas como la clásica "¿por qué hay algo en vez de nada?" con los dioses, es hacer una hipótesis científica que puede ser refutada con la evidencia empírica, o que por lo menos, es posible descartar dicha hipótesis por ser demasiado compleja y no tener evidencias que las sostenga. En pocas palabras pues, Dios es una hipótesis. Suponiendo que Dawkins (apoyado por otros como Shermer, Harris, Coyne, Stenger, Myers, etc) tuviera razón, Dios es una cuestión de tipo científica. Si usted es un partidario de estas ideas, seguramente pensará "¿qué hay de malo en eso?"

Existen tres buenas razones para pensar que los dioses (y lo sobrenatural en general) no son una cuestión científica, y que por tanto Dawkins se equivoca: 

1. Implicación lógica. Si las explicaciones sobrenaturales como la de los dioses, almas, espíritus o la reencarnación, son en efecto hipótesis científicas que por tanto pueden ser estudiadas de forma científica y que entonces, es posible refutar o validar alguna de estas ideas por la evidencia, ¿por qué oponerse entonces a que cosas como el diseño inteligente se muestren en las escuelas públicas? No debería existir objeción alguna en presentar al diseño inteligente como una teoría alternativa a la evolución, pues ambas mostrarían un cuerpo de hipótesis científicas que deberían ser analizables, y en ambos casos podrían ser verificables de forma pública, ¿no?

Siguiendo este hilo lógico, sería igualmente válido enseñar la reencarnación, la vida después de la muerte, el alma, los poderes psíquicos y los fantasmas (también el pastafarismo) como explicaciones científicas. Ojo, el que sean falsas o no, dependería de la evidencia a favor y en contra que se pudiera encontrar para cada caso, pero lo cierto es que esto no sucede así en el mundo real, ¿verdad? En el mundo real, aquellos que afirman que se puede demostrar científicamente un diseño inteligente, la existencia del alma o cosas similares, es tachado de pseudocientífico porque realmente no hace ciencia. ¿Pero por qué decimos eso? Sencillo, porque las especulaciones sobre el diseño inteligente, el alma o la vida después de la muerte no son especulaciones científicas.

Entonces, ¿cómo deberíamos juzgar la afirmación de Dawkins (y compañía) cuando nos dice que los dioses son cuestiones científicas? Por la misma razón en que decimos que el diseño inteligente no es ciencia y que cualquier intento de hacerlo ver como tal es pseudociencia, deberíamos concluir que afirmar que Dios es una hipótesis científica no es una afirmación científica, y que hacerla pasar como tal es pseudocientífico.

2. Lo sobrenatural no es una cuestión científica. Siguiendo la conclusión del anterior razonamiento, deberíamos explicar por qué (además de lo que tendría que implicar en la práctica educativa y de investigación) las afirmaciones sobrenaturales no son cuestiones científicas. Ok, ¿Por qué no lo son? Porque ninguna de esas especulaciones puede ser sujeto de prueba o análisis. No es posible refutar ni validar la existencia de un diseñador que creó el universo, del mismo modo que no es posible refutar ni validar la existencia del ratón de los dientes; si acaso, es posible refutar algunas formas de interpretar al diseñador (como por ejemplo, en base al hecho de la evolución y que hay evidentes señales de imperfección en los organismos vivos. Así sería posible decir que el diseñador o es imperfecto o no le importó hacer bien su trabajo o posiblemente no existe), pero es imposible refutar la existencia del diseñador propiamente dicho. 

Uno podría decir: "¡pero la carga de la prueba dice que es el que afirma y no el que niega o duda el encargado de demostrarlo!" En efecto, pero una afirmación sobrenatural no puede ser demostrada, porque estas no son afirmaciones empíricas. Si estamos pidiendo a los vendedores de humo que comprendan esto, ¿por qué racionalistas como Dawkins no lo habrán entendido? Ya desde los tiempos en que David Hume reflexionaba sobre el empirismo como fundamento del conocimiento, se sabía este punto. No importa cuántas evidencias puedas aportar para desmentir algún punto sobre alguna creencia, la creencia sobrenatural, por ser justamente una creencia de tipo sobrenatural (metafísica), siempre puede modificarse de tal forma que el contenido se mantiene intacto, infalsable.

