"Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen" Bertrand Russell.

martes, 15 de abril de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia III: Leyes, no magia

Continuando con la explicación que Mario Bunge ofrece sobre los supuestos filosóficos contenidos en la ciencia, según los muestra en su obra La Investigación Científica, ahora, nos metemos con el segundo principio ontológico de la ciencia: el determinismo ontológico, o la idea de que nada ocurre "porque sí" en la naturaleza, sino que todo fenómeno tiene una causa y la cual se encuentra determinada por patrones o leyes naturales.

En este punto, Bunge nos dice que el determinismo ontológico de la ciencia nos impide pensar en fenómenos que surjan de la nada, o mejor dicho, que la nada no produce nada. Bunge también hace un breve paréntesis en el tema para hacer un interesante ejercicio de reflexión sobre filosofía de la física cuántica. Ahora, pues, veamos de qué trata el determinismo ontológico:

La doctrina filosófica del determinismo tiene dos aspectos, uno ontológico y otro epistemológico, que se confunden frecuentemente. El determinismo ontológico sostiene la determinación de las cosas y de los acontecimientos; el determinismo epistemológico afirma la posibilidad de determinar conceptualmente (conocer) los hechos y sus esquemas enteramente. En sentido estrecho, el determinismo ontológico equivale al determinismo mecanicista o laplaceano, como componente de la visión newtoniana del mundo y según el cual el cosmos es un conjunto de partículas en interacción que se mueven de acuerdo con un puñado de leyes mecánicas. La versión amplia del determinismo supone sólo (i) la hipótesis de que todos los acontecimientos son según leyes (principio de legalidad) y (ii) la hipótesis de que nada nace de la nada ni se sume en ella (principio de negación de la magia). Este determinismo laxo no restringe los tipos de leyes admisibles: admite leyes estocásticas y reconoce la objetividad del azar. Lo único que niega es la existencia de acontecimientos que carezcan de ley o no sean producidos por otros acontecimientos anteriores.
Hasta la tercera década de nuestro siglo persistieron varios matices de determinismo estrecho, ninguno de los cuales reconocía la objetividad del azar. Sus sostenedores no se daban cuenta de que incluso admitiendo que cada una de las entidades de un conjunto se comporte de un modo perfectamente determinado (no casual), resultará alguna cantidad de juego o azar por la relativa independencia mutua de esas entidades (pues no existe la rigidez completa). Finalmente, el determinismo ontológico estrecho quedó derrotado por la teoría de los quanta, la cual reconoce la objetividad del azar no sólo como rasgo de sistemas complejos, sino incluso al nivel de las partículas "elementales", las cuales obedecen a leyes estocásticas. El que esa casualidad sea un conocimiento definitivo o pueda ser algún día analizada como resultado de complejos procesos internos o interacciones con campos de niveles inferiores es cosa que aún no puede decidirse. Es, además, importante darse cuenta de que tanto la teoría de los quanta como su filosofía están aún en gestación, por lo que no deben inferir de ellas consecuencias detalladas presentámdolas como si fueran conocimientos definitivos acerca del comportamiento de los microsistemas. Pero el tipo de azar y los niveles exactos en los cuales se presenta es de importancia secundaria si se compara con el reconocimiento de que el azar es un modo de devenir y precisamente un modo que obedece a leyes. También es importante para nosotros en este momento darnos cuenta de que la teoría de los quanta se acoge a los principios de legalidad y recusación de la magia: esa teoría formula leyes que recubren la mayoría de los esquemas conocidos al nivel atómico, y entre esas leyes hay algunas de conservación, esto es, que niegan la creación ex-nihilo y la aniquilación sin resto de sistemas materiales (partículas o campos), por muchas que sean las partículas que se "aniquilan" (esto es, que se transforman en fotones) y viceversa. En resolución, la teoría de los quanta respeta el determinismo general igual que cualquier otra teoría científica. ¿Y cómo podría ser de otro modo si esa teoría pretende esforzarse por alcanzar el objetivo de la ciencia, que es la reconstrucción conceptual de los esquemas (leyes) del ser y el cambio? Imaginar acontecimientos que obedecieran a leyes, pero fueran indeterminados (como, por ejemplo, la creación de átomos a partir de la nada) sería reconocer que ninguna ley es realmente necesaria, puesto que todo es posible, incluso la magia: de hecho, si un átomo puede surgir sin condición antecedente determinada, entonces ¿por qué no va a poder hacer lo mismo una molécula? Y si lo puede una molécula, ¿por qué no un cromosoma? Y si lo puede un cromosoma, ¿por qué no una célula? Y si lo puede una célula, ¿por qué no un dinosaurio? Dicho brevemente: el determinismo general está implantado en la ciencia qua ciencia, en la medida en que la investigación científica es la búsqueda y la aplicación de leyes, las cuales, a su vez, ponen límites a las posibilidades lógicas, como puede ser el nacimiento de algo a partir de nada o la desaparición de algo en nada.

domingo, 6 de abril de 2014

La vulgar estafa de la teología

"Si los logros de los científicos fueran eliminados mañana, no habría más médicos, solo médicos brujos, ni transportes más rápidos que los caballos, ni computadoras, ni libros impresos, ni agricultura más avanzada que la de subsistencia.
Si todos los logros de los teólogos fueran eliminados mañana, ¿notaría alguien la diferencia?
Incluso los malos logros de los científicos, las bombas y los barcos balleneros guiados por sonar, funcionan. Los logros de los teólogos no hacen nada, no afectan a nada, ni significan nada"

Richard Dawkins.



Adelantándome a la lectura del nuevo número de la colección ¡Vaya Timo! de Laetoli, dejemos la vaguedad del concepto de mamerto para meternos con una "disciplina académica" entera: la teología ha sido una disciplina respetada y resguardada por universidades y conventos durante siglos; se han creado institutos, gastado toneladas de tinta y cientos de intelectualoides que se ponen a "reflexionar" (ejem, ejem especular, ejem, ejem) sobre qué desea que sepamos o no un dios específico, recibiendo financiamiento ya sea por el sector público o privado. Soy de los que piensan que esto tiene que acabar.

Ya bien lo decía Jorge Luis Borges: "Creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género..." pero más allá, la teología no tiene nada a su favor. Tal vez usted piense que estoy siendo muy extremista, o que las mismas críticas hechas de hombres de paja hacia la filosofía ahora las utilizo para la teología, pero la verdad no es lo mismo; permítame explicar por qué. No creo estar llegando a un extremismo irracional, por el hecho que cualquiera puede pensar y cuestionarse: ¿para qué sirve crear un edificio de especulaciones (y luego hacerlos pasar por conocimientos) sobre un punto del que, para empezar, no se ha demostrado siquiera que existe? Y más allá de eso ¿tiene sentido "estudiar" algo que  no puede ser conocido (no es ningún secreto que los dioses y las entidades espirituales no pueden ser estudiadas de forma directa)? No veo extremismo alguno cuando respondo con un rotundo no a estas cuestiones.


Hasta aquí hemos hablado de la utilidad de la teología en términos epistemológicos y culturales (o sea, qué tiene que aportar esta disciplina al conocimiento o a la sociedad en general). ¿Podría ser que tiene algún otro tipo de aporte? Desde un punto de vista histórico, podemos responder que sí. La teología, como disciplina, nace en la Europa medieval, reconociéndola como "la ciencia que estudia la revelación divina" (aclarando: el concepto de ciencia se refiere a la definición clásica o aristotélica, no a la definición actual de ciencia). Entendiendo esto, parece obvia su importancia a la hora de formar un cuerpo formalizado de supuestos conocimientos y reflexiones que justificaban una serie de creencias para legitimar a la iglesia, y de paso, lo que ésta afirmaba.

