"Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen" Bertrand Russell.

domingo, 24 de julio de 2022

¿Qué es el cientificismo? Lo que nos dicen tres diccionarios especializados


Las polémicas sobre el cientificismo no terminan nunca. Ya sea que se defienda alguna versión o definición en específico o se use como un peyorativo como si se tratara de una ideología, los malos entendidos, tergiversaciones y ataques pobremente sustentados abundan en cantidades exageradas, desvirtuando cualquier intento serio por caracterizar lo que sí sería una postura cientificista en toda regla. Es muy usual, también, que los diccionarios tradicionales no aporten mucha claridad para el asunto (aunque hay quienes pueden pensar lo contrario).

 Por ejemplo, el Diccionario de la Real Academia Española ofrece este par de definiciones:

"Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas."

Y:

"Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas."

La versión de la Wikipedia en español comienza su entrada sobre el mismo tema del siguiente modo:

"El cientificismo o cientifismo es la postura reduccionista que afirma la aplicabilidad universal del método y el enfoque científico, y la idea de que la ciencia empírica constituye la cosmovisión más acreditada o la parte más valiosa del conocimiento humano, con la exclusión de otros puntos de vista."

Por último, el Merriam-Webster tiene una definición parecida a la segunda del diccionario de la RAE:

"Una confianza exagerada en la eficacia de los métodos de las ciencias naturales aplicados a todas las áreas de investigación (como en la filosofía, las ciencias sociales y las humanidades)."

Si comenzáramos un debate a partir de definiciones de diccionario, podríamos estar casi seguros que estamos condenados al fracaso de la defensa de cualquier postura, sea a favor en contra del cientificismo. Para empezar, puede notarse que no hay un acuerdo o una definición básica. ¿El cientificismo es una teoría y una tendencia, o es una postura reduccionista o la confianza exagerada en la ciencia? Si es lo primero, ¿es una teoría científica en sí misma? Si es lo segundo, ¿se estaría dando excesivo valor a la ciencia por encima de qué? Si es una postura reduccionista, ¿qué nos dice eso sobre si es una postura acertada? Si es suponer la universalidad de la ciencia por otros "puntos de vista", ¿no estaríamos relativizando la cuestión (ya que el conocimiento científico, como bien sabemos, no es solo otro "punto de vista")? Si es una confianza exagerada en los métodos de las ciencias natuales, ¿cuánto es realmente "ser exagerado"? 

Los diccionarios pocas veces ayudarán a resolver estas cuestiones, y es usual que sus definiciones solo nos metan en más conflictos, al usar otros términos igual de ambiguos (por ejemplo, hasta hace no tanto, la Wikipedia en español definía el cientificismo como "la ideología de la ciencia", lo que sea que eso signifique). Pero hay otras fuentes de las que uno puede partir para iniciar un debate racional sobre este tipo de cuestiones: quizás un diccionario más especializado en este tipo de temas pueda ayudarnos. Yo elegí a tres, los cuales, si bien difieren entre sí, también pueden encontrarse puntos en común, además que comparten otra característica: todos están escritos por autores que, una y otra vez, y por diversas razones, han llegado a ser tachados de cientificistas. Y en ocasiones, tomaron la etiqueta con orgullo.

The Skeptic's Dictionary

El primero es una fuente básica para todos aquellos que denuncian activamente el peligro de las pseudociencias y promueven el pensamiento crítico. El portal The Skeptic's Dictionary, del difunto profesor de filosofía Robert Todd Carroll, ofrece esta definición:

"El cientificismo, en el sentido fuerte, es la visión autodestructiva de que solo las afirmaciones científicas tienen sentido, lo cual no es una afirmación científica y, por lo tanto, si es verdadera, no tiene sentido. Por lo tanto, el cientificismo es falso o sin sentido. Este punto de vista parece haber sido sostenido por Ludwig Wittgenstein en su Tractatus Logico-philosophicus (1922) cuando dijo cosas como "La totalidad de las proposiciones verdaderas es la totalidad de la ciencia natural..." Más tarde repudió este punto de vista.

En el sentido débil, el cientificismo es la opinión de que los métodos de las ciencias naturales deben aplicarse a cualquier tema." (Cursiva del original. Negritas agregadas por mí)."

Luego procede a citar el artículo de Michael Shermer para la revista Scientific American, "The Shamans of Scientism", como ejemplo de este sentido débil:

"El cientificismo es una cosmovisión científica que abarca explicaciones naturales para todos los fenómenos, evita las especulaciones sobrenaturales y paranormales, y adopta el empirismo y la razón como los pilares gemelos de una filosofía de vida apropiada para la Era de la Ciencia."
Para terminar, dice:
"Por otro lado, la definición de diccionario de 'cientificismo' es la actitud y el método del típico científico natural, quienquiera que sea."

Como podemos notar, Carroll diferencia al menos tres tipos de cientificismo con todo y ejemplos: el cientificismo fuerte sería aquella visión extrema a la que muchos críticos del cientificismo suelen referirse cuando utilizan esta etiqueta, y lo harían acertadamente en este caso, ya que tal visión no tiene sentido. Tal visión quedaría plasmada en la obra del primer Wittgenstein, que es un ejemplo típico de las opiniones del positivismo lógico. Si alguien en la actualidad defiende este tipo de cientificismo, lo más seguro es que lo haría de forma inconsciente o pobremente reflexionada. 

El sentido "débil", que también podríamos traducir como "moderada" o incluso "racional", se referiría a una concepción del mundo que no negaría ni restaría valor a campos no científicos, como la lógica o la filosofía, pero que seguro molestaría a quienes creen en entidades inmateriales, como espíritus y dioses.

La última, aunque parece referirse a la primer definición del Merriam-Webster, no es menos relevante: hay que tomar en cuenta que los científicos consideran que, por lo menos en el campo en el que ellos investigan, no hay mejor forma de hacerlo que adoptando las herramientas de la investigación científica (por eso es que decidieron ser científicos para empezar). Los astrónomos no usarán prestados los métodos o principios de la astrología, sino los de la astronomía; los médicos no harán diagnósticos ni tratamientos basados en la religión o la brujería, sino en su experiencia médica y en estudios de laboratorio; los biólogos no considerarán a los seres vivos como relojes o máquinas acabadas y perfectas que muestran un diseño deliberadamente inteligente, sino que establecerán relaciones filogenéticas de parentezco, además que estudiarán las adaptaciones que los organismos han tenido en su entorno. Obviamente existen científicos que sí adoptan métodos y principios no-científicos (o incluso pseudocientíficos), pero aquí estamos hablando en términos normativos, por principio o "en teoría", de lo que usualmente hacen los científicos al hacer investigación. 

