"Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen" Bertrand Russell.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Por qué la antropología filosófica está lista para su jubilación?

Tratando de hacer un humilde ejercicio de curiosidad, imitando el estilo de la Edge Foundation, decidí preguntar a un montón de amigos, compañeros, maestros y autores de las humanidades sobre cuál idea filosófica piensan que está lista para la jubilación. Pero para mi mala suerte, no todos contestaron y de los pocos que contestaron, sus respuestas resultaron demasiado breves como para hacer un artículo. Mi intento por hacer una pregunta Edge de filosofía fracasó. Agradezco a los que dedicaron parte de su tiempo a responderme, la verdad me dieron varios puntos para pensar y, después, profundizar. Usted puede responder a la pregunta en los comentarios: ¿Qué idea filosófica está lista para su jubilación?

Por el momento les dejo mi respuesta ante la pregunta. Yo respondo que la antropología filosófica:

La filosofía ha sido revitalizada en las últimas décadas a raíz del avance de la ciencia y los problemas filosóficos que trajo consigo. Hoy en día se da respuesta a viejas cuestiones gracias a la luz de la ciencia y el pensamiento crítico, así como se plantean nuevas interrogantes derivadas de la investigación científica y su influencia en la sociedad. El análisis lógico de los conceptos y problemas de fondo de las actividades humanas ha hecho que la filosofía esté más viva que nunca (contrario a la opinión de algunos que la quisieran ver ya jubilada).

A pesar de todo esto, aun prevalece la alquimia epistémica y el charlatanismo en la academia. Es decir, los esfuerzos por hacer ver la especulación vacía y las reflexiones que parecen profundas pero que solo hacen gala de habilidades retóricas e ignorancia científica. Del mismo modo encontramos edificios enteros de la filosofía que tienen décadas (si no es que siglos) de no presentar nada relevante al debate de las ideas. La antropología filosófica es un ejemplo de este tipo de disciplinas, lo que hace evidente que ésta rama de la ontología esté lista para su jubilación.

Luego del nacimiento de la antropología científica (antropología física y antropología biológica) y que ésta comenzara a responder a las preguntas eternas hechas por los filósofos desde tiempos de Sócrates ya con un sustento en la evidencia y el conocimiento científico, la antropología filosófica se fue debilitando igual que el dios personal que solo ocupaba los huecos de la ignorancia que la ciencia aun no podía resolver. Hoy en día, el dios de los huecos se refugia en la ignorancia igual que la antropología filosófica, cuyas preguntas que alguna vez fascinaron a los humanistas, ahora solo se ven como curiosidades de la cultura general; forman parte de ese panteón gigante llamado historia de las ideas. Las preguntas y respuestas que los antropólogos filosóficos hacen en el mundo moderno (de Cassirer a Sloterdijk) parecen más un intento esotérico de escuelas o doctrinas que solo sus seguidores entienden, que auténticas reflexiones relevantes para entender la pregunta esencial: ¿qué es el hombre?

No nos engañemos más con debates estériles, a la antropología filosófica "le llegó la hora."

sábado, 26 de julio de 2014

¿Debería desaparecer la filosofía de las religiones?

Se ha desatado una nueva polémica originada en un sitio dedicado a denunciar las tonterías del cristianismo: Debunking Christianity, del filósofo y ex-evangélico John W. Loftus. El que también es autor de libros best seller del ateísmo militante (comparables con los éxitos de otros autores como Dawkins, Harris, Hitchens y Stenger) como The Christian Delusion, The End of Christianity y Why I Became an Atheist, posee títulos en filosofía de la religión y teología, además de tener en su pasado décadas de apología cristiana. Pues bien, Loftus ahora hace un llamado para poner fin a la filosofía de las religiones como disciplina universitaria secular.

¿Estamos hablando de un caso de "fuego amigo"? ¿Un filósofo de la religión que ha dedicado su vida a hacer, precisamente, filosofía de la religión (de calidad indiscutible, por cierto) que decide "apostatar" de su profesión? No tanto así, aunque parece dar esa impresión a primera vista. Loftus escribe sobre ponerle fin a la filosofía de la religión como una reflexión que se deriva de la publicación del libro Reiventing Philosophy of Religion, de Graham Oppy, siguiendo más o menos las mismas premisas que el historiador Héctor Avalos utilizar para pedir el final de los estudios bíblicos. Mientras Oppy narra sobre re-evaluar y revitalizar la disciplina de forma crítica y secular, Loftus nos dice que la filosofía de la religión debería dejar de enseñarse en universidades seculares ya que se ha vuelto una disciplina que de secular tiene poco.

Los filósofos discuten problemas antes de que existan evidencias (nos explica Loftus), pero una vez que se encuentran evidencias nace una nueva disciplina, una ciencia. Ejemplo de este proceso, según Loftus, son la física, la cosmología y la psicología. De modo que, para Loftus, una forma de progreso en filosofía es la especialización en un área de estudio hasta que ésta logra su autonomía volviéndose una ciencia. (Cabe aclarar que, contrario a lo que parece dar a entender Loftus, este no es el único camino de progreso en filosofía. Existe progreso en áreas filosóficas como la ética, la gnoseología, la estética, la epistemología... e incluso podríamos hablar de algunos avances en la misma filosofía de la religión).

Pero ¿qué pasaría si se diera el caso que la filosofía, en vez de producir avances dentro de un área, retrocediera a dogmatismo e irracionalidad? Para Loftus, ese caso es el de la filosofía de la religión, dominada principalmente por apologistas que la usan como su nido intelectual para tener cabida en las universidades y hacerse ver como intelectuales respetables. Hacen que la filosofía de la religión sea un sinónimo de teología, algo que en verdad es un escenario tristemente retrógrado. Si la ciencia, y gran parte de la filosofía, nos demuestran que un área así no merece ser una disciplina respetada, ¿por qué entonces debería de existir en las casas del conocimiento? Loftus concluye que una disciplina como la que actualmente es la filosofía de la religión no tiene razón de ser.