Fue a partir del debate teológico que se determinó que las creencias en la absolución, la transubstanciación, el purgatorio, el pecado original, el culto a la virgen María y la santa Trinidad, iban a ser parte de la doctrina católica como dogmas de fe, o sea, verdades incuestionables. Además de estas supersticiones, también se dio pie "argumental" a ideas nocivas como el machismo, la idea de una autoridad incuestionable (pues toda autoridad es puesta por Dios, así que ¿quiénes somos nosotros al cuestionar sus planes? A Hitler le gusta esta idea), el combate al paganismo y la herejía, el patriarcado, el derecho natural... En fin, vemos que la teología sí tuvo aporte político e ideológico, ahora resta preguntarnos si este realmente fue bueno. Creo que comprenderán por qué pienso que no, ¿verdad?

"La teología es algo así como un conjunto de cuentos fantásticos, que pueden ser muy bellos e interesantes pero no son reales. Proceden de la imaginación de quienes los narran, no de una investigación rigurosa de la realidad. Las enseñanzas de la teología son inventos (muy ingeniosos, por lo demás) que no se refieren a algo real. La teología está mucho más cerca de la literatura fantástica o la ciencia ficción que de la filosofía o la ciencia", escribe Gabriel Andrade, doctor en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia, Venezuela, y autor (entre otras obras) de La teología ¡Vaya Timo!, el siguiente número de la colección de Laetoli. 

La teología no se basa en la observación ni el conocimiento científico, tampoco analiza de forma crítica sus postulados. Parte de dogmas ya establecidos que no cuestiona, y sobre los cuales construye un edificio elegante pero carente de contenido real. Si ha servido para algo es para justificar creencias irracionales y para ponerles a éstas el saco de respeto por ser un trabajo "académico." Tal vez en la Edad Media esto era permisible debido a la censura de pensamiento, el desarrollo pobre del conocimiento científico y el estudio acrítico de la filosofía clásica permitido solo aquellos que estudiaban en conventos, pero hoy por hoy, la teología no tiene (o no debería tener) lugar ni respeto académico, sencillamente porque no lo merece. La teología, igual que otro montón de tonterías milenarias, es una disciplina hada de los dientes, no una disciplina real. Y es justamente por esas razones el que sea vergonzoso saber de la existencia de tantos institutos de prestigio brindando licenciaturas, maestrías y doctorados en teología.

Por si aun no queda claro el asunto, Andrade nos recuerda que "más allá de esa creencia genérica en la existencia de Dios, la teología es meramente especulativa y, como tal, no merece respeto académico. La teología estudia los ángeles, los demonios, la gracia, el Espíritu Santo, la resurrección, el alma, el apocalipsis. Nada de esto merece un lugar en la universidad, como tampoco merece un espacio académico el estudio del yeti, el chupacabras, las energías espirituales o las auras. Es hora de decir que la teología consta de supercherías que están al mismo nivel que otros timos. La universidad es un espacio para la discusión racional, y en ella no encaja la discusión de doctrinas aceptadas sobre la base de la autoridad y la fe".

Véase más: Theology, entrada de la RationalWiki; The Emptiness of Theology, artículo de Richard Dawkins; La teología ¡Vaya Timo! de Gabriel Andrade, Laetoli, 2014.

miércoles, 2 de abril de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia II: la realidad tiene una estructura de varios niveles

Continuando con la explicación de las hipótesis filosóficas dentro de la investigación científica, Mario Bunge nos habla del pluralismo (término que con el tiempo sustituiría por el de sistemismo y que va íntimamente ligada a la de emergentismo, concepto definido por la segunda hipótesis ontológica de la que Bunge habla en el segundo párrafo) en la ciencia. La existencia de niveles o sistemas y que de uno puede surgir otro (como del sistema físico emerge el sistema químico y de este emerge el biológico) pone en jaque tanto a doctrinas pseudofilosóficas como el holismo epistemológico, como pseudocientíficas, tales como el reduccionismo genético tan de moda en nuestros tiempos, dado que los sistemas emergentes no son reductibles a los sistemas de los cuales emergen. Sin más que aclarar, leamos lo que Bunge nos decía sobre estas hipótesis ontológicas:

Es una hipótesis ontológica contenida en (y apoyada por) la ciencia moderna la de que la realidad, tal como la conocemos hoy, no es un sólido bloque homogéneo, sino que se divide en varios niveles o sectores, caracterizado cada uno de ellos por un conjunto de propiedades y leyes propias. Los principales niveles reconocidos hasta el momento* parecen ser el físico, el biológico, el psicológico y el sociocultural. Cada uno de ellos puede a su vez dividirse en subniveles. Por ejemplo, los subniveles principales del nivel físico son el físico propiamente dicho y el químico; y los principales subniveles del nivel sociocultural son el económico, el sociocultural propiamente dicho y el cultural. Pueden introducirse subdivisiones más finas, y ninguna de ellas es tajante y rígida.
Otro presupuesto, relacionado con el anterior, es que los niveles superiores arraigan en los inferiores, histórica y contemporáneamente; o sea, que los niveles superiores no son autónomos, sino que dependen en cuanto a su existencia de la subsistencia de niveles inferiores, y han surgido en el tiempo a partir de los inferiores en cierto número de procesos evolutivos. Este arraigo de lo superior en lo inferior es la base objetiva de la explicación parcial de lo superior por lo inferior o a la inversa.
Las dos hipótesis ontológicas básicas que acabamos de señalar están insertas en la visión contemporánea de las cosas, hasta el punto de que subyacen a la clasificación corriente de las ciencias y dominan más o menos nuestro sistema de educación superior. Así, por ejemplo, el psicólogo científico se ve obligado a aprender cada vez más biología y hasta química y física, porque cada vez se ve más claro que los hechos psíquicos arraigan en esos niveles inferiores; pero el psicólogo se ve también cada vez más obligado a comunicar con la sociología, porque estamos dándonos cuenta de que existe una reacción del nivel sociocultural sobre los niveles inmediatamente inferiores a él: así reconocemos la influencia de la religión en las costumbres de alimentación y la reacción de estas últimas costumbres sobre la producción de alimentos. Sólo los físicos tienen derecho a ignorar los niveles superiores -y a veces los ignoran hasta el punto de hablar de una influencia mental directa de los fenómenos físicos, saltándose así los niveles intermedios.
Además subyace la citada hipótesis de los niveles a varios importantes principios de la metodología científica, los de parsimonia de niveles, trascendencia de niveles, nivel-origen y contigüidad de niveles. (Según algunos filósofos los niveles son un asunto puramente metodológico, sin alcance ontológico. Pero ésta es otra hipótesis ontológica, la cual, además, separa la metodología del resto y es por tanto incapaz de explicar por qué un método es eficaz o fracasa). El principio de la parsimonia de niveles es como sigue: "Empezar por estudiar los hechos en su propio nivel; no introducir más niveles más que si resulta imprescindible". Por ejemplo, no hay que introducir la psicología y la psiquiatría en el estudio de la política internacional, puesto que se puede andar un gran trecho sin su compañía. El principio de la trascendencia de niveles: "Si un nivel es insuficiente para dar cumplida cuenta de un conjunto de hechos, hay que ahondar bajo su superficie y por encima de ella en busca de los niveles cognitivos". Por ejemplo, para explicar los enlaces químicos no hay que detenerse ante las leyes particulares de las reacciones químicas o su correspondiente termodinámica, sino que hay que mirar también por debajo del nivel molecular, al nivel atómico, en busca de los mecanismos relevantes. Principio del nivel-origen: "Intentar explicar lo superior por lo inferior, y no invertir el proceso sino en última instancia". Por ejemplo, hay que intentar resolver el problema de la resolución de problemas por los animales utilizando los conceptos de ensayo y error y de aprendizaje; no se introducirán la comprensión y la inteligencia más que si ese primer planteamiento es insuficiente y si la complejidad del sistema nervioso del animal estudiado hace posibles la comprensión y la inteligencia. Este principio puede llamarse también principio de reductivismo metodológico, que no debe confundirse con el reductivismo ontológico ni con la negación de los niveles. Principio de contigüidad de los niveles: "No saltarse niveles, esto es, no ignorar los niveles intermedios cuando se establecen relaciones entre niveles". Por ejemplo, no hay que considerar adecuada una explicación de un esquema de comportamiento social sobre la base de términos físicos, porque los estímulos físicos no pueden alcanzar el nivel social más que a través de organismos dotados de ciertas capacidades psíquicas. El salto de niveles puede ser, sin embargo, inevitable cuando se dispone de poco conocimiento; y puede ser incluso interesante cuando los procesos intermedios no tienen interés en la investigación en curso. Pero éstas son consideraciones pragmáticas que no tienen valor cuando el objetivo perseguido es una fiel reproducción de la realidad.
*Bunge, en el mismo párrafo, habla de la química como un subnivel de la física. Sin embargo, este sería un error que el epistemólogo corregiría en sus obras siguientes al reconocer la existencia del nivel o sistema químico o quimiosistema como un sistema independiente del sistema físico. El sistema químico se encontraría emergiendo del sistema físico y dando origen emergente a la vez al sistema biológico, etc. Para profundizar más en el asunto del sistemismo y el emergentismo véase Emergencia y Convergencia, de Mario Bunge, Gedisa, 2004.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Hipótesis filosóficas en la ciencia I: la realidad del mundo externo