Breve diccionario filosófico

Nuestra segunda fuente es un clásico en español, el Breve diccionario filosófico (1991), del filósofo español Miguel Ángel Quintanilla, especialmente reconocido como uno de los más importantes filósofos de la tecnología. 

Para Quintanilla, el cientificismo se define como:

"Adjetivo que se aplica a concepciones del conocimiento, la racionalidad o incluso la sociedad y la política en las que la ciencia adquiere un valor predominante. Se suele utilizar con carácter peyorativo, bien sea porque se asocia con una concepción positivista de la ciencia, o bien porque se emplea desde una perspectiva filosófica irracionalista que valora negativamente el conocimiento científico."

Notamos aquí que el cienticismo, entonces, no sería una teoría ni una tendencia ni tampoco una postura reduccionista, sino un nombre que se le da a distintas concepciones que se relacionan con el valor que la ciencia puede tener.

Quintanilla, a diferencia de Carroll, no establece cuántos tipos o definiciones de cientificismo podemos encontrar, sino que se limita a hablar de las más usuales, esto es, las definiciones peyorativas. Un primer peyorativo sería acertado, al identificar la concepción positivista de la ciencia, mientras que la otra englobaría un enorme conjunto de lo que popularmente llamamos "enemigos de la ciencia". 

Diccionario de filosofía

Por último, el Diccionario de Filosofía (2002) del epistemólogo Mario Bunge, ofrece una definición favorable pero exacta de cientificismo, siendo Bunge un defensor de ésta en toda su obra filosófica:

"La concepción según la cual la investigación científica es el mejor modo de asegurarse un conocimiento factual preciso. El cientificismo es un componente tanto del positivismo lógico como del realismo científico. El cientificismo ha estado detrás de todos los intentos por transformar una parte de las humanidades en una rama de la ciencia: recuérdense, por ejemplo, lor orígenes de la antropología contemporánea, la psicología, la lingüística y las ciencias sociales. F. Hayek y otros emplearon el término de modo peyorativo para designar la imitación de las ciencias naturales en los estudios sociales. Este autor y otros miembros del campo "humanístico" (de tertulias de café) de los estudios sociales consideraron el cientificismo como su principal enemigo, más que a la anticiencia o la seudociencia." (Negritas del original).

Bunge pareciera describir primero lo que Carroll llama "cientificismo débil", para después proceder a hablar de aquella usada como peyorativo por parte de los enemigos de la ciencia, especialmente aquellos que, como Friederich Hayek, se opusieron a una concepción científica de las ciencias sociales. Este autor parece obviar un cientificismo estilo primer Wittgenstein, al igual que Quintanilla, probablemente porque hoy día no tenemos referentes de relevancia que sostengan ese tipo de cientificismo. Esto a su vez puede decirnos que aquellas presuntas refutaciones al cientificismo extremo tienen poco valor para abordar el tema de fondo: si la investigación científica resulta ser un mejor modo de producir o asegurar conocimiento factual, entonces, sería deseable que otros campos lo adopten o se sirvan de éste para ser más precisos y rigurosos.

Históricamente hablando, esto es precisamente lo que se ha hecho con campos como la salud,  la historia, la mente, la vida, el cosmos... y la naturaleza humana. Temas que antes se abordaban, por ejemplo, a partir de la tradición, la superstición o la religión, fueron esclarecidos luego de adoptarse un enfoque científico, inaugurando campos enteros como la medicina basada en la ciencia, la psicología, la biología o la astrofísica. A pesar del éxito al adoptar una visión científica del mundo, debemos tener en cuenta que, incluso los autores que simpatizan con el cientificismo (algunos, como Bunge, que sentían orgullo de denominarse cientificistas), establecen un límite al alcance de esta concepción: hablan de conocimiento factual. Esto significa que, para aquellas disciplinas que no buscan generar conocimientos factuales o no es su prioridad, seguirían teniendo un importante valor o, por lo menos, el cientificismo no les restaría el que poseen. No se puede decir lo mismo para aquellos campos que sí aseguran producir o servirse de conocimiento factual, como las pseudociencias y las ideologías (buena parte de las religiones incluidas aquí).

Sin embargo, eso ya es profundizar en el debate, algo que excedería la presentación de la definición de cientificismo, según estas fuentes que, dicho sea de paso, tal vez no sean las primeras en las que algún académico de sillón piense; y aunque sean breves, puede verse que tienen más contenido que muchas enciclopedias gordas que solo guardan polvo en las bibliotecas de estos hipotéticos personajes.

martes, 4 de noviembre de 2014

Nos vamos a un lugar mejor (un aviso tardío)

No, no hablo de suicidarme para irme al más allá. Este proyecto empezó como un espacio exclusivo para temas de filosofía (principalmente filosofía de la ciencia), para así utilizar mi principal blog, El escéptico de Jalisco, como un espacio dedicado únicamente a la denuncia de la irracionalidad y la promoción del pensamiento crítico.

Sin embargo, en los últimos meses me ha sido bastante difícil poder sentarme tranquilamente (por cuestiones de falta de tiempo por escuela y trabajo) y publicar de forma periódica aquí y en otros espacios. Hace poco más de un par de meses, el doctor Roberto Augusto me invitó a participar en su proyecto más reciente: Filosofía en la Red, un blog en el que escriben algunos autores admirables tales como el mismo doctor en filosofía Roberto Augusto y el doctor en ciencias sociales Gabriel Andrade; el director ejecutivo de ARP-SAPC, Ismael Pérez Fernández; el economista José Luis Ferreira; el biólogo y filósofo de la ciencia Manuel Corroza; así como "facebookfriends" como el creador del blog De Avanzada, David Osorio (para ver la información de todos los autores que colaboramos en Filosofía en la Red entre aquí).

Filosofía en la Red es un proyecto ambicioso que busca convertirse en el principal blog de filosofía actual en el mundo de habla hispana, visión que no es para nada descabellada, dado que la mayoría de los sitios de filosofía en español se dedican casi exclusivamente a postear citas de Platón o a discutir las tonterías de Heidegger y similares.