Básicamente, Loftus nos dice que la filosofía de la religión es un nido de ratas cristianas que la utilizan para dar seriedad intelectual a tonterías anti-intelectuales. Aunque el ateísmo es la postura dominante entre la comunidad filosófica en general, tal como lo demuestra esta encuesta, algunos (apologistas) apuntan que el 72% de los que se han dedicado a la filosofía de la religión son teístas. Si este es el caso, Loftus tiene razón en su apreciación de esta disciplina. Entonces, ¿declaramos el final de la filosofía de la religión como disciplina académica? No tan rápido.

Aunque así lo afirma Loftus, lo cierto es que podríamos ver esta polémica como un llamado de atención a los departamentos de filosofía que permiten que en sus aulas se haga apología y teología, en vez de filosofía propiamente dicho. Y eso parece ser lo que Loftus buscaba dar a entender, dada su respuesta a la réplica que el Dr. Jaco Gericke presentó ante su escrito:

Tenga en cuenta que no estoy pidiendo el fin de la filosofía de la religión misma. Todo el que piensa en la religión está haciendo filosofía de la religión en algún sentido.
[...]
 Los filósofos cristianos toman su parroquial concepto de Dios por sentado, desarrollado especialmente por Anselmo en el mundo occidental, y luego, con nada más que una defensa especial y un juego de manos, tratan de armonizar este parroquial concepto de Dios con la enorme cantidad de ubicuo sufrimiento en el mundo. "Espera un momento", dirá un niño, recordando al niño del cuento de Hans Christian Andersen, El Traje Nuevo del Emperador: "¡Pero si no lleva nada puesto en absoluto!" No habrá ningún punto de discusión de la belleza de los trajes del emperador si no lleva ningún traje. Del mismo modo no habrá razones para tratar con confusiones cristianas y súplicas especiales cuando no han podido mostrar evidencias de que tal Dios existe, en primer lugar. Así termina la filosofía de la religión como disciplina. Ya ha comenzado.
Como disciplina indispensable para comprender esa manifestación humana llamada religión, la filosofía de las religiones seguirá existiendo por bastante tiempo; pero la supervivencia de ésta como materia o como carrera universitaria podría pender de un hilo al encontrarse infectada con tonterías de la teología. Es preocupante el ver cómo nombres como William Lane Craig o Alvin Plantinga llegan a mostrar prestigio solo porque se muestran como filósofos de la religión. Las tonterías que exponen, teniendo aún doctorados y un curricular de 100 hojas, seguirán siendo tonterías que no merecen respeto ni espacio universitario.



viernes, 20 de junio de 2014

Epistemología: filosofía de/en/desde/con/para la ciencia

"Algunos filósofos carentes de formación científica son culpables de las filosofías de la ciencia que son anticientíficas o por lo menos acientíficas, del mismo modo que los científicos sin formación filosófica suelen ser los creyentes más fervorosos en la existencia de "la" filosofía de la ciencia, que a menudo es aquella que han aprendido en el libro de epistemología con que se han cruzado. No existe "la" filosofía de la ciencia en cuanto teoría única: apenas hay intentos, si bien cada vez más serios, por 'cientifizar' la epistemología y, en general, la filosofía." Mario Bunge.


En su célebre conferencia de 1957 (convertida después en el último capítulo del libro La ciencia, su método y su filosofía) titulada "Filosofar científicamente y encarar la ciencia filosóficamente", el epistemólogo Mario Bunge les cuenta a sus alumnos (tanto de aquel tiempo como los que ahora lo leemos) la necesidad urgente de generar epistemólogos de primer nivel en Latinoamérica, con el fin de incrementar la difusión y el estudio de los fundamentos de la ciencia, ofreciendo a la sociedad una serie de expertos que estén capacitados para analizar, debatir y proponer soluciones a los problemas filosóficos que se derivan de la actividad científica.

Bunge nos habla de revitalizar la carrera de filosofía, la cual parece que prepara más especialistas en filosofía antigua y medieval, que filósofos propiamente dicho. También se denuncia la falta de cultura científica de los especialistas en filosofía y la ignorancia filosófica de los científicos profesionales. Si esta situación sigue así (recuérdese que Bunge hablaba en el 57, pero el problema aún continúa hasta la actualidad), estamos condenados a seguir viendo esa separación abismal entre ciencia y filosofía, con especialistas de ambas áreas despreciándose unos a otros.

Una de las áreas que une la rigurosidad y el respeto por los hechos que muestra toda ciencia, y el análisis lógico de conceptos y la formalización de la filosofía exacta, es la epistemología. Pero, ¿qué es la epistemología? El concepto puede causar cierta confusión ya que más de un libro lo utiliza como sinónimo de gnoseología o teoría del conocimiento. Pero esta confusión es innecesaria y puede evitarse si se define de forma clara el área de la epistemología.

Así, es posible decir que la gnoseología es la rama de la filosofía que se ocupa del estudio de los principios del conocimiento. El conjunto de cuestiones, debates y respuestas sobre ¿qué es el conocimiento?, ¿qué podemos llegar a conocer?, ¿cómo conocemos?, ¿existen salidas para dilemas racionalismo-empirismo e individualismo-colectivismo?, etc., forman parte de la gnoseología. Esta área se ha visto enriquecida sobre todo gracias a las ciencias cognitivas, las cuales nos ofrecen respuestas a muchas de estas preguntas, generando nuevas cuestiones. Desde luego, el que la ciencia cognitiva nos ayude a resolver problemas gnoseológicos no significa que la gnoseología se quede sin campo de estudio; las ciencias cognitivas también presentan un fondo gnoseológico en el cual apoyan sus nuevas hipótesis. No podemos saber si algún día la gnoseología acabará siendo una ciencia cognitiva más, adquiriendo independencia de la filosofía; lo que sí sabemos, es que la gnoseología representa la cuna de una serie de problemas fascinantes sobre nuestra relación (como sujetos) con el universo (como objeto de estudio).