Hace unos días, y luego de un buen tiempo, me regresaron mi libro de La Investigación Científica, obra magna del epistemólogo argentino Mario Bunge. Aunque con gusto y sin problemas puedo prestar mis libros aquellos que considero de confianza, lo cierto es que ya lo extrañaba leer los problemas y cuestionamientos que Bunge plantea en este libro, cuyo prólogo asegura que este viene a ser "el primer tratado sistemático de epistemología" (o filosofía de la ciencia, pues).

Dándole un repaso al índice para recordar su contenido, me topé un con un tema bastante interesante en el capítulo 5 de la parte II: Hipótesis filosóficas en la ciencia. El tema habla de los problemas y supuestos de tipo filosófico que la actividad científica contiene. En este, Bunge explica, de forma rigurosa, que la ciencia maneja varios supuestos de contenido filosófico (o hipótesis filosóficas), las cuales son la base para hacer una correcta investigación científica. Estas hipótesis son el realismo, el sistemismo (o el hecho de que la realidad tiene una estructura de varios niveles), el determinismo ontológico, el determinismo epistemológico y el formalismo (o autonomía de la lógica y las matemáticas).

Así pues, para evitar malas interpretaciones de mi parte, les comparto la hipótesis filosófica 1: el realismo o la aceptación de la realidad del mundo externo, no sin antes también reproducir la breve introducción de Bunge sobre las hipótesis filosóficas* (el remarcado en negritas de algunas oraciones es mío):

El conocimiento científico no contiene supuestos filosóficos. De esto se infiere frecuentemente que la investigación científica no tiene ni presupuestos filosóficos ni alcance filosófico, y que, por tanto, la ciencia y la filosofía serían compartimentos impermeables. Pero esa es una conclusión precipitada. Tal vez no se encuentre la filosofía en los edificios científicos terminados (aunque incluso esto es discutible), pero en todo caso es sin duda parte del andamiaje utilizado en su construcción. Y, a la inversa, la filosofía puede y debe construirse con el método de la ciencia y sobre la base de los logros y fracasos de la investigación científica. No podemos argüir aquí ese último punto: lo que nos va a ocupar aquí es sustanciar la tesis de que la investigación científica presupone y controla ciertas importantes hipótesis filosóficas. Entre ellas destacan las siguientes: la realidad del mundo externo, la estructura de muchos niveles que tiene la realidad, el determinismo en un sentido amplio, la cognoscibilidad del mundo y la autonomía de la lógica y de la matemática.
   1. Realismo: La Realidad del Mundo Externo. Algunos filósofos sostienen que la ciencia factual no presupone, emplea ni confirma la hipótesis filosóficas de que existen objetos reales, o sea, de que hay algo que existe independientemente del sujeto conocedor. Pero eso es un error. En primer lugar, la mera noción de verdad factual, o adecuación de una proposición a un hecho, contiene la noción de hecho objetivo; sólo la verdad formal, por ser una propiedad sintáctica, es independiente de los hechos, y por eso puede ser completa y, consiguientemente, definitiva. En segundo lugar, cuando se construye una hipótesis factual para cubrir un conjunto de hechos, se presupone que los hechos son reales (actuales o posibles); no se pierde tiempo en la ciencia en dar razón de hechos inexistentes. En tercer lugar, ya las contrastaciones en búsqueda de la verdad factual de una hipótesis presuponen que hay algo fuera del mundo interno del sujeto y que concordará en alguna medida con la proposición en cuestión o discrepará de ella. Si ese algo dependiera enteramente del sujeto, no hablaríamos de contrastaciones objetivas ni de verdad objetiva. en cuarto lugar, todo procedimiento empírico de la ciencia empieza por establecer una línea de separación entre el sujeto investigador y su objeto: si no se trata esa línea y cualquier otro operador puede tener acceso al mismo objeto, el procedimiento no debe ser aceptable para los científicos. En quinto lugar, la ciencia natural, a diferencia de concepciones pre-científicas como el animismo y el antropomorfismo, no da cuenta de la naturaleza usando los términos apropiados para atributos típicamente humanos, como haría si la naturaleza dependiera de algún modo del sujeto. Así, por ejemplo, no damos razón del comportamiento de un objeto basándonos en nuestras expectativas ni en otras variables subjetivas, sino que, por el contrario, basamos nuestras expectativas racionales en las propiedades objetivamente averiguables del objeto tal como nos es conocido. En sexto lugar, no habría necesidad de experimentar ni de teorizar acerca del mundo si éste no existiera por sí mismo; una teoría factual refiere a algo que no es el sujeto (aunque puede ser una persona considerada como objeto) y la contrastación empírica de la teoría supone manipulación y hasta a veces la modificación (mediante el experimento) del correlato de la teoría. En séptimo lugar, la ciencia factual contiene reglas de interpretación que presuponen la existencia real de los correlatos. Así, por ejemplo, la regla semántica "'Z' designa el número atómico de un elemento" no se inventa por gusto ni para correlatar determinadas percepciones, sino que se supone que establece una relación entre el signo 'Z' y una propiedad física objetiva (aunque no-observable), a saber, el número de electrones que hay en un átomo. En octavo lugar, no sería necesaria ninguna corrección sucesiva de las teorías factuales si fueran meras construcciones convencionales que no intentaran reflejar la realidad de un modo simbólico. Si creyéramos menos en la existencia de los átomos que en nuestras teorías atómicas, no estaríamos dispuestos a corregir estas últimas en cuanto que presentan sus defectos, sino que abandonaríamos la hipótesis de la existencia de los átomos. En noveno lugar, los axiomas de una teoría factual son enunciados afirmativos más que negativos, no sólo porque las proposiciones negativas son más bien indeterminadas y, por lo tanto, poco fecundas, sino también porque una proposición afirmativa sugiere la búsqueda de alguna entidad o propiedad existentes, puesto que sólo la existencia de ese correlato puede hacer verdadera aquella proposición; en cambio, las proposiciones negativas son verdaderas si no existe nada que las false. En décimo lugar, los enunciados legaliformes presuponen la existencia objetiva de los objetos a cuyas propiedades se refieren; pues en otro caso su verdad sería vacía.  En resolución: la ciencia factual no prueba la existencia del mundo externo, sino que presupone sin duda ninguna esa hipótesis filosófica. Los que quieran refutar esa hipótesis tendrán pues que prescindir de la ciencia.
  Así pues, podemos mirar la tesis que, con el tiempo, sería la base (y continúa siéndolo) del trabajo epistemológico de Bunge.