Sin hacer más divagaciones y anuncios comerciales, "declaro oficialmente" el cierre de este sitio para dedicarme únicamente a mi blog El escéptico de Jalisco y a mis colaboraciones en Filosofía en la Red (aunque la verdad, también estoy preparando una colaboración para el sitio en español de la Fundación Richard Dawkins para la Razón y la Ciencia, así como un artículo sobre el cientificismo para la revista Protrepsis, artículo que será el primero de mi autoría que se publicaría en una revista con peer review).

Este sitio permanecerá abierto (por lo menos hasta que Blogger lo permita) para su consulta, aunque me ocuparé de pasar todos los artículos aquí escritos a Filosofía en la Red (ya corregidos y ampliados), además que no es 100% seguro que esto sea para siempre. Donde hubo fuego, cenizas quedan, y de las cenizas de La pipa de Russell puede surgir nuevamente como el ave fénix.  De momento, no me queda otra cosa más que decir excepto un ¡GRACIAS! a todos aquellos a los que me siguieron, comentaron y criticaron (racionalmente).

Seguiremos en contacto en El escéptico de Jalisco (en el que me estoy esforzando por sacar mi nuevo artículo sobre por qué no creerle a la Iglesia Católica) y en Filosofía en la Red (en donde, además de traspasar varios de mis artículos ya existentes, tengo planeado platicar después sobre el tema de la pseudociencia agujero negro, la comparativa de aportes a la humanidad entre los dos Foucault conocidos: el físico del siglo XIX León Foucault y el charlatán académico Michel Foucault; también hablaré después sobre el "escándalo Sokal de la teología", una broma académica de Maarten Boudry que puso en evidencia la estafa de esta disciplina pseudohumanísta, entre otras sorpresas).

Atte: Daniel Galarza Santiago.

jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Weinberg contra la filosofía?


Contrario a los tiempos en que los físicos eran personas versadas no solo en la física, sino en otras áreas como la filosofía, hoy en día es relativamente sencillo encontrarse con declaraciones de algunas de las mentes más importantes de la ciencia actual, desprestigiando la filosofía por razones ingenuas (por decir lo menos). Parece que los tiempos en que físicos de la calidad de Ernst Mach, Albert Einstein, Niels Bohr, Max Born, Erwin Schrödinger o Werner Heisenberg, que además de mostrar una invaluable labor para la ciencia, se encontraban profundamente comprometidos con los problemas filosóficos de su disciplina, quedaron atrás.

Así tenemos a Stephen Hawking quien en conferencias y en su último libro divulgativo El gran diseño (junto a Leonard Mlodinow) asegura que "la filosofía ha muerto." También tenemos al regañado Lawrence Krauss, quien después de recibir elogios (muchas veces exagerados, como el de Dawkins) por su libro Un universo desde la nada, llegó a comparar la utilidad de la filosofía de la ciencia con la teología y la religión, asegurando que la primera no aporta nada en la actualidad (tal como las dos últimas). Krauss se "disculpó" luego de variadas críticas por Daniel Dennett y otros. En tiempos más recientes, el nuevo rostro de la legendaria serie Cosmos, Neil DeGrasse Tyson aseguró básicamente que los filósofos solo se la pasan dando vueltas con problemas viejos o sinsentidos, y que además, distraerse con la filosofía puede frenar el progreso en la investigación científica. El complejo antifilosofía* de estas personalidades parece ser cada vez más común, incluso entre divulgadores populares más regionales, tales como el periodista Mauricio-José Schwarz, quien ha llegado asegurar que la filosofía debería salir de las universidades públicas. ¿Por qué? Porque no produce conocimiento sobre el mundo tal como lo hace la ciencia (parece que no se ha enterado que para eso tenemos la ciencia, mientras que la filosofía ni siquiera busca competir en un área en que la ciencia ha hecho un excelente trabajo, sino todo lo contrario).

Este tipo de ataques irracionales hechos por algunas de las principales personalidades defensoras de la razón merecen mayor atención, ya que al ser consideradas figuras que piensan y opinan con conocimiento y argumentos, causan daño al exhibir una visión falsa sobre una disciplina como la filosofía. Sin embargo, este no viene a ser nuestro tema principal, ya que por el momento nos concentraremos en otro físico. Un premio Nobel que también ha sido tachado de acomplejado antifilosofía pero que, en mi humilde opinión, esta es una falsa acusación. Me refiero a Steven Weinberg.

En su libro de 1993, El sueño de la teoría final: la búsqueda las leyes fundamentales de la naturaleza, Weinberg dedica algunos ensayos a defender el pensamiento científico contra las formas de pensamiento mágico, tal como la idea de Dios. Sin embargo, también dedica un capítulo que, desde su título, ya parece suficiente como para prender las alarmas: "Contra la filosofía." La preocupación desaparece una vez se lee con atención la primer nota de pie, que nos dice que cuando presentó su ensayo a unos amigos filósofos, éstos le aconsejaron a Weinberg que cambiara el título. Y es que, tal como sus amigos lo notan, el ensayo de Weinberg no va realmente "contra" la filosofía, sino contra las posturas filosóficas que resultan nocivas a la ciencia: el positivismo lógico y el relativismo cultural (dos extremos opuestos igual de nocivos). El físico nos aclara que el título suena llamativo, además que un título como "Contra el positivismo lógico y el relativismo" no sonaría tan bien para un libro de divulgación.

Weinberg lanza una rigurosa crítica a estas dos posturas conocidas en epistemología con ejemplos históricos que muestran cómo una mala filosofía que no va de acuerdo a la investigación científica puede retrasar o entorpecer realmente el progreso científico. Aunque es una lectura altamente recomendable, Weinberg, que no es filósofo y no pretende serlo, comete algunos errores en su apreciación de la filosofía de la ciencia. (También es importante recalcar que este premio Nobel de física presenta una lectura atenta en filosofía de la ciencia, así que no es ningún tonto ni tampoco desconoce del tema, algo opuesto a lo que se aprecia en algunos de sus colegas).

Al inicio del capítulo, Weinberg nos explica cómo personalmente la filosofía de la ciencia nunca le ha servido para su trabajo como físico, y de cómo le parece que los trabajos en ésta área resultan ser intrascendentes. Ciertamente, los filósofos no se especializan en filosofía de la ciencia con la esperanza de encontrar trabajo en un laboratorio o en un instituto científico para ir con los físicos teóricos y decirles cómo deberían hacer un experimento o cómo formular una teoría. Desde luego, existen físicos (y demás científicos) que se encuentran ocupados en problemas filosóficos sobre la ciencia, y filósofos con amplios conocimientos científicos que se preocupan en los fundamentos y problemas que presentan las últimas teorías científicas. No parece haber gran diferencia entre el científico de intereses filosóficos y el filósofo de perspectiva científica, salvo tal vez el título que tienen colgado en la pared de su despacho personal. Podríamos decir que cualquier científico interesado en los fundamentos y problemas generales de su ocupación es, hasta cierto punto, un filósofo de la ciencia (algunos más amateurs que otros).