Pero la epistemología no se ocupa de problematizar sobre los problemas del conocimiento, así, de forma general. Tal vez podríamos ver a la epistemología como "gnoseología especializada", pues se enfoca en problematizar sobre un tipo de conocimiento muy especial: el conocimiento científico. La epistemología es el mejor ejemplo de un enlace de filosofía y ciencia.

La epistemología busca debatir y proponer respuestas a preguntas como ¿qué es el conocimiento científico?, ¿cuáles son los principios filosóficos presupuestos en la investigación científica?, ¿qué es el método científico?, ¿existe "el" método científico como un proceso lineal e inmutable?, ¿cuáles son las diferencias entre ciencia, semiciencia, protociencia y pseudociencia?, ¿son lo mismo ciencia y tecnología?, ¿la ciencia presupone la realidad autónoma y la legalidad del mundo?, ¿cómo se relacionan las teorías científicas con la realidad y la experiencia?, ¿la ciencia puede ir más allá de los fenómenos y la relación entre éstos?, ¿es posible describir las cosas reales con minuciosidad y una precisión perfecta?, ¿qué son las leyes y las explicaciones científicas?, ¿qué función desempeñan las matemáticas en las ciencias factuales?, ¿la filosofía puede desempeñar una función constructiva en la investigación científica?, ¿la ciencia está moralmente comprometida?, ¿existen límites al avance de la ciencia? Cuestionarse sobre los principios, fines y la naturaleza de la ciencia es el primer paso para hacer epistemología.

Mario Bunge enfatiza en esto al decirnos que la epistemología es pues, la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia. Filosofía de la ciencia hace referencia al examen filosófico de la ciencia (sus problemas, sus métodos, su estructura, etc.). Filosofía en la ciencia (o más exactamente filosofía de la ciencia en la ciencia) comprende el estudio de las implicaciones filosóficas de la ciencia, el examen de las categorías e hipótesis que intervienen en la investigación científica, o que emergen en la síntesis de sus resultados. Es pues, el estudio de las hipótesis filosóficas que en ciencia se presuponen y se utilizan como punto de partida. La filosofía desde la ciencia sugiere que se trata de una filosofía que hace hincapié en la ciencia, que ha sustituido la especulación sin freno por la investigación guiada en el método científico, teniendo un respeto profundo por los hechos empíricos y por la consistencia lógica. Filosofía con la ciencia trata de una filosofía que acompaña a la ciencia, es decir, una filosofía que está al margen de los logros de la ciencia, que no se pone a especular sinsentidos sobre el ser y el tiempo. Por último, la filosofía para la ciencia sugiere una filosofía que no solo se nutre de la ciencia, sino que aspira a serle útil, que busca servir para establecer, por ejemplo, las diferencias que existen entre la definición y el dato, o entre la verdad factual y la proposición que es verdadera o falsa independientemente de los hechos. Esta es una filosofía que no solo escarba en los fundamentos filosóficos que las ciencias admiten, sino que además busca aclarar la estructura y función de los sistemas científicos, señalando relaciones y posibilidades inexploradas.

Pero hablar de filosofía de, en desde, con y para la ciencia tal vez sea demasiado largo y poco estético. ¿Por qué no mejor utilizar un solo concepto: epistemología?, o ¿por qué no llamarlo solo filosofía de la ciencia, una disciplina que resulta ser, por su objeto de estudio, una metaciencia? Pues bien, un epistemólogo como tal, no puede ser un filósofo que pregona una filosofía contra, sobre y/o bajo la ciencia. Una filosofía contra la ciencia (tal como han existido y siguen existiendo) resultará ser una filosofía irracionalista, que desprecia el respeto por los hechos y la consistencia. Una filosofía contra la ciencia resulta ser anticientífica. Este tipo de posturas son las que alimentan doctrinas como las del fundamentalismo religioso, la tecnofobia y el activismo contra la investigación y aplicación científica. Quien filosofa contra la ciencia o aun al margen de ella, ignorándola por completo, (tal como nos dice Bunge),  imita a los escolásticos que rehusaban mirar por el anteojo astronómico de Galileo.

Si hablamos de una filosofía sobre la ciencia estamos haciendo referencia a una disciplina superior rectora de las disciplinas científicas. Aunque este ha sido el anhelo de muchos que en el pasado se han llamado a sí mismos "epistemólogos", lo cierto es que estos intentos no han sido otra cosa más que la burla de los científicos, pues siempre han mostrado grados intolerables de arrogancia combinados con ignorancia científica. Si quieres hacer que la comunidad científica se burle de la filosofía y la desprecie, tan solo di que la filosofía es superior a la ciencia y que la primera le dice cómo actuar a la segunda.

Por otro lado, la expresión filosofía bajo la ciencia sugiera una posición inversa, como si la filosofía dependiera de forma absoluta de la ciencia. Este error, aunque poco común entre los filósofos que miran sus propuestas casi siempre como superiores a los anteriores, suele ser expresado como una virtud epistemológica. Sin embargo, la filosofía de la ciencia no solo comporta el examen de los supuestos filosóficos de la investigación científica, sino que tiene derecho a una elaboración creadora de un nivel diferente del científico aunque reposa sobre éste último: el nivel metacientífico.