Bunge siempre resalta la idea principal y la razón por la que la filosofía sencillamente no morirá jamás mientras aún exista la humanidad: toda actividad racional del ser humano (y por racional no entienda que tenga sentido con el mundo real. Basta con que sea un conjunto de ideas y afirmaciones coherentes entre sí, no necesariamente haciendo alusión algo real. O sea, bajo el concepto de actividad racional humana entran también la ideología política, la religión, el activismo, las doctrinas esotéricas y la pseudociencia) tiene presupuestos y problemáticas de contenido filosófico.

*Para evitar entrar en problemas que más adelante iremos tratando, omití los párrafos que se encuentran con asterisco dentro del libro. En su nota introductoria Como Debe Usarse Este Libro, Bunge nos explica que los párrafos que están entre asterisco pueden ser omitidos en una primera lectura.

sábado, 22 de marzo de 2014

Biodiversidad humana... quiso decir racismo, ¿no?

El siguiente escrito es un fragmento de mi artículo top 10 "Mis tonterías favoritas de las humanidades II", del que decidí presentar algunos de los puntos de ese top por separado para así tener un espacio para cada uno de esos temas. Si usted quiere ver todo el top, entre al anterior enlace y no se quede con las ganas.


Pareciera que hoy en día los conceptos que suenan muy técnicos y eruditos están de moda entre los defensores de la pseudociencia. Así es como tenemos conceptos como complejidad irreductible, energía orgónica, diseño inteligente, principio antrópico, medidores de fenómeno de voz electrónica, creacionismo científico, memoria del agua, praxeología, teoría del antiguo astronauta, ley de la atracción, memética, programación neurolingüística... y también, uno que se ha puesto de moda entre antropólogos, políticos de derecha y filósofos sociales: biodiversidad humana.

Aunque por fortuna, los racistas, digo, los "estudiosos" de la biodiversidad humana son pocos, lo cierto es que esta idea vestida con las faldas científicas no solo es una pseudociencia pura y dura, sino que además es una amenaza para la integridad e igualdad ciudadana. Para empezar, hay que dejar en claro que NO existe diferencia entre la definición de biodiversidad humana y la de racismo [pseudo]científico. Biodiversidad humana es un eufemismo de racismo, así sin más.

Este eufemismo hace alusión a la idea de que existen una serie de hechos evolutivos demostrables gracias, principalmente, a la medición del IQ en las razas. La genética (según se nos dice) demuestra que hay una clara diferencia entre la inteligencia de cada raza. Esto demuestra, entonces, que las razas existen y que hay una clara diferencia unas de otras. Aunque esto suena a ideas propias de la época colonial o del Tercer Reich, lo cierto es que existen defensores que cada vez ganan más adeptos y se suelen citar entres estas figuras autores como J. Philippe Rushton, Peter Frost, Richard Lynn, Nicholas Wade, entre otros. El término es poco conocido en el mundo hispanoparlante, aunque tiene sus defensores notables tales como el filósofo y autor del blog popular La Revolución Naturalista, Eduardo Zugasti.

Zugasti representa un excelente ejemplo de lo que se conoce como "ilustrados oscuros" o neoreaccionario (calificativo que él mismo se adjudica, para que no piensen que hago difamación) que trata de simplificar de tal forma las supuestas razones por las que la mayoría "negamos" la biodiversidad humana: fraudes, errores factuales y hombres de paja. La verdad es que el asunto no es así de simple, y no se reduce solo a la apelación moral (algo que Zugasti identifica con la falacia moralista), sino que la defensa de la existencia de razas es ya de entrada un error y por tanto, el supuesto estudio "científico" de éstas resulta en ser solo pseudociencia. Profundicemos un poco más en el asunto.

La principal bandera que los racistas, digo (perdonen, es costumbre), los defensores de la biodiversidad humana utilizan para sostener sus afirmaciones, es que existe una correlación "clara" entre el coeficiente intelectual (IQ) y la raza en específico. Se nos dice que si se acepta que los estudios de IQ son ciencia (y según ellos, eso es algo que no se cuestiona en la comunidad científica), entonces tenemos que aceptar "el hecho" de que hay una diferencia entre el IQ de, por ejemplo, los asiáticos, los africanos y los europeos. Rushton (un psicólogo racista hasta los huesos, pero que al parecer sus seguidores como Zugasti lo admiraron mucho como un experto en genética y "estudioso" de las razas), por ejemplo, aseguraba que existía una correlación entre el tamaño del cerebro y el pene en las razas

Rushton notó que los africanos tienen penes grandes en comparación con otras razas. Como todo un "genio", continúo estudiando este curioso tema, solo para concluir que hay una correlación inversa entre el tamaño del pene y del cerebro. Así, como decía, los orientales tienen penes pequeños en comparación con otras razas, pero su cerebro es mucho más grande haciendo la misma comparación; los negros en cambio, son la raza que tiene los penes más grandes pero los cerebros más pequeños. Eso sí, el tamaño de ambas partes del cuerpo en los caucásicos "europeos" siempre es el adecuado. Si usted encuentra coherencia o profundidad científica en este tipo de cosas, considere el nunca tener influencia social por el bien de las mentes que podría contaminar con este tipo de tonterías nocivas.

Contrario a lo que estos "estudiosos" creen, lo cierto es que no existe ni una aceptabilidad para los medidores de IQ en la comunidad científica, ni existe nada que demuestre de forma siquiera parcial que exista una relación entre el IQ y la raza. Vamos, no hay nada que para empezar demuestre la existencia de las razas, más allá de un concepto cómodo que se utiliza de forma ambigua. "La idea de 'las razas' es un producto ultrasimplista de la era del descubrimiento y el imperialismo europeo. Todo se clasificaba, todo se estudiaba, no siempre con bases científicas, y se intentó hacer lo mismo con los seres humanos", explica Mauricio-José Schwarz.