Aún aquellos que cumplen con el complejo antifilosofía, sin saberlo, llegan aportar valiosas reflexiones sobre los principios fundamentales de la ciencia. Uno de los mejores ejemplos recientes es el de Stephen Hawking en su obra El Gran Diseño (misma en la que declara la muerte de la filosofía en su primer hoja). Hawking se ocupa en sus primeros capítulos de abordar algunas de las preguntas filosóficas básicas tales como ¿qué es lo que existe?¿podemos llegar a saber algo del mundo real? ¿cómo podemos conocer lo que existe? ¿en qué nos podemos basar para asegurar que algo existe más allá de nuestra propia mente? Aunque no dudo que más de uno dirá con esto un "¡Ahá! eso demuestra que los científicos no necesitan saber de filosofía", lo cierto es que sería erróneo pensar que Hawking responde a estas preguntas con ciencia. Hawking filosofa, llegando a concluir que para que la ciencia funcione, es necesario presuponer el realismo dependiente del modelo, es decir:

"La idea de que una teoría física o una imagen del mundo es un modelo (generalmente de naturaleza matemática) y un conjunto de reglas que relacionan los elementos del modelo con las observaciones”.

La ciencia clásica descansa bajo el supuesto de que existe un mundo real más allá de nuestras mentes (o sea, una hipótesis filosófica), cuyas propiedades son definidas e independientes del observador que las percibe. En esta visión en la que los objetos tienen propiedades físicas, las teorías científicas son intentos de describir dichos objetos y sus propiedades, y las medidas y percepciones deben corresponderse con ellos.

Tanto el observador como el observado son partes de un mundo que tiene una existencia objetiva, y cualquier distinción entre ambos no tiene importancia significativa. Sin embargo, aunque aceptar una postura realista es tentador, no se debe caer en ingenuidades. El realismo dependiente del modelo zanja las polémicas clásicas entre realismos ingenuos y antirrealismos. Para el realismo dependiente del modelo, carece de sentido preguntarse si un modelo teórico es real o no; sólo tiene sentido preguntar si dicho modelo concuerda o no con las observaciones. Si hay dos modelos que concuerdan con las observaciones (como nuestra percepción), no se puede decir que uno sea más real que el otro. Podemos usar el modelo que nos resulte más conveniente en la situación que estamos considerando.

Otra implicación importante es el estar conscientes de que no solo se hacen modelos en ciencia, sino también en la vida cotidiana de cada uno de nosotros. De este modo, el realismo dependiente del modelo no solo se aplica a las teorías científicas, sino también a los modelos mentales conscientes o subconscientes que todos creamos para interpretar y comprender el mundo.

Un modelo teórico será satisfactorio si a) es elegante, b) contiene pocos elementos arbitrarios o ajustables, c) concuerda con las observaciones existentes y proporciona una explicación de ellas, y d) realiza predicciones detalladas sobre observaciones futuras que permitirán refutar o falsar el modelo si no son confirmadas.

Otro problema que el realismo dependiente del modelo resuelve, o mejor dicho, evita, es el debate sobre qué significa la existencia. Por ejemplo ¿cómo estar seguros que una mesa no deja de existir luego que dejamos de percibirla? Ante esto, podemos responder simplemente que el modelo en que la mesa sigue existiendo da una explicación mucho más simple y concuerda con la observación. Es todo lo que se pide para el realismo dependiente del modelo.

Sería interesante poder realizar análisis lógico de la argumentación de Hawking sobre el realismo dependiente del modelo (por ejemplo, contrastando sus tesis con las de la filosofía exacta). Pero profundizar sobre estos temas es hacer filosofía, no ciencia (aunque sí podríamos afirmar que se trata de una filosofía científica, por mucho más enriquecedora que la de muchos supuestos defensores de la filosofía).

Lo que Hawking, Weinberg, y los demás físicos hacen a la hora de preguntarse sobre los principios de la ciencia, se le llama filosofía, y no porque tenga que ver con especulaciones inútiles, carentes de sentido o que frenan el progreso científico, sino porque se trata de planteamientos generales que tienen como objeto la disciplina científica y no el objeto de estudio en el que se enfoca ésta última. 

En resumen, aunque el ensayo de Weinberg es una joya de la crítica a la mala filosofía, se equivoca al pensar que la filosofía no afecta su quehacer científico. Sin filosofía, o mejor dicho, sin fundamentos e hipótesis filosóficas, no podría hacer ciencia para empezar, algo que autores antifilosofía como Hawking son buenos para demostrar.

*El complejo antifilosofía es una parodia de hipótesis inventada por el biólogo y filósofo de la ciencia Massimo Pigliucci. Ya que físicos como Lawrence Krauss son tan buenos creando hipótesis de psicología popular fantasiosas sobre la filosofía (como en la que afirma que siempre que los científicos "invaden" algún campo que los celosos filósofos han secuestrado para sí mismos, siempre los primeros obtienen resentimiento de parte de los segundos), Pigliucci decidió entrar al juego e inventarse una hipótesis de psicología popular que "explica"  por qué algunos científicos desprecian la filosofía: el complejo antifilosofía, una forma del freudiano complejo de Edipo. Después de todo, la filosofía es la madre de la ciencia así que no será difícil elaborar una especulación sobre las represiones sexuales que ocurren ahí para que algunos como Krauss terminen hablando tonterías sobre la filosofía.

lunes, 25 de agosto de 2014

Evolución vs filosofía*


*El siguiente es un fragmento (corregido y aumentado) de un top que escribí hace tiempo en El escéptico de Jalisco, y al que titulé "Mis tonterías favoritas de las humanidades."

Una de las mayores figuras de la filosofía de la ciencia moderna es sin duda alguna Karl Popper, filósofo y lógico de origen austriaco, a quien se le debe la propuesta del racionalismo crítico como propuesta epistemológica que explica la naturaleza de la investigación y el conocimiento científico. Popper fue reconocido por sus argumentos en defensa de la ciencia y la denuncia de pseudociencias, tales como el historicismo, el psicoanálisis y el socialismo [pseudo]científico.