La comprensión precisa de la epistemología como la principal disciplina filosófica que estando al margen de la ciencia, la cuestiona, la crítica y la analiza como la manifestación humana que es, probablemente sea el primer paso para comprender la relación tan estrecha entre filosofía y ciencia. Algo importante a comprender es que no todo el que tiene título en filosofía es un epistemólogo, del mismo modo que el no tener título en filosofía no significa que no sea (o no pueda ser) epistemólogo. Existen filósofos con perspectiva científica y científicos con inquietudes filosóficas que enriquecen por igual esta disciplina fascinante. Un segundo paso para este mismo propósito sería el hablar de los logros e importancia de la epistemología que tiene (o debería tener) para con la investigación, la aplicación y la divulgación de la ciencia, pero eso ya será tema para otra entrada.

En resumen:
La epistemología puede entenderse como la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia. Una empresa de conocimiento que aún se encuentra en pañales en varias partes del mundo, pero que se hace necesaria para una comprensión completa de la actividad científica como actividad humana, y para una cultura científica que no solo se concentra en los logros de la ciencia, sino que también presta atención sobre los principios que sirvieron de base para las investigaciones que dieron como resultado dichos logros.

lunes, 9 de junio de 2014

El sueño de Kant*

"Si ahora nos preguntamos: ¿es que vivimos en una época ilustrada? La respuesta será: no, pero sí en una época de ilustración." Immanuel Kant.




Immanuel Kant puede considerárselo, con justas razones, como el último gran filósofo de la Ilustración y el primer gran filósofo científico, al tratar de comprender y desentrañar los fundamentos filosóficos de la ciencia de su época (con la mecánica newtoniana como el paradigma dominante). Kant admiraba los logros de Isaac Newton al sistematizar todo un modelo teórico que daba cuenta de un gran número de fenómenos naturales que, hasta antes de dicho logro, no podían entenderse de forma clara.

El punto principal de admiración de Kant a Newton, era cómo Newton había creado todo un modelo que era capaz de predecir con exactitud matemática los fenómenos de la naturaleza, tal y como se demostraría con el paso de los años. Kant buscaba hacer algo parecido, buscaba ser un nuevo Newton, pero no en la física, sino en la filosofía y la historia. Más de uno podría decir con buen sustento que logró realmente convertirse en un “Newton de la filosofía”, al crear un sistema filosófico cuya influencia es notable incluso en nuestra época. Gran cantidad de los avances en las controversias filosóficas, se lo debemos a los comentarios (tanto defendiendo como atacando) que se han hecho sobre la obra de Kant.

Pero Kant buscaba ser un “Newton” en el sentido de poder descubrir las generalidades, patrones o leyes naturales que rigen el devenir histórico de la humanidad. Newton buscaba, a partir del estudio de la historia, predecir los fenómenos sociales futuros. Según Kant, el futuro no puede ser otro sino el progreso hacia mejor de la civilización.

Este “Newton de la historia”, aunque como podemos notar en el mundo actual, erró en sus intentos de predicción ya que fue incapaz de encontrar un principio natural en el proceso histórico (intento que siguió siendo parte medular de las doctrinas de varios personajes importantes en la filosofía tradicional, tales como Hegel y Marx) podemos llamarlo como el padre de una disciplina filosófica que hoy en día es parte importante de los estudios epistemológicos: la filosofía de la historia.

Los estudios en ésta disciplina al principio, como en la obra de Kant, tenían un carácter especulativo, haciendo que la filosofía de la historia se viera como una rama de la metafísica (del mismo modo que iniciarían otras disciplinas como la filosofía de la mente y la psicología). En la actualidad, la filosofía de la historia tomó un camino distinto del de la especulación abierta, dirigiéndose a transformarse en una rama de la epistemología (o filosofía de la ciencia) adquiriendo un carácter crítico y buscando entender la metodología de la histórica como ciencia social, analizando sus respectivos fundamentos y problemas filosóficos.

Kant veía de forma inminente que el progreso humano era el destino mismo de la especie como sociedad. Así, Kant nos indica que la clave, o el motor, para una sociedad ilustrada es la libertad, o por lo menos eso es lo que parece plantear en su ensayo ¿Qué es la Ilustración? (1784), cuando nos dice lo siguiente:

“Para esta Ilustración no se requiere más que una cosa, libertad; y la más inocente entre todas las que llevan ese nombre, a saber: la libertad de hacer uso público de su razón íntegramente. 
[…] Pero, ¿qué limitación es obstáculo a la ilustración? ¿Y cuál, por el contrario, estímulo? Contesto: el uso público de la razón le debe estar permitido a todo el mundo, y esto es lo único que puede traer ilustración a los hombres.”

Kant enfatiza que la razón por la que no se ha dado la ilustración, no es tanto por falta de inteligencia o de razón misma, sino por falta de decisión, en la que hasta ahora, las personas preferían que el monarca o el sacerdote decidieran por él. Podemos notar aquí el análisis crítico a un problema que aún en nuestros días está presente.

La crítica a las instituciones y la libertad del ciudadano para llevar a cabo esta acción, son esenciales para una civilización ilustrada que busca seguir el camino del progreso. Así es como Kant también genera controversia al poner en tela de juicio la autoridad injustificada tanto de políticos, sacerdotes e incluso oficiales (policía o ejército).

A pesar de todo, señala Kant, su tiempo aún no es el de una civilización ilustrada:

“Si ahora nos preguntamos: ¿es que vivimos en una época ilustrada? La respuesta será: no, pero sí en una época de ilustración. Falta todavía mucho para que, tal como están las cosas y considerados los hombres en conjunto, se hallen en situación, ni tan siquiera en disposición de servirse con seguridad y provecho de su propia razón en materia de religión. Pero ahora es cuando se les ha abierto el campo para trabajar libremente en este empeño, y percibimos inequívocas señales de que van disminuyendo poco a poco los obstáculos a la ilustración general o superación, por los hombres, de su merecida tutela. En este aspecto, nuestra época es la época de la Ilustración o la época de Federico.”
Como podemos notar, aunque Kant admite que aún no es posible hablar de una civilización ilustrada, sí lo es por otra parte, hablar de una civilización en camino hacia la ilustración o una época de la Ilustración. Kant señalará a lo largo de sus ensayos referentes sobre la especulación de la historia que este camino es el camino inevitable de la civilización humana.