Lo cierto es que las evidencias son claras. No existe algo como raza, como si se tratara de una clasificación o distinción específica dentro de la taxonomía. Lo que es más, existen evidencias aplastantes de variabilidad en las poblaciones que los racistas tratan de ver como si se trataran de un único tipo (o subtipo) de humanos solo por su color de piel. La variabilidad poblacional es una fuerte razón para echar a la biodiversidad humana al mismo saco de pseudociencias nocivas como la frenología, la antropometría y la antropología nazi. Sin embargo, algunas veces se asegura que los "negadores" de la biodiversidad humana niegan las diferencias genéticas de poblaciones, lo cual no es más que un cínico hombre de paja, tal como explica Schwarz (hablando del blog de Zugasti):
Algunos creen que esto implica negar las diferencias genéticas entre poblaciones. O les conviene decir que otros lo creen porque así los pueden pintar como imbéciles. Lo que se llama el "hombre de paja": decir (como en el blog racista) que los enemigos del racismo "niegan la variabilidad genética poblacional" y una vez habiéndolos dejado como idiotas atribuyéndoles esa afirmación que no hacen, argumenta en favor de una posición racista arbitraria.
La conclusión al respecto, tal como señala Schwarz, es que todos somos mestizos. Es decir, no existe una raza como tal, sino que gracias a la deriva genética existe una variabilidad de poblaciones que sencillamente por el hecho de ser esto un hecho del mundo real (valga la redundancia), derrumba la idea de raza. Esto se muestra por los estudios en genética de poblaciones, los cuales han demostrado que todos, sí todos, somos "hijos de África." Idea que parece no gustar a los "ilustrados oscuros."

Véase más: IQ and race, entrada en The Skeptic's DictionaryRacial realism y Neoreactionary movement, entradas de la RationalWiki; Race, Intelligence and Limits of Science: Reflection on the Moral Absurdity of "Racial Realism", ensayo de Tim Wise; Raza, poblaciones y biodiversidad humana, artículo de Mauricio-José Schwarz.

domingo, 9 de marzo de 2014

Filosofía de la tecnología, ¿para qué?

“Hemos preparado una civilización global en la que los elementos cruciales  dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos dispuesto las cosas de modo que casi nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una garantía de desastre. Podríamos seguir así una temporada pero, antes o después, esta mezcla de combustible de ignorancia y poder nos explotará en la cara." Carl Sagan.


En el siglo XXI es básicamente indiscutible que nuestras vidas (tal como lo dice Carl Sagan en la anterior frase) se encuentran dominadas por las comodidades y ventajas que la ciencia y la tecnología han dado a la sociedad. También es indiscutible que la cantidad de personas conscientes de la responsabilidad de estas herramientas son pocas. De esas pocas personas, es indiscutible que la gran mayoría sabe que la filosofía y la tecnología no se mezclan... esperen, ¿qué?

Aunque es cierto que la gran mayoría de tecnólogos, técnicos e ingenieros consideran que conocer de filosofía les resultaría poco redituable para su profesión (en más de un caso tienen razón), también es cierto (aunque no me lo crean) que la filosofía no solo puede ayudar a comprender mejor qué es y para qué sirve la tecnología, sino que además es necesario filosofar cuando de tecnología se habla, pues no existe proceso racional que no presente un contenido filosófico. O sea, no hay disciplina que no presente problemas del conocimiento, del deber, del ser (no, no me refiero a "ser" de una forma mística, sino a cómo se define algo), de la lógica, de la metodología y de las implicaciones para la vida diaria.

Es por estas razones que en las últimas décadas, dándose cuenta de la importancia social e histórica de la tecnología, muchos filósofos (y técnicos con intereses filosóficos) voltearon a ver de qué trataba dicha manifestación humana y por qué no podemos hablar de humanidad sin tecnología, descubriendo de paso que no es posible (o mejor dicho, no es deseable) tecnología sin humanidades. Así es como surge la filosofía de la tecnología, en principio como reflexiones más o menos sustentadas sobre lo poco que los filósofos sabían sobre tecnología, y después volviéndose toda una rama de la epistemología.

Aunque el uso del conocimiento con fines prácticos y de innovación ha estado presente en toda nuestra historia, lo cierto es que el asunto de la tecnología no fue considerado por la filosofía sino hasta el siglo XIX, y bien entrados en el tema, hasta el siglo XX. (Algunos pensarán: "¿Y por qué diablos los filósofos no se quedaron tal como lo habían hecho por siglos, ignorando y dejando en paz a la tecnología?" La respuesta se puede resumir en una frase de Terencio: un filósofo puede responder que se interesa por la tecnología y sus implicaciones porque "nada de lo humano le es ajeno"). Es posible encontrar algunas palabras de pensadores que van de Platón a Hegel sobre la tecnología (de su época y su trascendencia), pero la verdad es que casi todo lo que en filosofía tradicional se ha dicho sobre ciencia y tecnología, sencillamente es erróneo, ya que no cuadra con el quehacer de estas actividades en el mundo real. Mucho de lo que se entiende por tecnología desde la tradición filosófica resulta ser un montón de ideas actualmente caducas y que, de tomarse con seriedad o aplicabilidad a nuestros tiempos, resultaría en una reflexión filosófica anti-científica y anti-tecnológica.

Fue Karl Marx quien atribuiría por primera vez un papel central a las herramientas y técnicas dentro de sus reflexiones. Tal como nos narra el profesor del Departamento de Lógica, Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universitat de Barcelona, Manuel Medina, en "Tecnología y filosofía: más allá de los prejuicios epistemológicos y humanistas":
"Al <<poner a Hegel sobre sus pies>>, Marx reinvirtió también, de algún modo, el prejuicio del humanismo filosófico acerca de la técnica, emplazándola como motor de la emancipación humana en su teoría del desarrollo histórico. Según esta teoría, el desarrollo de los medios de producción, determinado por las innovaciones técnicas, es el que configura los cambios en las estructuras socio-políticas e ideológicas."
Marx se interesó bastante en el desarrollo de la tecnología industrial de su tiempo, prediciendo incluso las "tendencias hacia la sistematización tecnológica y la automatización de la producción", como nos recuerda Medina. Pero Marx no buscaba crear una disciplina epistemológica enfocada al análisis de la tecnología (de hecho, esto no se hizo hasta bien entrado el siglo XX), sino que investigó sobre los adelantos de su época para poder dar sustento en el quehacer industrial a su crítica de la economía política imperante en el siglo XIX (ejem, ejem, el viejo capitalismo, ejem, ejem).

Pero el término "filosofía de la tecnología" no aparecería hasta 1877 de la pluma del filósofo  y geógrafo alemán Ernst Kapp, con su obra titulada: Principios de una Filosofía de la Tecnología. Aunque bien podríamos decir que Kapp fue el padre de esta disciplina, lo cierto es que también podríamos decir que fue un "no tan buen padre", pues su reflexión neohegeliana se dirigió hacia puntos "extraños", tales como el querer ver a la tecnología y su desarrollo como proyecciones de los órganos humanos, o la idea de que la técnica era la propulsora de la cultura, la moral y el desarrollo intelectual (idea que no está del todo equivocada). El tema vuelve adquirir notoriedad con Friedrich Desauer y su obra Filosofía de la Tecnología.      