Es posible señalar que las explicaciones sobrenaturales no se ajustan con la realidad o la complican de más, haciendo que las explicaciones científicas, al ser explicaciones racionales basadas en la evidencia empírica, sean más certeras respecto a la descripción de fenómenos del mundo real. Este es más o menos el razonamiento de Dawkins: existen fuertes argumentos empíricos contra la existencia de dioses, pero de aquí, llega entonces a la conclusión de que los dioses son una cuestión empírica.

3. Diferencia entre un problema conceptual y un problema empírico. La última razón, en realidad, resulta ser la más importante y esclarecedora.  Si las especulaciones sobrenaturales no son problemas o especulaciones empíricas, ¿qué son entonces? ¿Cómo podrían ser analizadas? El profesor retirado de filosofía de Sacramento City College, Robert Todd Carroll en la segunda parte de su ensayo "Can Science Decide the God Question?" se cuestiona sobre el asunto:
¿Qué conocimiento científico o prueba empírica podría falsificar el concepto de una consciencia no-física eterna con el poder de crear cosas de la nada? Tenga en cuenta que este ser puede manifestarse de la misma forma en que el universo se manifiesta. Se puede argumentar que tal ser sería superfluo, o que su existencia no es cuestión que la ciencia pueda determinar. Uno podría hacer muchas afirmaciones acerca de este ser y algunas de esas afirmaciones podrían presentarse improbables o falsas por ser incompatibles con el conocimiento científico actual, o por ser internamente inconsistentes (es decir, lógicamente contradictorias o lógicamente inconsistentes).
Carroll da un ejemplo  sobre este punto, pero trataré de dar uno distinto. Pensemos en ese concepto de una "consciencia no-física eterna con el poder de crear cosas de la nada", y agreguemos a la definición el hecho que esa consciencia es infinitamente buena. Uno pensaría entonces que esta consciencia, llamada Dios, es omnipotente e infinita bondad. Pero si es omnipotente e infinitamente bueno, ¿por qué creó un universo en el que existe el mal? Uno podría invocar otro tipo de "consciencia no-física" de menor nivel que la primera (creada también por la primera consciencia no-física) y llamarla satanás; y entonces decir "el mal es la prueba de la actividad de satanás" o el "mal es la ausencia de Dios (la mera consciencia no-física)." La cuestión no quedaría resuelta aquí ya que se presenta un nuevo problema lógico: si Dios creó a satanás aun sabiendo que éste sería el causante del mal en el universo que también creó, ¿no haría responsable a Dios por el origen del mal ya que él sabía que satanás sería malo y causaría el mal en el universo? ¿No sabía acaso que su "ausencia" causaría el mal?

Hasta aquí podríamos concluir que la definición de una consciencia no-física creadora de cosas y que es infinitamente buena, no es consistente pues resulta en contradicción. ¿Acaso tuvimos que invocar a la evidencia empírica o al conocimiento científico para llegar a esta conclusión? No, y eso es justamente lo que define a un problema conceptual no empírico. Un problema que puede ser abordado desde la lógica y la filosofía, pero que no necesita un análisis científico por ser 1) innecesario y 2) porque el problema no es de tipo científico como para poder ser analizable de forma científica.

Hasta aquí, podemos concluir que, si bien, el conocimiento científico nos ayuda para desechar las explicaciones sobrenaturales, además que es posible estudiar de forma científica el fenómeno religioso como un fenómeno cultural (e incluso ya se comienzan a estudiar los fenómenos culturales como fenómenos naturales derivados de la evolución cultural), las afirmaciones e ideas sobrenaturales no son hipótesis científicas y no lo parecen tampoco. El tema podría dar para más, hasta el punto de analizar el problema de definir correctamente qué es una hipótesis científica, pero confío en que el punto central, el error de Dawkins (y otros), quedó aclarado. Vamos, tengo fe en que saben razonar.


En resumen:
Contrario a lo que científicos como Richard Dawkins piensan, las explicaciones sobrenaturales, como la idea de dioses, no son explicaciones científicas que puedan ser refutadas o verificadas mediante alguna forma de metodología científica.  La ciencia puede ayudarnos a descartar estas afirmaciones por carecer de evidencias pero no es posible demostrar con evidencias verificables que estas ideas son falsas o inexistentes, del mismo modo que no podemos demostrar que el ratón de los dientes no existe.