Tal vez si Kant hubiera vivido lo suficiente como para conocer la influencia de obras contrailustradas y por demás oscurantistas, como las de Hegel, Fichte y Nietzsche, o como las de los posmodernos como Feyerabend, Foucault, Lacan, etc, podría darse cuenta que en realidad las conjeturas que daba no eran más que sus anhelos sobre el ser humano y no los planes de la naturaleza para la humanidad. Anhelos que en muchas veces se han visto opacados desde distintos frentes (intelectual, político, económico, social, moral y jurídico).

Kant también nos habla sobre las leyes o “principios” naturales que regirán el progreso hacia la civilización cosmopolita, haciendo alusión a que estos principios deben ser juzgados del mismo modo en que son juzgadas las leyes físicas de Kepler y Newton. En Idea de una Historia Universal en sentido Cosmopolita (1784), Kant enumera dichos principios:

1. Todas las disposiciones generales de una criatura están destinadas a desarrollarse alguna vez de una manera completa y adecuada.

2. En los hombres aquellas disposiciones naturales que apuntan al uso de su razón, se deben desarrollar completamente en la especie y no en los individuos.

3. La Naturaleza ha querido que el hombre logre completamente de sí mismo todo aquello que sobrepasa el ordenamiento mecánico de su existencia animal, y que no participe de ninguna otra felicidad o perfección que la que él mismo, libre del instinto, se procure por la propia razón.

4. El medio del que sirve la Naturaleza para lograr el desarrollo de todas sus disposiciones es el antagonismo de las mismas en la sociedad, en la medida que ese antagonismo se convierte a la postre en la causa de un orden legal de aquellas.

5. El problema mayor del género humano, a cuya solución le constriñe la Naturaleza, consiste en llegar a una sociedad civil que administre el derecho en general.

6. El problema 5 es el más difícil y el que más tardíamente resolverá la especie humana.

7. El problema de la institución de una constitución civil perfecta, depende, a su vez, del problema de una legal relación exterior entre los estados, y no puede ser resuelto sin este último.

8. Se puede considerar la historia de la especie humana en su conjunto, como la ejecución de un secreto plan de la Naturaleza, para la realización de una constitución estatal interiormente perfecta, y con este fin, también exteriormente, como el único estando en que aquella puede desenvolver plenamente todas las disposiciones de la humanidad.

9. Un ensayo filosófico que trate de construir la historia universal con arreglo a un plan de la Naturaleza que tiene hacia la asociación ciudadana completa de la especie humana, no solo debemos considerarla como posible, sino que es menester también que lo pensemos en su efecto propulsor.

He aquí el intento de Kant por establecer las leyes naturales de la historia, marcando así el estudio de una disciplina indispensable, en un primer momento, en la corriente del idealismo alemán y después en las concepciones materialistas y realistas como las del marxismo y sus derivadas, así llegando al final a ser parte de la epistemología que, más que especular sobre el devenir de la humanidad, se concentra en la gnoseología, la metodología, la semántica, la lógica, la ontología y la ética de la disciplina histórica.

Es importante resaltar el cómo es que en la mente de Kant, una mente que pocos dudarían que sea propia de la era de la Ilustración, mantiene vivos como fundamento la vieja teleología aristotélica defendida por la escolástica medieval. La idea de una causa final de la existencia de la civilización siguió siendo parte de doctrinas que se dijeron puramente materialista, como las del marxismo. Pero sigamos con Kant.

Kant seguiría generando obras dignas de mención, como su ensayo especulativo sobre el origen del hombre, en el que trata de entender de forma secular el mito bíblico del Génesis, o las especulaciones sobre el día del juicio final y cómo lo que se menciona después de este sería lo que Kant señala como el inevitable devenir del progreso humano, descrito por las “leyes” ya numeradas.

Kant es un autor fascinante que, a diferencia de otros que se dedicaron a la especulación, resulta ser claro y preciso, mostrando un profundo conocimiento en naturalismo, historia, filosofía, política e incluso religión; a la vez que muestra sus anhelos y prejuicios heredados de una tradición de más de un milenio. Con todo, además de deberle en gran medida el curso que seguirían disciplinas como la gnoseología, la metafísica, la estética, la ética y la epistemología, también estamos en deuda por la creación de una disciplina por demás fascinante: la filosofía de la historia.

Hoy en día, hablar de filosofía especulativa de la historia (como las de Kant, Fichte, Hegel, Marx, Collingwood, etc.) es hacer sencillamente mala filosofía. Si bien, el tratar de comprender el cómo no es posible hablar de "leyes de la historia" que nos ayuden a descifrar el devenir humano (idea que también ha inspirado pseudociencias como la futurología) representa un área de estudio interesante, el buscar hacer un sistema de normas teleológicas como las de Kant es separarse por completo de la realidad.

En resumen:
Immanuel Kant, el último grande la Ilustración, inspirado en los logros de la física de su tiempo, buscaría crear un sistema que pudiera descubrir las leyes de la historia y de este modo, predecir el devenir humano. Aunque como podemos notar, varios siglos después de las obras especulativas de Kant, que fracasó en su intento, lo cierto es que su línea de investigación especulativa sería la cuna de una disciplina de vital importancia en la actualidad: la filosofía de la historia.