Desauer, con una especulación platónica, aseguraba que el ser humano, al continuar actualizando sus herramientas y técnicas, obra como instrumento de Dios para continuar con su creación. Desauer se iba de la tecnología a la teología. Las especulaciones en el campo tradicional continúan hasta encontrarnos con José Ortega y Gasset y Martin Heidegger. Ortega y Gasset es el primero en dedicar un estudio filosófico a la tecnología  con su Meditación sobre la Técnica, obra en la que afirma que  el ser humano está determinado biológicamente (pero no culturalmente) "para el cual, lo superfluo es necesario." O sea, el ser humano es un "ser técnico"  que busca siempre nuevas posibilidades que no existen en la naturaleza. Por su parte, Heidegger presenta la típica filosofía oscurantista y anti-científica de la tecnología en "La Pregunta por la Técnica".

En todo el ensayo, Heidegger no muestra nada de contenido original, pero sí mucho esoterismo (como decir que "...la esencia de la técnica esencie en el acaecimiento propio de la verdad"). Las afirmaciones de Heidegger, oscurecidas por su típica forma de "filosofar" ya habían sido constatadas por físicos como Heisenberg en La Imagen de la Naturaleza de la Física Actual. Lo que es original en Heidegger, tal como Medina nos narra, son sus conclusiones negativas sobre la tecnología, asegurando que ésta, junto a la ciencia, representa "un extremo peligro, no solo para la esencia del hombre, sino para todo desocultar como tal." Es triste saber que tesis como estas influyeron en generaciones enteras de filósofos, en especial en las corrientes de la fenomenología y el humanismo filosófico. 

Como vemos, de Marx a Heidegger es posible encontrar reflexiones interesantes tal vez para una buena cultura filosófica, pero poco que nos ayude a comprender de forma correcta y clara a la tecnología, la relación de ésta con la filosofía y con la cultura en general. Por fortuna, la filosofía de la tecnología moderna no siguió ninguna de estas reflexiones. Luego de una serie de eventos con la temática de tecnología y filosofía durante la década de los 60's, en los años 70's se darían los últimos sucesos que permitieron la creación de una disciplina independiente (aunque muy conectada a la filosofía de la ciencia): la filosofía de la tecnología. Paul Durbin (conocido más como "el padrino de la filosofía de la tecnología norteamericana") organizó congresos de filosofía de la tecnología en 1975 y 1977 en la Universidad de Delaware, sobre los cuales se crearon los soportes institucionales de esta nueva disciplina, culminando con la creación de la Society for Philosophy and Technology en 1983.

Es a partir de entonces que podemos decir que surge la filosofía de la tecnología actual, enfocada a los problemas éticos, lógicos, semánticos, metodológicos y ontológicos de la tecnología y la ingeniería (aunque algunos hoy día, ya hacen una diferenciación entre filosofía de la tecnología y filosofía de la ingeniería). Es a partir de entonces que se hacen las preguntas interesantes y los debates apasionantes que tienen que ver con el desarrollo de la tecnología y su impacto en el mundo real. Para adentrarse en esta apasionante disciplina epistemológica, es necesario (como en toda rama de análisis filosófico y social) tener un conocimiento decente de la disciplina analizada. O sea, tener una buena cultura sobre la tecnología, su historia y desarrollo. Preguntas como ¿cuál es la naturaleza de la tecnología? resultan en espléndidos ejemplos de cómo es necesario tal bagaje de conocimientos sobre el tema, pues de otro modo, corremos el riesgo de hacer filosofía basura al estilo Heidegger: vacía y sin originalidad, que además traiga consigo una carga de oscurantismo anticientífico que hace de esta reflexión algo nocivo para el diálogo entre humanidades e ingenieros y técnicos.


En resumen:
La filosofía de la tecnología es la rama de la epistemología que sirve para el análisis lógico de los problemas de contenido filosófico en el desarrollo e influencia de la tecnología. Aunque nace como una serie de especulaciones esparcidas en algunas doctrinas filosóficas tradicionales, la filosofía de la tecnología actual es hoy por hoy uno de los principales puentes del diálogo común entre humanidades e ingenierías, técnicas y tecnologías.

viernes, 7 de febrero de 2014

La hipótesis Dios o el error de Dawkins, segundo round*


Debido a la lluvia de críticas que se dejaron venir en mi último artículo (algo que, contrario a lo que puedan pensar, me fascina) y ya que gran parte de estas, considero, se encuentran mal fundamentadas o se derivan de una mala lectura, decidí escribir esta breve nota aclaratoria sobre los principales puntos que se me criticaron: 


*Dawkins no dijo eso. Pareciera que solo porque en el título aparece el apellido del famoso biólogo evolutivo Richard Dawkins, muchos o pensaron que estaba haciendo una crítica únicamente a las palabras del conocido científico, o de verdad hay muchos que sienten una ofensa el que no se cite textualmente una afirmación que se sabe es defendida por autores como Dawkins desde hace bastante tiempo. Así, me salieron con que el artículo era poco riguroso por no citar dónde es que Dawkins expresa que Dios es una hipótesis (una crítica que asumo como válida y la acepto), junto a otros que me señalaron que otros autores como Carl Sagan ya hablan de "la hipótesis de Dios" (no estoy muy seguro qué me demuestran con eso, pero bueno, continuemos).

Antes de seguir, me gustaría dejar la cita que viene en el libro El Espejismo de Dios, capítulo dos, titulado por cierto, "La hipótesis de Dios" (el remarcado en negrita es mío):

"La Hipótesis de Dios no debe pararse o caer con su más inadorable evidencia: Yaweh, tampoco con su insípidamente opuesto rostro cristiano, “el gentil Jesús, dócil y suave”. (Para ser justo, esta débil persona, le debe más a sus seguidores victorianos que al mismo Jesús. ¿Podría algo ser más nauseante que las sentimentaloides expresiones de la Sra. C. F. Alexander de que. “Todos los niños cristianos deben ser / dóciles, y obedientes como él?) No estoy atacando las cualidades particulares de Yaweh, o de Jesús, o de Alá; ni de ningún otro dios específico como Baal, Zeus o Wotan. En vez de eso, debo definir la Hipótesis de Dios, más defensivamente:

Existe una inteligencia sobrenatural, súper-humana que deliberadamente diseñó y creó el universo y todo lo que hay en él; incluyéndonos a nosotros.
Cualquier inteligencia creativa, de suficiente complejidad para diseñar cualquier cosa, llega a existir sólo como el producto final de un extendido proceso de evolución gradual.
[...]
Para no sorpresa, debido a que está fundamentado en tradiciones locales o revelaciones privadas en vez de evidencias, la Hipótesis de Dios viene en muchas versiones. Los historiadores de la religión reconocen una progresión desde los primitivos animismos tribales, pasando por politeísmos como aquellos de los griegos, los romanos y los normandos, hasta monoteísmos como el Judaísmo y sus derivados, el Cristianismo y el Islam."

El
razonamiento que expresa Dawkins, desde luego, no es exactamente original. Otros autores, bajo las mismas premisas, aseguran que los dioses deben ser considerados como hipótesis científicas que además pueden contrastarse, verificarse y refutarse. Un ejemplo de ello es el físico Victor Stenger, autor del libro Dios: la hipótesis fallida y de este artículo titulado "The God Hypothesis" (se los pongo en caso de que al rato alguien vuelva a decirme que Stenger no dice eso).