Popper aseguraba que la característica principal de toda teoría científica es que ésta resulta ser falsable. Es decir, toda teoría científica, para considerarse como tal, debe poder ser refutada por medio de contra-ejemplos o contra-argumentos y de este modo ser corregida, aumentada o reemplazada por una mejor teoría igualmente falsable.

Todo enunciado que se haga pasar por científico que no sea falsable, de acuerdo a esta corriente, no es científico, sino pseudocientífico. Esto es en parte, y de forma ridículamente resumida, la tesis principal del racionalismo crítico. La Lógica de la Investigación Científica (1934), el primer libro publicado de Popper donde expuso su propuesta, casi de inmediato comenzó a ganar adeptos entre los académicos (tanto filósofos como científicos), siendo el racionalismo crítico una alternativa que prometía mucho mas que el positivismo lógico, que ya en esas épocas estaba agonizando. Para finales de los años 40 y principios de los 50 del siglo pasado, el racionalismo crítico ya era el paradigma principal de la filosofía de la ciencia anglosajona.

Popper buscó analizar mediante su propuesta todo enunciado científico, tratando esclarecer y demostrando cuáles eran auténticos enunciados científicos y cuales solo eran o metafísica o pseudociencia. Así, en uno de sus análisis, Popper habla sobre la síntesis neodarwiniana (usualmente refiriéndose a ésta simplemente como teoría de la selección natural). Popper, además de ser hombre de filosofía era un hombre de ciencia, y por lo tanto uno esperaría argumentos en pro de la evolución como teoría científica teniendo sus encontronazos con los antidarwinistas de su época. En vez de eso, Popper afirma lo siguiente:

"No parece haber mucha diferencia -si es que la hay- entre decir 'los que sobreviven son los más aptos' y la tautología 'los que sobreviven son los que sobreviven'. Esto es así porque me temo que no hay más criterio de aptitud que la supervivencia efectiva, de manera que del hecho de que haya sobrevivido un organismo concluimos que era el más apto o el más adaptado a las condiciones vitales."

O sea, que la teoría de la evolución expuesta en la síntesis neodarwiniana no vendría a ser otra cosa más que metafísica y no una auténtica teoría científica. Eso sí, es metafísica muy útil pues ayuda a mantener el interés en los fenómenos de variación y adaptación, según Popper. Tan increíble como puede parecer, según Popper la teoría de la evolución, al ser una tautología, resulta ser infalsable y por tanto concluye, no es una teoría científica. Este punto de vista fue expuesto en su libro Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista (1972) y probablemente se trate de la mayor metida de pata por parte de este filósofo. Sobra decir que los creacionistas se aprovecharon de estas afirmaciones utilizándolas como argumentos en contra de la enseñanza de la evolución en las clases de ciencias. Después de todo, la evolución, de estar Popper en lo correcto, no sería ciencia. También sobra decir que no falta el creacionista del diseño inteligente que en tiempos actuales utiliza estas afirmaciones (junto a otras como la de los fósiles de transición, la complejidad irreductible y la supuesta imposibilidad evolutiva a causa de la segunda ley de la termodinámica) como puntos fuertes para sostener que el planteamiento de la biología evolutiva está tan justificado como la del creacionismo.

Algo que los creacionistas suelen ignorar (ya sea por ser auténticos ignorantes o por conveniencia) es que en 1977 en una conferencia pronunciada en el Darwin College de Cambridge, titulada "Natural Selection and the Emergence of Mind", Popper corrigió su opinión, pidiendo lo que se podría considerar una disculpa pública por su metida de pata.

La teoría de la evolución solo puede mirarse como tautológica si y solo si se le reduce a un solo enunciado tan simplista en el que pierde todo sentido: "los más aptos son aquellos que sobreviven." La tautología es evidente: "los que sobreviven son los más aptos y los más aptos son los que sobreviven." Si esto fuera lo que ocurre con la teoría de la evolución sin duda alguna tendríamos que admitir que ésta no es una teoría científica. Sin embargo, este no es el caso en el mundo real.

En primer lugar, hay que notar que Popper busca referirse únicamente a la teoría de la selección natural, la cual no es la única teoría evolucionista presente en la biología evolutiva (si bien, es cierto que se trata de la teoría paradigmática por excelencia), por lo que acusar de metafísica a la evolución solo por decir que la selección natural es metafísica no tendría sentido. El segundo punto es que la selección natural no es metafísica, es un mecanismo corroborado por la evidencia, y que, por cierto, es una teoría falsable. Bastaría con encontrar algún organismo u órgano el cuál fuera imposible de evolucionar; es decir, encontrar un caso válido de complejidad irreductible tiraría abajo la teoría de la evolución, tal como ya lo afirmaba el propio Darwin. Es eso o podríamos encontrar el fósil de un burro en el período Cámbrico, lo que ocurra primero.

Popper fue acertado un punto respecto a la selección natural: ésta no puede explicar todos los fenómenos evolutivos conocidos. De hecho es algo que los biólogos reconocen. Frente a esto, se han postulado otras teorías que no contradicen en sí a la selección natural, que van desde la teoría de simbiogénesis hasta el equilibrio puntuado.

Por último, el enunciado que usó Popper para resumir la teoría de la evolución no se adecua a las teorías darwinianas. El enunciado que diría así: "Los organismos mejor dotados se reproducen más que los peor dotados, sustituyéndolos en la población", sería sin duda una tautología imposible de negar. Pero este enunciado no es el más adecuado para sintetizar la síntesis moderna (vaya juego de palabras, ¿verdad?). Un enunciado correcto sería: "En una población surgen al azar características hereditarias que pueden hacer que los organismos que las posean presenten una mayor probabilidad de reproducirse y transmitirlas a la siguiente generación, por lo que estas características acabarán por extenderse en la población". A diferencia del ejemplo tautológico de Popper, este enunciado presenta tres hipótesis contrastables como premisas, tal como explica el biólogo JM Hernández en  La Ciencia y sus Demonios:
  1. En una población aparecen caracteres de novo al azar.
  2. Algunos de estos caracteres son heredados por la descendencia de forma no diluida.
  3. Al menos algunas de estas características hereditarias producen una mayor ventaja reproductiva.                                                                                                               
  • Tautología: Los portadores de estas características se reproducen más que los que no las poseen.
  • Consecuencia: Estas características acaban por extenderse al conjunto de la población.