*El presente escrito es una reseña (corregida y aumentada) de la antología de Immanuel Kant Filosofía de la Historia, que presenté en el Seminario sobre Kant en el ciclo 2014 A en la carrera de Filosofía, CUCSH, U de G.

martes, 15 de abril de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia III: Leyes, no magia

Continuando con la explicación que Mario Bunge ofrece sobre los supuestos filosóficos contenidos en la ciencia, según los muestra en su obra La Investigación Científica, ahora, nos metemos con el segundo principio ontológico de la ciencia: el determinismo ontológico, o la idea de que nada ocurre "porque sí" en la naturaleza, sino que todo fenómeno tiene una causa y la cual se encuentra determinada por patrones o leyes naturales.

En este punto, Bunge nos dice que el determinismo ontológico de la ciencia nos impide pensar en fenómenos que surjan de la nada, o mejor dicho, que la nada no produce nada. Bunge también hace un breve paréntesis en el tema para hacer un interesante ejercicio de reflexión sobre filosofía de la física cuántica. Ahora, pues, veamos de qué trata el determinismo ontológico:

La doctrina filosófica del determinismo tiene dos aspectos, uno ontológico y otro epistemológico, que se confunden frecuentemente. El determinismo ontológico sostiene la determinación de las cosas y de los acontecimientos; el determinismo epistemológico afirma la posibilidad de determinar conceptualmente (conocer) los hechos y sus esquemas enteramente. En sentido estrecho, el determinismo ontológico equivale al determinismo mecanicista o laplaceano, como componente de la visión newtoniana del mundo y según el cual el cosmos es un conjunto de partículas en interacción que se mueven de acuerdo con un puñado de leyes mecánicas. La versión amplia del determinismo supone sólo (i) la hipótesis de que todos los acontecimientos son según leyes (principio de legalidad) y (ii) la hipótesis de que nada nace de la nada ni se sume en ella (principio de negación de la magia). Este determinismo laxo no restringe los tipos de leyes admisibles: admite leyes estocásticas y reconoce la objetividad del azar. Lo único que niega es la existencia de acontecimientos que carezcan de ley o no sean producidos por otros acontecimientos anteriores.
Hasta la tercera década de nuestro siglo persistieron varios matices de determinismo estrecho, ninguno de los cuales reconocía la objetividad del azar. Sus sostenedores no se daban cuenta de que incluso admitiendo que cada una de las entidades de un conjunto se comporte de un modo perfectamente determinado (no casual), resultará alguna cantidad de juego o azar por la relativa independencia mutua de esas entidades (pues no existe la rigidez completa). Finalmente, el determinismo ontológico estrecho quedó derrotado por la teoría de los quanta, la cual reconoce la objetividad del azar no sólo como rasgo de sistemas complejos, sino incluso al nivel de las partículas "elementales", las cuales obedecen a leyes estocásticas. El que esa casualidad sea un conocimiento definitivo o pueda ser algún día analizada como resultado de complejos procesos internos o interacciones con campos de niveles inferiores es cosa que aún no puede decidirse. Es, además, importante darse cuenta de que tanto la teoría de los quanta como su filosofía están aún en gestación, por lo que no deben inferir de ellas consecuencias detalladas presentámdolas como si fueran conocimientos definitivos acerca del comportamiento de los microsistemas. Pero el tipo de azar y los niveles exactos en los cuales se presenta es de importancia secundaria si se compara con el reconocimiento de que el azar es un modo de devenir y precisamente un modo que obedece a leyes. También es importante para nosotros en este momento darnos cuenta de que la teoría de los quanta se acoge a los principios de legalidad y recusación de la magia: esa teoría formula leyes que recubren la mayoría de los esquemas conocidos al nivel atómico, y entre esas leyes hay algunas de conservación, esto es, que niegan la creación ex-nihilo y la aniquilación sin resto de sistemas materiales (partículas o campos), por muchas que sean las partículas que se "aniquilan" (esto es, que se transforman en fotones) y viceversa. En resolución, la teoría de los quanta respeta el determinismo general igual que cualquier otra teoría científica. ¿Y cómo podría ser de otro modo si esa teoría pretende esforzarse por alcanzar el objetivo de la ciencia, que es la reconstrucción conceptual de los esquemas (leyes) del ser y el cambio? Imaginar acontecimientos que obedecieran a leyes, pero fueran indeterminados (como, por ejemplo, la creación de átomos a partir de la nada) sería reconocer que ninguna ley es realmente necesaria, puesto que todo es posible, incluso la magia: de hecho, si un átomo puede surgir sin condición antecedente determinada, entonces ¿por qué no va a poder hacer lo mismo una molécula? Y si lo puede una molécula, ¿por qué no un cromosoma? Y si lo puede un cromosoma, ¿por qué no una célula? Y si lo puede una célula, ¿por qué no un dinosaurio? Dicho brevemente: el determinismo general está implantado en la ciencia qua ciencia, en la medida en que la investigación científica es la búsqueda y la aplicación de leyes, las cuales, a su vez, ponen límites a las posibilidades lógicas, como puede ser el nacimiento de algo a partir de nada o la desaparición de algo en nada.

domingo, 6 de abril de 2014

La vulgar estafa de la teología

"Si los logros de los científicos fueran eliminados mañana, no habría más médicos, solo médicos brujos, ni transportes más rápidos que los caballos, ni computadoras, ni libros impresos, ni agricultura más avanzada que la de subsistencia.
Si todos los logros de los teólogos fueran eliminados mañana, ¿notaría alguien la diferencia?
Incluso los malos logros de los científicos, las bombas y los barcos balleneros guiados por sonar, funcionan. Los logros de los teólogos no hacen nada, no afectan a nada, ni significan nada"

Richard Dawkins.