Retomando la argumentación, la lógica para decir que los dioses son hipótesis científicas es la siguiente: si algún dios personal existe y este interviene en el universo, entonces debería existir una "huella" empírica medible, que pueda demostrar su existencia. Las variadas doctrinas religiosas aseguran que estas "huellas" existen, y estas no son otras más que los milagros. Pero los milagros que hasta ahora han sido analizados (desde los tiempos de Hume hasta las investigaciones de Joe Nickell) no demuestran la existencia de ningún dios; solo prueban la ignorancia y el fervor de las personas que creen en éstos. Otros nos dicen que los libros sagrados (la Biblia, el Corán... ¿habrá quien diga que el Popol Vuh también?) y las historias que estos contienen, son evidencia de la revelación y la intervención divina. Sin embargo, no hay pruebas que demuestren que algún libro que se presuma de origen sagrado en realidad provenga de la supuesta revelación, y en cambio, libros como la Biblia solo muestran relatos, conocimientos y mitos propios del lugar y la época en que se escribieron. Sabemos que relatos como los descritos en el Génesis, el Éxodo y del Deuteronomio, probablemente nunca ocurrieron; sabemos eso ya que estos mitos contradicen lo que sabemos en biología, geología, historia y cosmología.

Pero de aquí, autores como Stenger concluyen que dado que no hay pruebas de que ninguno de este tipo de reclamos sean reales, y que el universo "se comporta justamente como supondríamos que se comportaría si Dios no existiera", podemos asegurar que la hipótesis Dios es refutada por el conocimiento científico. Esta es la misma opinión, no solo de Richard Dawkins y Victor Stenger, sino también de Sam Harris, Jerry Coyne, PZ Myers, etc. Pero hay varias razones para pensar que este es un razonamiento erróneo. Antes de explicar por qué es un razonamiento erróneo, me gustaría seguir aclarando el punto sobre si Dawkins dijo o no que Dios es una hipótesis.

La primera impresión que me vino al leer los comentarios de este tipo, fue el de plantearm la pregunta: "¿Y? ¿Se supone que eso nos dice qué sobre el punto central de mi escrito?" Sinceramente desmotiva ver cómo algunos pueden distraerse con el nombre del título, dejando de lado el punto principal: el debate sobre si lo sobrenatural puede considerarse como hipótesis científica. El nombre del título sirve para atraer a un cierto tipo de público interesado en temas concretos. Al colocar las palabras "hipótesis", "Dios", "error" y "Richard Dawkins", ya sabía más o menos a qué tipo de personas iban a estar interesadas en estos temas: aquellos que tienen interés en la ciencia, el ateísmo... y también podría atraer algunos de sus detractores. O sea, el mencionar estos puntos se puede ver como una estrategia para "vender." El que ahora este escrito lo titulara con palabras como "impostura", "dawkiniano" y "Richard Dawkins" lo hice con el mismo propósito, así que no se vayan a ofender por lo de "impostura dawkiniana", solo lo escribí así para encender un nuevo debate.

Si Dawkins dijo o no eso, no era ni de cerca el punto principal, aunque sí pido una disculpa por no ofrecer la cita textual.

Volviendo al razonamiento que muestran Dawkins y Stenger: es erróneo y eso sí se puede probar. En primer lugar, las afirmaciones religiosas no pueden ser consideradas tampoco como evidencias de tipo científica, ya que estas no se acercan ni siquiera a lo que es un hecho científico. Todo lo contrario, las afirmaciones religiosas son, al igual que la idea de los dioses, indemostrables. Si un creacionista de la Tierra joven asegura que la Tierra tiene solo 6, 000 años de antigüedad, un geólogo que comparte el mismo pensamiento de Dawkins et.al., pensará que esta afirmación, al ser una afirmación aparentemente sobre el mundo real (sobre nuestro planeta), puede ser analizada y puesta a prueba. El geólogo concluirá gloriosamente asegurando que demostró que el creacionista se equivoca porque existen evidencias geológicas, paleontológicas y cosmológicas (como los meteoritos) que demuestran que la Tierra tiene por lo menos 4, 000 millones de años.

Lo cierto es que ni el geólogo, ni Dawkins, ni Stenger, podrían demostrar que la Tierra no tiene 6, 000 años solamente. ¿Le parece que miento? Bueno, entonces dígame, ¿qué clase de prueba podría aportar si el creacionista nos dijera que las evidencias que prueban la antigüedad de la Tierra en 4, 000 millones de años, en realidad son ilusiones puestas, ya sea por Dios o por el diablo, para confundirnos? Preste atención, se le está preguntando sobre alguna prueba verificable que demuestre que las evidencias geológicas no son ilusiones puestas por una fuerza sobrenatural. ¿Notó por qué es un problema imposible de demostrar? Si ahora le pido alguna prueba verificable que demuestre que una tetera no orbita al rededor de Marte, o si le pidiera evidencias que demuestren que no existe el Monstruo de Espagueti Volador, ¿podría aportar alguna? No.

Todas estas preguntas no son preguntas de tipo empírico que pueden ser verificables, aunque el lenguaje y la estructura en la que se enuncian nos lo hagan parecer así. Todas estas preguntas, desde las del creacionista hasta Monesvol son negativos, y por la misma lógica, no puede demostrarse un negativo. Podemos tener pruebas que nos señalan que la Tierra tiene 4, 000 millones de años, pero no podemos demostrar que estas pruebas no son una ilusión. Este truco retórico suele ser usado por los creacionistas, y gracias a militantes del ateísmo que sí creen que pueden demostrar que las afirmaciones creacionistas son falsas, es que un debate con creacionistas termina en un montón de sinsentidos irrelevantes (lo sé por experiencia).

Para evitar caer en este truco retórico es que se apela a la carga de la prueba, siendo el creacionista el que tiene la obligación de demostrar que la Tierra tiene 6, 000 años y no su contrario en demostrar que la Tierra no tiene 6, 000 años. Sin embargo, este truco retórico nos muestra la razón principal por la que las afirmaciones sobrenaturales no son hipótesis científicas: por más que uno quiera, son imposibles de demostrar o desmitificar, y por su vaguedad, siempre tendrán alguna salida de escape retórica que las hace infalsables.

*No soy promotor del diseño inteligente. Algo curioso que me llegaron a comentar, es el por qué no debemos enseñar el creacionismo del diseño inteligente (DI), y de por qué debemos combatirlo. Lo que les tengo que decir: yo sé bien por qué no se debe enseñar el DI en las escuelas y por qué no tiene lugar en espacios académicos. Porque el DI no es científico y sus afirmaciones no son hipótesis científicas.

Lo que yo trataba de ejemplificar, con algo de humor, era que basados en la idea de que lo sobrenatural puede ser tratado como hipótesis científica, entonces, el DI al tener principios exclusivamente sobrenaturales debería ser enseñado a las escuelas, ya que, después de todo, sería una hipótesis científica. Sin embargo, todos sabemos que eso no puede ser porque (y repito) lo sobrenatural no puede ser tratado como hipótesis científica.

No soy un defensor del creacionismo ni nada parecido, de modo que gracias por sus explicaciones, pero las conozco bien. Estoy de su lado, se los juro.

*El dragón del garaje
. Más de un comentario, tanto en la entrada como en redes sociales, me llegaron hacer referencia a la mítica historia que Carl Sagan nos muestra en su magnífico ensayo "Un Dragón en el Garaje." Por alguna extraña razón, parece que algunos vieron en el metafórico ejemplo del dragón de garaje de Sagan, la demostración de que los dragones de garaje son hipótesis científicas y que estas son refutadas con evidencias científicas. Es en este momento en el que "el espíritu" de Sagan se da un golpe fantasmagórico en su fantasmagórica frente.