La biología evolutiva además nos dice que la selección natural puede hacer diverger tanto dos poblaciones separadas que llegan a convertirse en dos especies diferentes. Con esto dicho, JM nos explica que podríamos agregar una cuarta hipótesis:      
                                                                           
     4. La acumulación de características nuevas fijadas en la población lleva con el tiempo a una      divergencia tal que se produce una especiación.

Las premisas son contrastables, y de hecho están actualmente comprobadas, por lo que aquí, hasta el popperiano más conservador tendría que admitir se está analizando claramente un enunciado científico, no metafísico. Un punto importante a destacar es que los enunciados de las teorías evolutivas no concluyen aquí para ser entendidas, pero me detendré con este tema, ya que, considero, queda claro que afirmar desde una perspectiva epostemológica que la teoría de la evolución es una idea metafísica, queda expuesta solo como una metida de pata algo vergonzosa en el mejor de los casos. Aun cuando la selección natural se demostrase como una teoría falsa (en algún universo paralelo), no podría asegurarse que ésta no fuese una teoría científica.

Véase más: "La selección natural en Popper y Peirce", ensayo de Josep Corcó; "Redibujando a Darwin II: ¿la selección natural es una tautología?", artículo de J. M. Hernández en La Ciencia y sus Demonios; "Natural Selection and the Emergence of Mind" conferencia de Karl Popper en 1977.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Por qué la antropología filosófica está lista para su jubilación?

Tratando de hacer un humilde ejercicio de curiosidad, imitando el estilo de la Edge Foundation, decidí preguntar a un montón de amigos, compañeros, maestros y autores de las humanidades sobre cuál idea filosófica piensan que está lista para la jubilación. Pero para mi mala suerte, no todos contestaron y de los pocos que contestaron, sus respuestas resultaron demasiado breves como para hacer un artículo. Mi intento por hacer una pregunta Edge de filosofía fracasó. Agradezco a los que dedicaron parte de su tiempo a responderme, la verdad me dieron varios puntos para pensar y, después, profundizar. Usted puede responder a la pregunta en los comentarios: ¿Qué idea filosófica está lista para su jubilación?

Por el momento les dejo mi respuesta ante la pregunta. Yo respondo que la antropología filosófica:

La filosofía ha sido revitalizada en las últimas décadas a raíz del avance de la ciencia y los problemas filosóficos que trajo consigo. Hoy en día se da respuesta a viejas cuestiones gracias a la luz de la ciencia y el pensamiento crítico, así como se plantean nuevas interrogantes derivadas de la investigación científica y su influencia en la sociedad. El análisis lógico de los conceptos y problemas de fondo de las actividades humanas ha hecho que la filosofía esté más viva que nunca (contrario a la opinión de algunos que la quisieran ver ya jubilada).

A pesar de todo esto, aun prevalece la alquimia epistémica y el charlatanismo en la academia. Es decir, los esfuerzos por hacer ver la especulación vacía y las reflexiones que parecen profundas pero que solo hacen gala de habilidades retóricas e ignorancia científica. Del mismo modo encontramos edificios enteros de la filosofía que tienen décadas (si no es que siglos) de no presentar nada relevante al debate de las ideas. La antropología filosófica es un ejemplo de este tipo de disciplinas, lo que hace evidente que ésta rama de la ontología esté lista para su jubilación.

Luego del nacimiento de la antropología científica (antropología física y antropología biológica) y que ésta comenzara a responder a las preguntas eternas hechas por los filósofos desde tiempos de Sócrates ya con un sustento en la evidencia y el conocimiento científico, la antropología filosófica se fue debilitando igual que el dios personal que solo ocupaba los huecos de la ignorancia que la ciencia aun no podía resolver. Hoy en día, el dios de los huecos se refugia en la ignorancia igual que la antropología filosófica, cuyas preguntas que alguna vez fascinaron a los humanistas, ahora solo se ven como curiosidades de la cultura general; forman parte de ese panteón gigante llamado historia de las ideas. Las preguntas y respuestas que los antropólogos filosóficos hacen en el mundo moderno (de Cassirer a Sloterdijk) parecen más un intento esotérico de escuelas o doctrinas que solo sus seguidores entienden, que auténticas reflexiones relevantes para entender la pregunta esencial: ¿qué es el hombre?

No nos engañemos más con debates estériles, a la antropología filosófica "le llegó la hora."

sábado, 26 de julio de 2014

¿Debería desaparecer la filosofía de las religiones?

Se ha desatado una nueva polémica originada en un sitio dedicado a denunciar las tonterías del cristianismo: Debunking Christianity, del filósofo y ex-evangélico John W. Loftus. El que también es autor de libros best seller del ateísmo militante (comparables con los éxitos de otros autores como Dawkins, Harris, Hitchens y Stenger) como The Christian Delusion, The End of Christianity y Why I Became an Atheist, posee títulos en filosofía de la religión y teología, además de tener en su pasado décadas de apología cristiana. Pues bien, Loftus ahora hace un llamado para poner fin a la filosofía de las religiones como disciplina universitaria secular.

¿Estamos hablando de un caso de "fuego amigo"? ¿Un filósofo de la religión que ha dedicado su vida a hacer, precisamente, filosofía de la religión (de calidad indiscutible, por cierto) que decide "apostatar" de su profesión? No tanto así, aunque parece dar esa impresión a primera vista. Loftus escribe sobre ponerle fin a la filosofía de la religión como una reflexión que se deriva de la publicación del libro Reiventing Philosophy of Religion, de Graham Oppy, siguiendo más o menos las mismas premisas que el historiador Héctor Avalos utilizar para pedir el final de los estudios bíblicos. Mientras Oppy narra sobre re-evaluar y revitalizar la disciplina de forma crítica y secular, Loftus nos dice que la filosofía de la religión debería dejar de enseñarse en universidades seculares ya que se ha vuelto una disciplina que de secular tiene poco.

Los filósofos discuten problemas antes de que existan evidencias (nos explica Loftus), pero una vez que se encuentran evidencias nace una nueva disciplina, una ciencia. Ejemplo de este proceso, según Loftus, son la física, la cosmología y la psicología. De modo que, para Loftus, una forma de progreso en filosofía es la especialización en un área de estudio hasta que ésta logra su autonomía volviéndose una ciencia. (Cabe aclarar que, contrario a lo que parece dar a entender Loftus, este no es el único camino de progreso en filosofía. Existe progreso en áreas filosóficas como la ética, la gnoseología, la estética, la epistemología... e incluso podríamos hablar de algunos avances en la misma filosofía de la religión).