Adelantándome a la lectura del nuevo número de la colección ¡Vaya Timo! de Laetoli, dejemos la vaguedad del concepto de mamerto para meternos con una "disciplina académica" entera: la teología ha sido una disciplina respetada y resguardada por universidades y conventos durante siglos; se han creado institutos, gastado toneladas de tinta y cientos de intelectualoides que se ponen a "reflexionar" (ejem, ejem especular, ejem, ejem) sobre qué desea que sepamos o no un dios específico, recibiendo financiamiento ya sea por el sector público o privado. Soy de los que piensan que esto tiene que acabar.

Ya bien lo decía Jorge Luis Borges: "Creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género..." pero más allá, la teología no tiene nada a su favor. Tal vez usted piense que estoy siendo muy extremista, o que las mismas críticas hechas de hombres de paja hacia la filosofía ahora las utilizo para la teología, pero la verdad no es lo mismo; permítame explicar por qué. No creo estar llegando a un extremismo irracional, por el hecho que cualquiera puede pensar y cuestionarse: ¿para qué sirve crear un edificio de especulaciones (y luego hacerlos pasar por conocimientos) sobre un punto del que, para empezar, no se ha demostrado siquiera que existe? Y más allá de eso ¿tiene sentido "estudiar" algo que  no puede ser conocido (no es ningún secreto que los dioses y las entidades espirituales no pueden ser estudiadas de forma directa)? No veo extremismo alguno cuando respondo con un rotundo no a estas cuestiones.


Hasta aquí hemos hablado de la utilidad de la teología en términos epistemológicos y culturales (o sea, qué tiene que aportar esta disciplina al conocimiento o a la sociedad en general). ¿Podría ser que tiene algún otro tipo de aporte? Desde un punto de vista histórico, podemos responder que sí. La teología, como disciplina, nace en la Europa medieval, reconociéndola como "la ciencia que estudia la revelación divina" (aclarando: el concepto de ciencia se refiere a la definición clásica o aristotélica, no a la definición actual de ciencia). Entendiendo esto, parece obvia su importancia a la hora de formar un cuerpo formalizado de supuestos conocimientos y reflexiones que justificaban una serie de creencias para legitimar a la iglesia, y de paso, lo que ésta afirmaba.

Fue a partir del debate teológico que se determinó que las creencias en la absolución, la transubstanciación, el purgatorio, el pecado original, el culto a la virgen María y la santa Trinidad, iban a ser parte de la doctrina católica como dogmas de fe, o sea, verdades incuestionables. Además de estas supersticiones, también se dio pie "argumental" a ideas nocivas como el machismo, la idea de una autoridad incuestionable (pues toda autoridad es puesta por Dios, así que ¿quiénes somos nosotros al cuestionar sus planes? A Hitler le gusta esta idea), el combate al paganismo y la herejía, el patriarcado, el derecho natural... En fin, vemos que la teología sí tuvo aporte político e ideológico, ahora resta preguntarnos si este realmente fue bueno. Creo que comprenderán por qué pienso que no, ¿verdad?

"La teología es algo así como un conjunto de cuentos fantásticos, que pueden ser muy bellos e interesantes pero no son reales. Proceden de la imaginación de quienes los narran, no de una investigación rigurosa de la realidad. Las enseñanzas de la teología son inventos (muy ingeniosos, por lo demás) que no se refieren a algo real. La teología está mucho más cerca de la literatura fantástica o la ciencia ficción que de la filosofía o la ciencia", escribe Gabriel Andrade, doctor en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia, Venezuela, y autor (entre otras obras) de La teología ¡Vaya Timo!, el siguiente número de la colección de Laetoli. 

La teología no se basa en la observación ni el conocimiento científico, tampoco analiza de forma crítica sus postulados. Parte de dogmas ya establecidos que no cuestiona, y sobre los cuales construye un edificio elegante pero carente de contenido real. Si ha servido para algo es para justificar creencias irracionales y para ponerles a éstas el saco de respeto por ser un trabajo "académico." Tal vez en la Edad Media esto era permisible debido a la censura de pensamiento, el desarrollo pobre del conocimiento científico y el estudio acrítico de la filosofía clásica permitido solo aquellos que estudiaban en conventos, pero hoy por hoy, la teología no tiene (o no debería tener) lugar ni respeto académico, sencillamente porque no lo merece. La teología, igual que otro montón de tonterías milenarias, es una disciplina hada de los dientes, no una disciplina real. Y es justamente por esas razones el que sea vergonzoso saber de la existencia de tantos institutos de prestigio brindando licenciaturas, maestrías y doctorados en teología.

Por si aun no queda claro el asunto, Andrade nos recuerda que "más allá de esa creencia genérica en la existencia de Dios, la teología es meramente especulativa y, como tal, no merece respeto académico. La teología estudia los ángeles, los demonios, la gracia, el Espíritu Santo, la resurrección, el alma, el apocalipsis. Nada de esto merece un lugar en la universidad, como tampoco merece un espacio académico el estudio del yeti, el chupacabras, las energías espirituales o las auras. Es hora de decir que la teología consta de supercherías que están al mismo nivel que otros timos. La universidad es un espacio para la discusión racional, y en ella no encaja la discusión de doctrinas aceptadas sobre la base de la autoridad y la fe".