 
Tu razonamiento hizo enojar
a Carl Sagan.
Si algo nos mostró Sagan en ese bello escrito (incluido como el capítulo 10 de El Mundo y sus Demonios), fue que existen afirmaciones que, por más ridículas que nos puedan parecer, no podemos demostrar que no ocurren. Pero el que no podamos demostrar un negativo, no significa que la creencia que negamos sea verdad. Si alguien nos dice que hay un dragón de garaje, es él quien tiene la carga de la prueba, no los que dudamos seriamente de sus facultades mentales. Lo mismo ocurre con las afirmaciones sobrenaturales. No es que podamos o debamos refutar la no existencia de algo, ni mucho menos considerar una creencia como una hipótesis científica; sino que quien afirma la existencia de algo de tipo sobrenatural, tiene la obligación de demostrarlo. Pero lo sobrenatural, por definición, no es algo que se pueda demostrarse de forma empírica, por tanto, las ideas sobrenaturales se descartan por ser irrelevantes y por no decirnos nada sobre nuestro mundo.

*Existen evidencias que demuestran que los dioses no existen. En una respuesta en facebook, me citaron un enlace titulado "Pruebas de que dios no existe." El escrito es la traducción que el autor del blog De Avanzada, David Osorio (uno de mis ciber-contactos a quien estimo), hizo de un fragmento de un artículo del ya citado Victor Stenger. El artículo original (aquí paso su enlace) se titula "Testing the God Hyphtesis." En éste, Stenger nuevamente asegura que las versiones occidentales de un dios personal, resultan ser modelos teóricos o hipotéticos que pueden ser refutados por la evidencia científica.

Lo que hace en realidad Stenger es combinar una serie de razonamientos lógicos junto con lo que sabemos en ciencia sobre el origen del universo, la Tierra, la vida y el ser humano. Efectivamente, el conocimiento científico de estos temas nos muestran una realidad cautivadora y elegante que prescinde de cualquier idea sobrenatural. Pero lo cierto es que Stenger, hablando en un sentido rigurosamente lógico, no demuestra que un dios personal definido y descrito con ciertos atributos no existe, sino que esa definición es inconsistente y por tanto contradictoria. Eso mismo podríamos demostrar de Santa Claus y de Monesvol, pero no necesariamente demostraríamos con eso que Santa Claus y Monesvol no existen. Por tanto, volvemos a lo mismo: lo sobrenatural no puede ser tomado como hipótesis científica, y no podemos demostrar un negativo.

Al final del escrito en De Avanzada, Osorio nos insinúa que el artículo es una lección para aquellos que "todavía no aceptan que las negaciones no se prueban." En mi humilde opinión, y sugiriendo con el mejor deseo a Osorio, yo en su lugar cambiaría esa frase por una que dijera "para los que todavía no aceptan que el concepto de dios no es inconsistente" o algo así. Un último punto a señalar, es que el artículo, aunque sus conclusiones fueran correctas, lo cierto es que no viene siquiera al tema que mostraba en mi escrito, ya que yo no me estoy refiriendo a si existen o no los dioses, sino simplemente que éstos no son hipótesis científicas.


Algunos me señalaron incluso que es posible estudiar a los dioses. Que bastaba con mirar por ejemplo los estudios en neurociencias, historia y sociología. Y basados en estos, ¿podríamos decir que los dioses no existen? ¿O demostramos que son hipótesis científicas? Pues tampoco. En realidad, lo que es posible, y que se está haciendo en la actualidad, es el estudio científico de la creencia religiosa. Este resulta ser un tema por demás interesante que se está desarrollando y arrojando datos en áreas como la neurología, la psicología evolucionista, la biología y la sociología de las religiones. Existen hipótesis sobre el origen de las creencias, que nos explican de forma elegante que ideas como dioses, espíritus y fuerzas místicas, tal vez tienen un origen evolutivo. Esta es justamente la hipótesis que desarrolla y en la que trabaja el psicólogo Michael Shermer. Pero no es que se estudie directamente a los dioses, sino que se estudia nuestro cerebro, nuestros genes y nuestra historia para tratar de entender por qué creemos en lo que creemos. O sea, nos estamos estudiando a nosotros mismos, no a una firma en la Luna que dice "Yavhé estuvo aquí."

*El que no podamos demostrar que dios no existe, es un asunto de método. Aunque nadie me hizo este tipo de comentario, me gustaría opinar sobre esta tesis, defendida en un artículo del genial blog La Ciencia y sus Demonios. El artículo al que me refiero es "La hipótesis de Dios", escrito por el biólogo J.M. Hernández.

En el escrito J.M. nos explica, con la claridad que lo distingue, que afirmaciones del tipo "la evolución no existe porque mi dios lo dice" son sencillamente ridículas y no sirven ni de argumento, ni de evidencia para nada, y que al final, ideas que como esas, que en apariencia son simples, traen consigo una carga anti-científica que niega toneladas de evidencias que demuestran que la evolución es uno de los hechos mejor corroborados en la historia de la humanidad.

J.M. también nos dice que dios y las afirmaciones sobrenaturales no pueden ser tratadas como hipótesis científicas, porque éstas no se pueden ni demostrar, ni refutar. Pero señala que esto sucede debido a un "problema de método." Antes que me digan que de nuevo estoy siendo poco riguroso, aquí cito la parte donde nos dice que el no poder demostrar a dios es porque:

" [...]El motivo es de puro método. Cualquier disciplina científica se basa -siendo muy reduccionista- en establecer hipótesis sobre hechos observados. Estas hipótesis tienen que poder ser comprobadas o rechazadas mediante algún tipo de experimento u observación inequívoca. Y aquí entra la lógica: no podemos establecer una hipótesis que no podamos contrastar."

Aunque la noción es acertada, no podríamos decir que es por culpa del método científico. El método científico, tal como nos dice J.M., se basa en establecer hipótesis sobre hechos observados que pueden ser comprobadas o rechazadas mediante algún experimento u observación. Este ha sido el método que mejor ha logrado generar conocimientos públicamente verificables en toda nuestra historia, y decir que no se puede demostrar que dios no existe con éste, no se puede derivar la conclusión de que es porque el método tiene una falla o porque sea culpa del método no podes establecer hipótesis que no podamos contrastar.

La razón es de más atrás: el método experimental puede ser aplicado a problemas empíricos, mientras que ideas como los dioses se plantean como problemas conceptuales no empíricos, en los que se puede demostrar invalidez, inconsistencia, arbitrariedad y contradicción, pero no la demostración de su existencia o inexistencia, dado que no estamos hablando de hechos empíricos, sino de conceptos.
Quedando todo esto aclarado, espero que el punto que buscaba mostrar haya quedado bien definido. Debo insistir que, contrario al provocativo título o la presuntuoso que pueda sonar mi escrito, lo cierto es que, en lo personal, es un placer poder responder a personas que, pienso, realmente valen la pena para debatir y compartir ideas.

*El título original con el que publiqué esta entrada decidí cambiarlo, primero, porque me dieron buenas razones para pensar que era un mal título que podía malinterpretarse; y segundo, porque sinceramente ya me cansé que solo opinen sobre el título.