Pero ¿qué pasaría si se diera el caso que la filosofía, en vez de producir avances dentro de un área, retrocediera a dogmatismo e irracionalidad? Para Loftus, ese caso es el de la filosofía de la religión, dominada principalmente por apologistas que la usan como su nido intelectual para tener cabida en las universidades y hacerse ver como intelectuales respetables. Hacen que la filosofía de la religión sea un sinónimo de teología, algo que en verdad es un escenario tristemente retrógrado. Si la ciencia, y gran parte de la filosofía, nos demuestran que un área así no merece ser una disciplina respetada, ¿por qué entonces debería de existir en las casas del conocimiento? Loftus concluye que una disciplina como la que actualmente es la filosofía de la religión no tiene razón de ser.

Básicamente, Loftus nos dice que la filosofía de la religión es un nido de ratas cristianas que la utilizan para dar seriedad intelectual a tonterías anti-intelectuales. Aunque el ateísmo es la postura dominante entre la comunidad filosófica en general, tal como lo demuestra esta encuesta, algunos (apologistas) apuntan que el 72% de los que se han dedicado a la filosofía de la religión son teístas. Si este es el caso, Loftus tiene razón en su apreciación de esta disciplina. Entonces, ¿declaramos el final de la filosofía de la religión como disciplina académica? No tan rápido.

Aunque así lo afirma Loftus, lo cierto es que podríamos ver esta polémica como un llamado de atención a los departamentos de filosofía que permiten que en sus aulas se haga apología y teología, en vez de filosofía propiamente dicho. Y eso parece ser lo que Loftus buscaba dar a entender, dada su respuesta a la réplica que el Dr. Jaco Gericke presentó ante su escrito:

Tenga en cuenta que no estoy pidiendo el fin de la filosofía de la religión misma. Todo el que piensa en la religión está haciendo filosofía de la religión en algún sentido.
[...]
 Los filósofos cristianos toman su parroquial concepto de Dios por sentado, desarrollado especialmente por Anselmo en el mundo occidental, y luego, con nada más que una defensa especial y un juego de manos, tratan de armonizar este parroquial concepto de Dios con la enorme cantidad de ubicuo sufrimiento en el mundo. "Espera un momento", dirá un niño, recordando al niño del cuento de Hans Christian Andersen, El Traje Nuevo del Emperador: "¡Pero si no lleva nada puesto en absoluto!" No habrá ningún punto de discusión de la belleza de los trajes del emperador si no lleva ningún traje. Del mismo modo no habrá razones para tratar con confusiones cristianas y súplicas especiales cuando no han podido mostrar evidencias de que tal Dios existe, en primer lugar. Así termina la filosofía de la religión como disciplina. Ya ha comenzado.
Como disciplina indispensable para comprender esa manifestación humana llamada religión, la filosofía de las religiones seguirá existiendo por bastante tiempo; pero la supervivencia de ésta como materia o como carrera universitaria podría pender de un hilo al encontrarse infectada con tonterías de la teología. Es preocupante el ver cómo nombres como William Lane Craig o Alvin Plantinga llegan a mostrar prestigio solo porque se muestran como filósofos de la religión. Las tonterías que exponen, teniendo aún doctorados y un curricular de 100 hojas, seguirán siendo tonterías que no merecen respeto ni espacio universitario.



viernes, 20 de junio de 2014

Epistemología: filosofía de/en/desde/con/para la ciencia

"Algunos filósofos carentes de formación científica son culpables de las filosofías de la ciencia que son anticientíficas o por lo menos acientíficas, del mismo modo que los científicos sin formación filosófica suelen ser los creyentes más fervorosos en la existencia de "la" filosofía de la ciencia, que a menudo es aquella que han aprendido en el libro de epistemología con que se han cruzado. No existe "la" filosofía de la ciencia en cuanto teoría única: apenas hay intentos, si bien cada vez más serios, por 'cientifizar' la epistemología y, en general, la filosofía." Mario Bunge.


En su célebre conferencia de 1957 (convertida después en el último capítulo del libro La ciencia, su método y su filosofía) titulada "Filosofar científicamente y encarar la ciencia filosóficamente", el epistemólogo Mario Bunge les cuenta a sus alumnos (tanto de aquel tiempo como los que ahora lo leemos) la necesidad urgente de generar epistemólogos de primer nivel en Latinoamérica, con el fin de incrementar la difusión y el estudio de los fundamentos de la ciencia, ofreciendo a la sociedad una serie de expertos que estén capacitados para analizar, debatir y proponer soluciones a los problemas filosóficos que se derivan de la actividad científica.

Bunge nos habla de revitalizar la carrera de filosofía, la cual parece que prepara más especialistas en filosofía antigua y medieval, que filósofos propiamente dicho. También se denuncia la falta de cultura científica de los especialistas en filosofía y la ignorancia filosófica de los científicos profesionales. Si esta situación sigue así (recuérdese que Bunge hablaba en el 57, pero el problema aún continúa hasta la actualidad), estamos condenados a seguir viendo esa separación abismal entre ciencia y filosofía, con especialistas de ambas áreas despreciándose unos a otros.

Una de las áreas que une la rigurosidad y el respeto por los hechos que muestra toda ciencia, y el análisis lógico de conceptos y la formalización de la filosofía exacta, es la epistemología. Pero, ¿qué es la epistemología? El concepto puede causar cierta confusión ya que más de un libro lo utiliza como sinónimo de gnoseología o teoría del conocimiento. Pero esta confusión es innecesaria y puede evitarse si se define de forma clara el área de la epistemología.

Así, es posible decir que la gnoseología es la rama de la filosofía que se ocupa del estudio de los principios del conocimiento. El conjunto de cuestiones, debates y respuestas sobre ¿qué es el conocimiento?, ¿qué podemos llegar a conocer?, ¿cómo conocemos?, ¿existen salidas para dilemas racionalismo-empirismo e individualismo-colectivismo?, etc., forman parte de la gnoseología. Esta área se ha visto enriquecida sobre todo gracias a las ciencias cognitivas, las cuales nos ofrecen respuestas a muchas de estas preguntas, generando nuevas cuestiones. Desde luego, el que la ciencia cognitiva nos ayude a resolver problemas gnoseológicos no significa que la gnoseología se quede sin campo de estudio; las ciencias cognitivas también presentan un fondo gnoseológico en el cual apoyan sus nuevas hipótesis. No podemos saber si algún día la gnoseología acabará siendo una ciencia cognitiva más, adquiriendo independencia de la filosofía; lo que sí sabemos, es que la gnoseología representa la cuna de una serie de problemas fascinantes sobre nuestra relación (como sujetos) con el universo (como objeto de estudio).