Véase más: Theology, entrada de la RationalWiki; The Emptiness of Theology, artículo de Richard Dawkins; La teología ¡Vaya Timo! de Gabriel Andrade, Laetoli, 2014.

miércoles, 2 de abril de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia II: la realidad tiene una estructura de varios niveles

Continuando con la explicación de las hipótesis filosóficas dentro de la investigación científica, Mario Bunge nos habla del pluralismo (término que con el tiempo sustituiría por el de sistemismo y que va íntimamente ligada a la de emergentismo, concepto definido por la segunda hipótesis ontológica de la que Bunge habla en el segundo párrafo) en la ciencia. La existencia de niveles o sistemas y que de uno puede surgir otro (como del sistema físico emerge el sistema químico y de este emerge el biológico) pone en jaque tanto a doctrinas pseudofilosóficas como el holismo epistemológico, como pseudocientíficas, tales como el reduccionismo genético tan de moda en nuestros tiempos, dado que los sistemas emergentes no son reductibles a los sistemas de los cuales emergen. Sin más que aclarar, leamos lo que Bunge nos decía sobre estas hipótesis ontológicas:

Es una hipótesis ontológica contenida en (y apoyada por) la ciencia moderna la de que la realidad, tal como la conocemos hoy, no es un sólido bloque homogéneo, sino que se divide en varios niveles o sectores, caracterizado cada uno de ellos por un conjunto de propiedades y leyes propias. Los principales niveles reconocidos hasta el momento* parecen ser el físico, el biológico, el psicológico y el sociocultural. Cada uno de ellos puede a su vez dividirse en subniveles. Por ejemplo, los subniveles principales del nivel físico son el físico propiamente dicho y el químico; y los principales subniveles del nivel sociocultural son el económico, el sociocultural propiamente dicho y el cultural. Pueden introducirse subdivisiones más finas, y ninguna de ellas es tajante y rígida.
Otro presupuesto, relacionado con el anterior, es que los niveles superiores arraigan en los inferiores, histórica y contemporáneamente; o sea, que los niveles superiores no son autónomos, sino que dependen en cuanto a su existencia de la subsistencia de niveles inferiores, y han surgido en el tiempo a partir de los inferiores en cierto número de procesos evolutivos. Este arraigo de lo superior en lo inferior es la base objetiva de la explicación parcial de lo superior por lo inferior o a la inversa.
Las dos hipótesis ontológicas básicas que acabamos de señalar están insertas en la visión contemporánea de las cosas, hasta el punto de que subyacen a la clasificación corriente de las ciencias y dominan más o menos nuestro sistema de educación superior. Así, por ejemplo, el psicólogo científico se ve obligado a aprender cada vez más biología y hasta química y física, porque cada vez se ve más claro que los hechos psíquicos arraigan en esos niveles inferiores; pero el psicólogo se ve también cada vez más obligado a comunicar con la sociología, porque estamos dándonos cuenta de que existe una reacción del nivel sociocultural sobre los niveles inmediatamente inferiores a él: así reconocemos la influencia de la religión en las costumbres de alimentación y la reacción de estas últimas costumbres sobre la producción de alimentos. Sólo los físicos tienen derecho a ignorar los niveles superiores -y a veces los ignoran hasta el punto de hablar de una influencia mental directa de los fenómenos físicos, saltándose así los niveles intermedios.
Además subyace la citada hipótesis de los niveles a varios importantes principios de la metodología científica, los de parsimonia de niveles, trascendencia de niveles, nivel-origen y contigüidad de niveles. (Según algunos filósofos los niveles son un asunto puramente metodológico, sin alcance ontológico. Pero ésta es otra hipótesis ontológica, la cual, además, separa la metodología del resto y es por tanto incapaz de explicar por qué un método es eficaz o fracasa). El principio de la parsimonia de niveles es como sigue: "Empezar por estudiar los hechos en su propio nivel; no introducir más niveles más que si resulta imprescindible". Por ejemplo, no hay que introducir la psicología y la psiquiatría en el estudio de la política internacional, puesto que se puede andar un gran trecho sin su compañía. El principio de la trascendencia de niveles: "Si un nivel es insuficiente para dar cumplida cuenta de un conjunto de hechos, hay que ahondar bajo su superficie y por encima de ella en busca de los niveles cognitivos". Por ejemplo, para explicar los enlaces químicos no hay que detenerse ante las leyes particulares de las reacciones químicas o su correspondiente termodinámica, sino que hay que mirar también por debajo del nivel molecular, al nivel atómico, en busca de los mecanismos relevantes. Principio del nivel-origen: "Intentar explicar lo superior por lo inferior, y no invertir el proceso sino en última instancia". Por ejemplo, hay que intentar resolver el problema de la resolución de problemas por los animales utilizando los conceptos de ensayo y error y de aprendizaje; no se introducirán la comprensión y la inteligencia más que si ese primer planteamiento es insuficiente y si la complejidad del sistema nervioso del animal estudiado hace posibles la comprensión y la inteligencia. Este principio puede llamarse también principio de reductivismo metodológico, que no debe confundirse con el reductivismo ontológico ni con la negación de los niveles. Principio de contigüidad de los niveles: "No saltarse niveles, esto es, no ignorar los niveles intermedios cuando se establecen relaciones entre niveles". Por ejemplo, no hay que considerar adecuada una explicación de un esquema de comportamiento social sobre la base de términos físicos, porque los estímulos físicos no pueden alcanzar el nivel social más que a través de organismos dotados de ciertas capacidades psíquicas. El salto de niveles puede ser, sin embargo, inevitable cuando se dispone de poco conocimiento; y puede ser incluso interesante cuando los procesos intermedios no tienen interés en la investigación en curso. Pero éstas son consideraciones pragmáticas que no tienen valor cuando el objetivo perseguido es una fiel reproducción de la realidad.
*Bunge, en el mismo párrafo, habla de la química como un subnivel de la física. Sin embargo, este sería un error que el epistemólogo corregiría en sus obras siguientes al reconocer la existencia del nivel o sistema químico o quimiosistema como un sistema independiente del sistema físico. El sistema químico se encontraría emergiendo del sistema físico y dando origen emergente a la vez al sistema biológico, etc. Para profundizar más en el asunto del sistemismo y el emergentismo véase Emergencia y Convergencia, de Mario Bunge, Gedisa, 2004.