Pero la epistemología no se ocupa de problematizar sobre los problemas del conocimiento, así, de forma general. Tal vez podríamos ver a la epistemología como "gnoseología especializada", pues se enfoca en problematizar sobre un tipo de conocimiento muy especial: el conocimiento científico. La epistemología es el mejor ejemplo de un enlace de filosofía y ciencia.

La epistemología busca debatir y proponer respuestas a preguntas como ¿qué es el conocimiento científico?, ¿cuáles son los principios filosóficos presupuestos en la investigación científica?, ¿qué es el método científico?, ¿existe "el" método científico como un proceso lineal e inmutable?, ¿cuáles son las diferencias entre ciencia, semiciencia, protociencia y pseudociencia?, ¿son lo mismo ciencia y tecnología?, ¿la ciencia presupone la realidad autónoma y la legalidad del mundo?, ¿cómo se relacionan las teorías científicas con la realidad y la experiencia?, ¿la ciencia puede ir más allá de los fenómenos y la relación entre éstos?, ¿es posible describir las cosas reales con minuciosidad y una precisión perfecta?, ¿qué son las leyes y las explicaciones científicas?, ¿qué función desempeñan las matemáticas en las ciencias factuales?, ¿la filosofía puede desempeñar una función constructiva en la investigación científica?, ¿la ciencia está moralmente comprometida?, ¿existen límites al avance de la ciencia? Cuestionarse sobre los principios, fines y la naturaleza de la ciencia es el primer paso para hacer epistemología.

Mario Bunge enfatiza en esto al decirnos que la epistemología es pues, la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia. Filosofía de la ciencia hace referencia al examen filosófico de la ciencia (sus problemas, sus métodos, su estructura, etc.). Filosofía en la ciencia (o más exactamente filosofía de la ciencia en la ciencia) comprende el estudio de las implicaciones filosóficas de la ciencia, el examen de las categorías e hipótesis que intervienen en la investigación científica, o que emergen en la síntesis de sus resultados. Es pues, el estudio de las hipótesis filosóficas que en ciencia se presuponen y se utilizan como punto de partida. La filosofía desde la ciencia sugiere que se trata de una filosofía que hace hincapié en la ciencia, que ha sustituido la especulación sin freno por la investigación guiada en el método científico, teniendo un respeto profundo por los hechos empíricos y por la consistencia lógica. Filosofía con la ciencia trata de una filosofía que acompaña a la ciencia, es decir, una filosofía que está al margen de los logros de la ciencia, que no se pone a especular sinsentidos sobre el ser y el tiempo. Por último, la filosofía para la ciencia sugiere una filosofía que no solo se nutre de la ciencia, sino que aspira a serle útil, que busca servir para establecer, por ejemplo, las diferencias que existen entre la definición y el dato, o entre la verdad factual y la proposición que es verdadera o falsa independientemente de los hechos. Esta es una filosofía que no solo escarba en los fundamentos filosóficos que las ciencias admiten, sino que además busca aclarar la estructura y función de los sistemas científicos, señalando relaciones y posibilidades inexploradas.

Pero hablar de filosofía de, en desde, con y para la ciencia tal vez sea demasiado largo y poco estético. ¿Por qué no mejor utilizar un solo concepto: epistemología?, o ¿por qué no llamarlo solo filosofía de la ciencia, una disciplina que resulta ser, por su objeto de estudio, una metaciencia? Pues bien, un epistemólogo como tal, no puede ser un filósofo que pregona una filosofía contra, sobre y/o bajo la ciencia. Una filosofía contra la ciencia (tal como han existido y siguen existiendo) resultará ser una filosofía irracionalista, que desprecia el respeto por los hechos y la consistencia. Una filosofía contra la ciencia resulta ser anticientífica. Este tipo de posturas son las que alimentan doctrinas como las del fundamentalismo religioso, la tecnofobia y el activismo contra la investigación y aplicación científica. Quien filosofa contra la ciencia o aun al margen de ella, ignorándola por completo, (tal como nos dice Bunge),  imita a los escolásticos que rehusaban mirar por el anteojo astronómico de Galileo.

Si hablamos de una filosofía sobre la ciencia estamos haciendo referencia a una disciplina superior rectora de las disciplinas científicas. Aunque este ha sido el anhelo de muchos que en el pasado se han llamado a sí mismos "epistemólogos", lo cierto es que estos intentos no han sido otra cosa más que la burla de los científicos, pues siempre han mostrado grados intolerables de arrogancia combinados con ignorancia científica. Si quieres hacer que la comunidad científica se burle de la filosofía y la desprecie, tan solo di que la filosofía es superior a la ciencia y que la primera le dice cómo actuar a la segunda.

Por otro lado, la expresión filosofía bajo la ciencia sugiera una posición inversa, como si la filosofía dependiera de forma absoluta de la ciencia. Este error, aunque poco común entre los filósofos que miran sus propuestas casi siempre como superiores a los anteriores, suele ser expresado como una virtud epistemológica. Sin embargo, la filosofía de la ciencia no solo comporta el examen de los supuestos filosóficos de la investigación científica, sino que tiene derecho a una elaboración creadora de un nivel diferente del científico aunque reposa sobre éste último: el nivel metacientífico.

La comprensión precisa de la epistemología como la principal disciplina filosófica que estando al margen de la ciencia, la cuestiona, la crítica y la analiza como la manifestación humana que es, probablemente sea el primer paso para comprender la relación tan estrecha entre filosofía y ciencia. Algo importante a comprender es que no todo el que tiene título en filosofía es un epistemólogo, del mismo modo que el no tener título en filosofía no significa que no sea (o no pueda ser) epistemólogo. Existen filósofos con perspectiva científica y científicos con inquietudes filosóficas que enriquecen por igual esta disciplina fascinante. Un segundo paso para este mismo propósito sería el hablar de los logros e importancia de la epistemología que tiene (o debería tener) para con la investigación, la aplicación y la divulgación de la ciencia, pero eso ya será tema para otra entrada.

En resumen:
La epistemología puede entenderse como la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia. Una empresa de conocimiento que aún se encuentra en pañales en varias partes del mundo, pero que se hace necesaria para una comprensión completa de la actividad científica como actividad humana, y para una cultura científica que no solo se concentra en los logros de la ciencia, sino que también presta atención sobre los principios que sirvieron de base para las investigaciones que dieron como resultado dichos logros.